No se premia el éxito de los maestros angelinos

ScienceColleges and UniversitiesImmigrationMexicoArne Duncan

Es un miércoles por la mañana y Zenaida Tan allana el camino para que sus estudiantes vayan cayendo en forma con un pequeño ejercicio en la "Matemática Monstruosa".

Así llama Tan a los problemas de matemática que incluyen cifras monstruosamente grandes. La mayoría de los niños de tercer grado aprenden a multiplicar dos dígitos por dos dígitos, pero Tan va más allá: los hace practicar multiplicaciones de 10 dígitos por dos dígitos para que vean que la forma de calcularlo no es muy distinta.

Los estudiantes analizan el problema en la pizarra aquel día de primavera con el entusiasmo de concursantes de un programa televisivo. Sacan la cuenta de 7,850,437,826 x 56 y gritan respuestas antes de que Tan llegue a formular la pregunta. Cuando la maestra les tapa la vista de la pizarra sin querer, algunos se van con sus cuadernos al otro lado del aula para ver mejor.

Momentos más tarde llega la respuesta, que claman al unísono--"Cuatrocientos treinta y nueve mil millones con seiscientos veinticuatro millones …. "

Bravo por resolverlo "con ganas", les dice Tan usando la frase tomada de la película "Stand and Deliver". El largometraje, que es uno de sus favoritos, trata de la vida del finado Jaime Escalante, el legendario maestro de matemática de la secundaria Garfield del Este de Los Ángeles.

Hay centenares de Escalantes en el Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles (LAUSD). Son maestros que año tras año han logrado éxitos notables luchando contra viento y marea, según los resultados de un análisis del Times. Pero nadie les hace una película.

Al igual que Zenaida Tan, la mayoría se desenvuelve en el anonimato. Nadie les pregunta por el secreto de su éxito y pocos se molestan tan siquiera en decirles "Bien hecho".

Ocurre a menudo que ni siquiera sus propios colegas y directores saben quiénes son.

El Times ha dado a conocer una base de datos con los nombres de unos 6,000 maestros de tercero a quinto grado, como parte de un esfuerzo por analizar el desempeño de los maestros de Los Ángeles. Los educadores aparecen en la base de datos según la eficacia con que hayan conseguido mejorar los puntajes de sus alumnos a lo largo de siete años de exámenes estandarizados de matemática e inglés.

El estudio de puntajes de exámenes está basado en una metodología conocida como análisis del valor agregado. La misma fue diseñada para permitir comparaciones equitativas de maestros cuyos alumnos provienen de circunstancias muy variadas. Aunque no ha dejado de ser controvertido, el método ha sido adoptado cada vez más en todo el país a fin de medir el progreso que logran alumnos que cursan estudios con distintos maestros.

El LAUSD ha contado desde hace años con los datos básicos necesarios para este tipo de estudio. Pero sus funcionarios optaron por no hacer este tipo de análisis, debido en parte a que temían la oposición sindical. Luego sucedió que el informe inicial del Times en agosto señaló grandes disparidades entre maestros de primaria, incluyendo notables diferencias dentro de las mismas escuelas. A partir de ese informe inicial, el distrito tomó medidas para emplear el análisis de valor agregado en la capacitación de los maestros y abrió un diálogo con el sindicato de maestros para explorar formas de incorporar los datos del rendimiento estudiantil en las evaluaciones de los educadores.

Los resultados del análisis del Times de ninguna manera miden en su totalidad el desempeño de un maestro. Pero sirven para aproximarse a una forma de esclarecer si el instructor ayuda o impide a los alumnos en su aprendizaje de la materia requerida por las autoridades estatales.

Además, los resultados del Times muestran que los 100 maestros más eficaces se encuentran regados por toda la urbe, de Pacoima hasta Gardena y de Woodland Hills a Bell. Varían en cuanto a su raza, edad, años de carrera y nivel de capacitación. Han trabajado con niños ricos y pobres, talentosos y no tanto.

Al visitar algunas de sus aulas, los reporteros encontraron diferencias significativas en sus estilos de enseñanza y en sus personalidades. Los buenos maestros pueden ser callados o locuaces, severos o sonrientes. Algunos se limitan al material básico, otros se apartan bastante del currículo del distrito, que muchas veces es rígido. Los que fueron entrevistados señalaron repetidas veces que la clave para mejorar el rendimiento estudiantil no es enfocarse exclusivamente en enseñar lo necesario para que los alumnos aprueben los exámenes estandarizados, como temen los críticos del análisis de valor agregado.

