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Vanessa de la Torre
El Hartford Courant
8:02 AM PST, February 5, 2013
HARTFORD
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El grupo de Tony Mack brilló una luz en la oscuridad a un paso de la carretera, cerca de la antigua armería Colt, donde varias carpas alineaban el concreto como capullos.
Mack, Coordinador del Refugio Inmaculada Concepción en Hartford, sabe de clientes desamparados que duermen allí en la primavera, en el verano, en el otoño y en el recio invierno.
“Es ese Víctor?” gritó.
“Él no esta aquí”, respondió una voz.
Un hombre de 54 años de edad envuelto en una chaqueta y mantas asomó la cabeza desde una caseta de Mickey Mouse de tamaño infantil. Dijo que se llamaba Alfredo Rivera, residente del sobrepaso por dos años.
Rivera fue contado el martes por la noche. En Hartford y en todo el estado, en ciudades como Bristol y Middletown, voluntarios y trabajadores de servicios sociales recorrían las calles para el conteo nacional del Departamento de la Vivienda y Desarrollo Urbano de los Estados Unidos, de personas desamparadas en ese “punto en el tiempo”.
Suzanne Piacentini, Directora Interina de la oficina de HUD Connecticut, dijo que la población de desamparados del estado disminuyó 6% desde el 2011 al 2012 — un “progreso” instantáneo en un momento cuando todavía hay “demasiadas personas tratando de encontrar vivienda a un precio razonable,” dijo.
El censo, requerido por lo menos cada dos años, ayuda a los defensores y funcionarios de viviendas a analizar las tendencias en la falta de vivienda, determinar quienes permanecen en los refugios y profundizar en el por qué, a pesar de un impulso más fuerte del gobierno para combatir la falta de vivienda, personas continúan pasando frío afuera.
Unos 4,210 personas sin hogar vivieron en el estado en el año 2012, incluyendo hombres, mujeres y niños en refugios de emergencia y alojamiento transitorio, según mostraron los datos federales.
Entre los casi 770 desamparados divulgados en Hartford, la población sin hogar más grande de los centros urbanos del estado — 141 eran niños, según un informe publicado el miércoles por la Coalición Estatal para Eliminar el Desamparo.
Pero sólo 17 residentes de Hartford, gente como Rivera, fueron clasificados “sin refugio” en una ciudad capital donde abundan los servicios sociales para los pobres y vulnerables. En todo el estado, se proyecta que la población de desamparados llega a los 695.
Rivera fue uno entre un pequeño número de encuestados en Hartford y otros escondites durante el censo del martes, cuyos datos se pueden extrapolar para proporcionar una estimación que represente a los que no se pudieron contar.
Agentes para el censo en Hartford, organizadas por el equipo de renovación comunitaria sin fines de lucro no pueden buscar por cada manzana, edificio abandonado o puente. Ellos preseleccionan las calles y son disuadidos de aventurar por áreas peligrosas.
Rivera no planteó ninguna amenaza. Estaba solo cuando fue encontrado por debajo del sobrepaso de la I-91 alrededor de las 9pm el martes.
“Los demás se fueron a la cárcel”, dijo Rivera a Mack, un hombre fuerte en una chaqueta de cuero azul. “Víctor volvió a McKinney,” el refugio de emergencia para hombres a un corto paso en la Avenida Huyshope.
Rivera contestó las preguntas de la encuesta “no” en su mayoría, si es un veterano, tiene una incapacidad mental o física, si ha recibido algún ingreso en los últimos 30 días, o ha estado involucrado en el sistema de Justicia Penal.
“¿Qué es el nivel más alto de educación que has alcanzado?” le preguntó Jacob Aparicio, 23, de Glastonbury, un coordinador de voluntarios con “Manos en el Programa de Vivienda Peter en Hartford.
“Octavo grado”, respondió Rivera.
