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Celebrado en L.A., el primer Super Bowl no fue tan grandioso

Celebrado en Los Ángeles, el primer Super Bowl no fue tan grandioso

Hace 49 años, miles de espectadores se dieron cita en Coliseo Memorial de Los Ángeles para presenciar el inaugural Juego de Campeonato Mundial AFL-NFL. Meses antes, el partido ya empezaba a ser conocido extraoficialmente por un nombre más cortó: el Super Bowl.

Los colores rojo, blanco y azul adornaban todo el estadio. El verde del césped resaltaba gracias a la capa de pintura que le habían administrado un día antes.

 Diez astronautas, varias celebridades y 700 miembros de los medios de comunicación su unieron a los aficionados para presenciar en vivo el acontecimiento.

Once cameras de televisión que iban a transmitir el juego a través de las cadenas CBS y NBC a millones de televidentes a lo largo de todo el país, estaban regadas alrededor del estadio.

Pese a que no se habían vendido todas las entradas para el partido, su trasmisión fue bloqueada 75 millas a la redonda del área de Los Ángeles por la NFL.    

 El evento había nacido seis meses antes cuando la joven American Football League (AFL) y la establecida National Football League (NFL) anunciaron su unión tras competir ferozmente durante varios años. Las dos ligas acordaron que se iban a ver las caras en un juego de campeonato al final de sus temporadas en un sitio que iba a ser determinado por un comité de tres dueños de cada organización.       

En septiembre de 1966,  el Consejo de la Ciudad de Los Ángeles se dio a la tarea de traer el juego al Coliseo y de manera unánime adoptó una resolución que le sugería a las ligas que seleccionaran el recinto como la sede de su juego. El documento de la resolución indicaba que 67,378 asientos estilo teatro habían sido recientemente añadidos al Coliseo y también catalogó a la ciudad como “la capital mundial de los deportes”.

A principios de noviembre, el comisionado de la NFL, Pete Rozelle, quien había nacido y crecido en la área angelina, señaló al Coliseo, al Orange Bowl de Miami y al Sugar Bowl de Nueva Orleans como potenciales sedes del juego. 

En su edición del 17 de noviembre, el Los Angeles Times, en una nota de cuatro párrafos, sin dar a conocer sus fuentes, reveló que el partido se jugaría aquí. Unas semanas después Rozelle formalmente anunció en Nueva York que el Coliseo iba a ser la sede.

Durante el anuncio resaltó el clima “ideal” que se disfrutaba en Los Ángeles y el aforo de 93,000 personas que ostentaba el inmueble que iba a ser la sede. Era un buen negocio para el Coliseo recibir el juego, se quedarían con todo el dinero que produjeran los puestos de comida dentro del estadio y con el 10% de la recaudación de las entradas hasta $50,000.   

Pese a que los oficiales del Coliseo y de la NFL habían pronosticado que todas las entradas para el partido se iban a agotar para producir un millón de dólares en ganancias, la liga todavía planeaba bloquear la señal televisiva del juego en el área angelina.

A días del evento, un columnista escribió, “el juego todavía no ha generado mucho interés entre la población local”.

El día del juego, miles de asientos se encontraban vacíos dentro del Coliseo. Los asientos de $6 a la entrada del estadio estaban prácticamente desiertos. El dueño de los Chiefs, Lamar Hunt, había notado que esta sección de las gradas estaba a mucha distancia del terreno de juego.

 “Esos asientos son una ganga”, dijo Hunt. “Compras un boleto ahí y te traes un televisor”.  

Alguien le recordó que la señal del partido estaba bloqueada en Los Ángeles. 

“Sí, sé que la señal está bloqueada pero esos asientos están a más de 75 millas de distancia”, dijo Hunt.

 El tan esperado choque entre la AFL y la NFL terminó siendo un deslucido encuentro en donde los Packers arrasaron a los Chiefs 35-10. Cada jugador del equipo ganador recibió un premio de $15,000; los de los Chiefs recibieron $8,000 cada uno. El trofeo de plata esterlina de forma de un ovoide le pertenecía a los Packers.

“Creo que el juego fue un tremendo espectáculo”, manifestó Rozelle al final del partido.

Todos los televidentes en el área de Los Ángeles que se mantenían despiertos durante la madrugada finalmente tenían la oportunidad de ver la transmisión tardía del Super Bowl y ver el comienzo de lo que se convertiría en una grandiosa fiesta anual.

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