Lo que salta a la vista por los resultados es que estos maestros tienen un efecto inmediato y profundo en el aprendizaje de los niños. Los estudiantes avanzaron un promedio de 12 puntos de percentil en las pruebas de inglés, subiendo del percentil 58 al 70. Los avances resultaron todavía más claros en matemática, con un progreso de 17 puntos del percentil 58 al 75. Todos estos logros ocurrieron en solo un año.

El concepto de elaborar una jerarquía de maestros según su desempeño y luego darlo a conocer públicamente ha generado una controversia enorme, tanto entre los educadores como entre los expertos en instrucción pública de todo el país. El debate estriba en determinar si la metodología es sólida y si es justo publicar los nombres de los maestros calificados como menos eficaces.

Lo que a menudo se pierde en la polémica es la valoración de los beneficios de saber cuáles son los maestros individuales que logran un éxito consistente.

Arne Duncan, el secretario de educación de Estados Unidos, se refirió a este tema en un discurso dado a mediados de agosto en el que denunció lo que por mucho tiempo ha sido la tendencia de los funcionarios de la instrucción pública de hacer caso omiso de las historias de éxito.

"El hecho es que nuestro sistema de educación esconde a los maestros eficaces, en lugar de sacarlos a la luz", afirmó.

EL MISTERIO DE LA BUENA ENSEÑANZA

Los expertos han sabido hace tiempo que los alumnos que cuentan con el apoyo de maestros eficaces pueden sobreponerse a los retos que enfrentan dentro y fuera de la escuela. Pero ha quedado sin esclarecer el misterio de qué es lo que hace a un maestro efectivo, y si esas aptitudes pueden transmitirse a otros maestros.

En lo que respecta al rendimiento de los estudiantes en los exámenes estandarizados, todo indica que no son factores de peso muchos de los datos que recaban los distritos acerca de sus maestros, como su edad, años de experiencia, su nivel de educación y sus credenciales.

¿Qué es lo que importa? ¿Se trata de la química, la técnica, la dedicación, o acaso el rigor? ¿Pudieran ser mil cosas más, pequeñas y apenas visibles, dependiendo del tema de la clase y el tipo de estudiante?

No hay consenso claro para las respuestas, a pesar de la existencia de centenares de libros que ostentan saberlo. De las teorías que tratan de esclarecerlas, son pocas las que han sido sometidas a pruebas rigurosas, explicó Thomas Kane, un perito investigador en el campo de la educación que se desempeña en la universidad Harvard.

"Es muy difícil que un maestro pueda distinguir por sí solo entre un buen consejo y un embuste", señaló.

Ello se debe en gran medida a la falta de acuerdo sobre la mejor manera de identificar a los maestros eficaces. Kane y otros investigadores del ámbito de la educación se han pasado casi una década intentando esclarecer esa cuestión.

En un influyente estudio de 2008, Kane y un colega se propusieron comprobar de manera experimental la confiabilidad del análisis de valor agregado. El análisis de valor agregado mide el progreso de cada estudiante de un año a otro en exámenes estandarizados para determinar la eficacia de los maestros.

Ciertos aspectos de los resultados del análisis de valor agregado han sido motivo de preocupación para algunos investigadores, ya que puede haber una variación muy amplia en los resultados de valor agregado para un mismo maestro de un año para el otro. También preocupa la posibilidad de error y el posible sesgo resultante del modo en que se asigna a los estudiantes a las distintas clases.

En el experimento de Kane, llevado a cabo en LAUSD con permiso de sus administradores, se asignó al azar a distintas clases a 156 maestros que participaban voluntariamente en el proyecto. Utilizando el análisis de valor agregado, Kane y su colega intentaron predecir el rendimiento de los alumnos bajo la instrucción de esos maestros. Después compararon las proyecciones con los resultados reales de los alumnos.

Los investigadores concluyeron que el análisis de valor agregado puede pronosticar con bastante precisión la medida en que un maestro ayuda a los estudiantes a mejorar sus puntajes en las pruebas estandarizadas. Otro hallazgo del estudio fue que este método no está expuesto a variaciones debidas a diferencias entre los propios estudiantes.

Ahora Kane y otros investigadores llevan adelante un estudio de 3,000 maestros en seis distritos escolares para comprobar si otros tipos de evaluaciones, como la observación de clases con técnicas sofisticadas, las encuestas a maestros y la revisión de los trabajos de los estudiantes, pueden también medir con suficiente certeza la eficacia de los maestros. Los $45 millones para la investigación fueron proporcionados por la Fundación Bill y Melinda Gates.

Kane afirmó que, aunque sea imperfecto, por lo pronto "no existe una medida mejor de la eficacia de los maestros que el análisis de valor agregado".

CONSEJOS MUY DIVERSOS

La identificación de los maestros más exitosos representa sólo el primer paso. Luego hay que estudiarlos de cerca y dar con maneras de comunicar sus técnicas a otros.

