Los alumnos de quinto grado de la escuela primaria Broadous provienen del mismo mundo: el rincón más pobre del Valle de San Fernando, un vecindario de Pacoima flanqueado por dos autopistas donde han muerto algunos de sus amigos víctimas de las balas perdidas de pandillas rivales.

Muchos son hijos de inmigrantes hispanos que no terminaron la escuela preparatoria. Sus padres y madres son gente de trabajo que trata con los educadores desde una distancia respetuosa, confiando en que harán lo que resulte mejor.

Todos los alumnos aprenden las mismas lecciones. Suelen estudiar simultáneamente el mismo capítulo del mismo libro.

Sin embargo, año tras año, una de las clases de quinto grado aprende mucho más que la otra, que cursa los mismos estudios al final del pasillo. La diferencia no se explica por el tamaño de la clase, ni por los alumnos, ni por sus padres.

Son los maestros.

Los alumnos de Miguel Aguilar lograron sostenidamente avances notables en los exámenes estandarizados del estado. Fueron muchos los que pasaron del tercio inferior de los estudiantes de las escuelas públicas de Los Ángeles a un nivel superior al promedio, según un análisis del Times. Los alumnos de John Smith, en el aula contigua, han empezado en un nivel levemente más avanzado que el de los alumnos de Aguilar, pero para fin de año han quedado muy rezagados.

Funcionarios de instrucción de Los Ángeles y de todo el país saben desde hace tiempo de la enorme desigualdad que existe en la calidad de la enseñanza que imparten los distintos maestros. Por bien o por mal, se dan cuenta de los efectos permanentes en los niños. Pero han optado por no abordar la problemática de la enseñanza desigual, en lugar de analizarla y responder ante la misma.

En la mayoría de los distritos escolares los funcionarios se comportan como si todos los maestros fuesen igual de buenos. Esta situación lleva a que los maestros más eficaces trabajen sin reconocimiento alguno y que no se estudien las claves de su éxito. Por otro lado, los maestros menos eficaces no enfrentan consecuencias ni reciben ayuda adicional.

El hecho de que a un niño le toque uno u otro maestro es casi siempre un accidente del destino por el cual se perjudica el progreso académico de algunos niños al tiempo que otros de su mismo entorno logran avanzar.

Se destinan muy pocos fondos a fin de identificar a los mejores maestros y determinar por qué lo son, a pesar de que el gobierno gasta miles de millones de dólares cada año en la instrucción pública.

En un esfuerzo por esclarecer este problema, el Times obtuvo los resultados de siete años de exámenes estandarizados de matemática e inglés del Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles (LAUSD) y los empleó para calcular la eficacia de los maestros del distrito de Los Ángeles. Las autoridades del distrito cuentan con lo necesario para llevar a cabo este estudio por cuenta propia, pero no lo han hecho.

El Times usó una metodología estadística denominada "análisis de valor agregado", que evalúa a los maestros en función del progreso que muestran sus alumnos en los exámenes estandarizados de un año determinado a otro. De esta forma los resultados no se ven afectados por las influencias externas a las que suele adjudicarse el fracaso académico, como son la pobreza, el nivel de aprendizaje previo y otros factores.

Aunque esta metodología sigue siendo objeto de controversias entre los maestros y otros grupos, cuenta con una aceptación cada vez mayor entre los líderes de la enseñanza y los encargados de las políticas educativas, incluyendo a los de la administración del presidente Obama.

El Times publicará en los próximos meses una serie de artículos y una base de datos que miden la eficacia docente de maestros individuales en el segundo distrito escolar más grande del país. Según los expertos, nunca antes en Estados Unidos se ha dado a conocer públicamente información de esta índole.

Este artículo examina el desempeño de más de 6,000 maestros del tercer al quinto grado y acerca de quienes se cuenta con datos fidedignos.

He aquí algunos de los resultados:

• Los alumnos de maestros altamente eficaces acostumbran en sólo un año pasar de un nivel inferior al promedio a un nivel avanzado. Resulta significativa la brecha que existe al cabo de un año entre los alumnos cuyos maestros se ubican en el 10 por ciento superior de eficacia y los que tuvieron maestros ubicados en el 10 por ciento de menor eficacia. Los estudiantes más afortunados tuvieron un rendimiento de 17 por ciento más alto en inglés y de 25 por ciento más alto en matemática.

• A algunos alumnos les tocó estudiar varios años seguidos con instructores de bajo rendimiento, un revés potencialmente devastador que el distrito podría haber evitado. Durante el período analizado, más de 8,000 alumnos tuvieron un instructor de baja eficacia en matemática o inglés al menos por dos años seguidos.

• Al contrario de lo que suele suponerse, los mejores maestros no estaban agrupados en las escuelas de barrios más pudientes, ni se encontraban los peores concentrados en las zonas de mayor pobreza. Estaban diseminados por todo el distrito. Típicamente se encontró más variación en la calidad de la instrucción dentro de una misma escuela que entre distintas escuelas.