De sencillo no tiene nada.

Algunos de los mejores maestros del análisis del Times explicaron en entrevistas que o bien no saben con certeza por qué son eficaces, o dudan de poder reducirlo a sus elementos esenciales para comunicarlo a otros.

Diane Hollenbach, quien se jubiló hace poco de la primaria Broadous en Pacoima, fue la maestra de primaria más eficaz de unos 6,000 cuyo desempeño analizó el Times.

"Los que aman a sus estudiantes y aman su trabajo son los que salen adelante", comentó. "Eso no se puede embotellar ni se puede enseñar".

Otros ofrecieron consejos muy diversos para sus colegas.

Jilla Sardashti, quien fue maestra el año pasado en la primaria Parmelee Avenue del barrio Florence-Firestone, dice que se dedica desde el primer día a enseñarles a los alumnos a emplear sus propios criterios para pensar las cosas.

"Estos chicos son tan listos como cualquier otro del distrito", expuso Sardashti, cuyos estudiantes son en su mayoría hispanos necesitados y muchas veces en proceso de aprender inglés. "Soy muy buena para dar con qué es lo que les hace falta, y les proporciono el conocimiento para que comprendan el mundo que les rodea".

Hollie Block, quien se jubiló en julio luego de 39 años como maestra en el distrito, terminó su carrera en la escuela Balboa Gifted Magnet de Northridge a la que asisten niños con talento superior al normal. Ella enfatizó que es esencial presentar desafíos a los alumnos, especialmente los más talentosos.

"Enseño Shakespeare a los niños", explicó. "Si la maestra tiene grandes expectativas y tiene control sobre la clase, esos niños deben de andar bien".

Según Aldo Pinto, maestro de 32 años de edad en la primaria Gridley Street de San Fernando, "El reto mayor es lograr que se convenzan de lo importante que es la escuela".

Les cuenta su historia personal como hijo de inmigrantes mexicanos para hacer que caigan en cuenta.

Al igual que la mayoría de los maestros entrevistados, Pinto señaló que sus buenos resultados, no han sido objeto de reconocimientos.

"No se señala a nadie, ni por bien ni por mal", agegó Pinto. "La cultura dentro del gremio apoya la actitud de que 'Todos somos iguales. No se puede señalar a nadie por no desempeñarse bien'. Eso redunda en que tampoco señalamos a los que son buenos".

"Cuando trabajé en un banco, me hicieron Empleado del Mes", recordó. "Por alguna razón para el LAUSD destacarse no es algo bueno".

LOGROS EXTRAORDINARIOS

La primaria Morningside es en muchos sentidos una escuela promedio del distrito. Sus alumnos, al igual que los estudiantes en la Parmelee, provienen en su mayoría de familias humildes y los niños todavía luchan por aprender inglés. Los puntajes en los exámenes de su alumnado no alcanzan las metas estatales, pero caen dentro del promedio de las escuelas del LAUSD.

Año tras año, en esta escuela tan común Tan consigue calladamente logros poco comunes.

Cuatro de los estudiantes de Tan empezaron el año escolar 2008 al 2009 por debajo del nivel promedio de rendimiento para su grado en matemática. Todos terminaron el año muy adelantados para su edad. Nueve de sus estudiantes empezaron el año rezagados en inglés. Siete de los nueve lograron alcanzar el nivel apropiado para su grado o superior al finalizar el año.

Tan tiene 62 años de edad, pero sólo aparenta tener 40 y pico. Ella comprende a lo que se enfrentan los niños inmigrantes, ya que ella también inmigró. Todavía la mortifica su fuerte acento de las Filipinas, el país natal de donde se fue cuando tenía 27 años.

En su tiempo libre, Tan compite en maratones, hecho que evidencia su esbelta figura. Completó el Maratón de Boston en la primavera pasada en cuatro horas con 20 minutos.

Sus clases también tienen ritmo vertiginoso, y suele pasar como una exhalación entre los pupitres de sus estudiantes, vestida con camisa atlética y pantalones cortos.

Tan no sigue ningún manual distrital que dictamine lo que tiene que hacer, ni dedica tiempo a inculcar en sus alumnos las claves para aprobar exámenes. Ella dice tener escasa paciencia para el currículo rígido del distrito, para lo cual a veces se hace de la vista larga. Ello le trae líos de vez en cuando con los administradores del distrito, quienes instan a los maestros a llevar el mismo ritmo.

A Tan le sobran las maneras innovadoras de hacer que entiendan los alumnos que todavía no dominan inglés, de tratar con problemas disciplinarios y de sostener el interés de los chicos."Canto mucho, juegos", indicó. "No parece una lección".

Pero nadie le pide consejos. Según dice, sus colegas en la Morningside la consideran una maestra estricta, llegando a mezquina. No tiene mucho trato con sus colegas.

"Nadie me dice que soy una maestra hábil", expuso.

Pero agrega que eso a ella no le molesta. Año tras año siente una satisfacción íntima al ver el progreso de sus estudiantes.

ÉXITO DE SEGUNDA GENERACIÓN

Los alumnos de Tan han progresado a ritmo acelerado en cada uno de los siete años comprendidos en el análisis del Times. Lo que es más, parece que Tan ha venido propiciando el éxito de sus estudiantes a lo largo de toda una generación.

Karina Reyna y su hermana gemela cursaron el primer grado con Tan hace unos 20 años. Reyna tiene todavía muy claro el recuerdo de esa experiencia.

Las niñas nacieron en México y llegaron con sus padres indocumentados a Estados Unidos. Ninguno de sus papás terminó la escuela secundaria. El padre de Reyna se dedicó a instalar alfombras en el sector de clase trabajadora en San Fernando donde vivían.

Reyna todavía no hablaba inglés al llegar a primer grado. La maestra se empeñó en que debía de hacerlo.

"No me gustaba en realidad", recordó Reyna. "Recuerdo que lloré todos los días".Tan insistió de todas formas en que Reyna aprendiera y no aceptó nada que no fuera su mejor trabajo. El inglés de Reyna mejoró. Cuando tuvo problemas con matemática, Tan se quedó después de clases para ayudarla.

"Ahora me doy cuenta de que no era por maldad sino que era estricta", expuso Reyna. "Ella me empujaba a hacer lo que yo era capaz de lograr. A lo mejor vio algo que yo no veía".

Reyna y su hermana, Daniella, mantuvieron sus lazos con Tan con el paso de los años. Tan asistió a su quinceañera y acudió más tarde a la graduación en el 2006 de Daniella de la universidad Cal State Northridge, a donde estudiaron ambas hermanas después de naturalizarse a ciudadanas estadounidenses.

"No creo que la olvide nunca", comentó Reyna, quien trabaja para una empresa de aseguranza y piensa terminar pronto sus estudios universitarios. "Si no fuera por ella, no habría tenido quien me dijera: 'Tienes que terminar la escuela. Tienes que cursar estudios superiores' ".

Cuando Reyna supo que a su hija, Jazmin, le iba a tocar Tan, confió en que la niña estaría cada día mejor.

"Le dije, 'Ella es muy estricta' ", señaló Reyna. " 'Te va a empujar, pero te va a venir bien' ".

Tuvo razón.

Los conocimientos de matemática de Jazmin fueron superiores a su grado cuando empezó en el 2007 en la clase de Tan. Al finalizar el año escolar, subió su puntaje en el examen escolar de manera extraordinaria. Aumentó sus resultados por 74 puntos para un total de 600 puntos, logrando así la anotación perfecta sin ningún error.

Jazmin ha sido aceptada para asistir a una escuela intermedia "magnet" para estudiantes talentosos. Reyna espera que la hija termine sus estudios universitarios y se dedique a la medicina. Abriga la esperanza de que a su hijo, de edad preescolar, le toque Tan.

"Ella empuja a los niños a superarse", agregó Reyna.

FORMULARIO DE EVALUACIÓN LIMITADO

Tan mide sus logros mediante historias como estas.

Pero para los efectos de las evaluaciones del LAUSD, Tan escuetamente "cumple el rendimiento normal", al igual que todos los maestros del distrito. La única otra opción disponible a la persona que hace la evaluación sería: "por debajo del rendimiento normal". Su director de escuela, Oliver Ramírez, marcó todas las casillas apropiadas en una evaluación reciente, explicó Tan. Luego puso una nota indicando que ella llegó tarde tres veces para recoger a sus estudiantes al concluir la hora de recreo.

"Lo boté porque me molestó", expuso Tan. "¿Por qué no te enfocas en cómo enseño? ¿Por qué no te enfocas en la situación de mis estudiantes?"

Ramírez manifestó que le gustaría reconocer más a sus maestros excelentes. Pero al carecer de medidas objetivas para determinar quiénes son, teme ofender a los demás.

"¿Qué hay con los maestros que sienten que debieran de haber sido reconocidos?" comentó. "Se va a armar un lío enorme. El distrito sabe que esto sería como meter la mano en el avispero".

"Por eso es que no se hace".

Jason.Felch@latimes.com

El reportero del Times Doug Smith contribuyó a este reportaje.

Copyright © 2014, Los Angeles Times
Comments
Loading