A pesar de que su madre vive en Hartford, Rivera dijo más adelante, él cree que su estancia con su familia lo puede llevar a la cárcel. Negó tener algún problema de abuso de sustancias controladas y desechó la idea de dormir en un refugio: “Siempre me gustó tener mi privacidad.” Ha vivido en las calles por casi una década.
Una lata de refresco vacío y perchas de plásticos desordenaban la tierra delante de su caseta donada. Camisas cubrían un poste de madera. Rivera alzó su voz sobre el ruido procedente del tráfico que viajaba hacia el sur.
“Este es mi lugar”.
Una “persona impulsiva”
Edward “Eddie” Muñoz se sentó en su litera el martes por la noche, evaluaba la vida, como hombres comían su cena de pavo en el refugio McKinney. Muñoz es de 46 años, con ojos tristes y una sonrisa amable. Desde el 1999, dijo, ha recibido ingresos por incapacidad por sus problemas de salud mental.
“No me parece bien,” dijo Muñoz, refiriéndose a la falta de vivienda como un “estilo de vida”.
Muñoz ha vivido en Hartford, entre tiempo y tiempo, durante 16 años. Quiere obtener su GED después de haber dejado la escuela superior en el Bronx hace casi 30 años. También tiene un par de buenas pistas para su propio apartamento, dijo y cree que está a punto de vivir independiente otra vez pero lo está tomando despacio, utilizando el refugio como “un escalón”.
“Soy una persona muy impulsiva,” dijo Muñoz, quien ha trabajado como consejero de victimas del VIH y abuso de sustancias. “He aprendido a no tomar muchas decisiones importantes”.
Muñiz dijo que ha permanecido en McKinney durante casi un año después de salir de una relación abusiva en Florida: “Vine aquí en el día de San Valentín con un corazón roto”.
Intercesores estatales quieren terminar la falta crónica de vivienda en los próximos tres o cuatro años. Esto prosigue un compromiso de la administración de Obama de resolver el problema de falta de vivienda a largo plazo entre las personas con incapacidades en el año 2015. El mismo objetivo federal y estatal se aplica a veteranos desamparados.
Del 2011 al 2012, el número estimado de veteranos sin hogar en Hartford bajaron de 78 a 47, según los datos del censo “punto en el tiempo”, aunque intercesores dijeron que los veteranos, muchos sufriendo de Post Traumatic Stress Disorder (PTSD -un trauma que prosigue un evento estrésico)— siguen siendo sobrerrepresentados en refugios aquí y en todo el país.
Piacentini, el funcionario federal de vivienda, dijo que la Agencia ha trabajado más de cerca con el Departamento de Veteranos de os EEUU para reducir el número de personas desamparadas. El año pasado, HUD le dio $1.45 millones a cinco agencias de Connecticut, incluyendo la Autoridad de Vivienda de Hartford, para financiar 165 cupones de vivienda de alquiler bajo el programa de Asuntos Sustentadores de Vivienda de Veteranos.
El Acta de Recuperación y Reinversión Americana, un paquete de estímulo de Obama en el 2009, también incluye $1.5 billones en fondos del HUD para la prevención de indigencia a nivel nacional.
José Vega, Gerente del programa de refugio de McKinney del equipo de la renovación de la comunidad, dijo que notaba que los veteranos más jóvenes eran los que buscaban ayuda. Mientras que el abuso de sustancias y la enfermedad mental son los principales contribuyentes a la falta de vivienda, dijo que los estereotipos no siempre encajan con los que entran por la puerta.
“Hemos tenido abogados en el refugio en el pasado, quienes se han graduado de Harvard, con maestrías,” dijo Vega. “Tenemos gente aquí por sus circunstancias,” como llegar desde Puerto Rico pero no poder quedarse con sus familia en Hartford.
Vega notó una baja en diciembre que todavía no puede explicar. Fue el mes más tranquilo en los últimos años, dijo, según la población de McKinney bajó a los 70. Cerca de 85 a 90 hombres generalmente aparecen cada noche para una cama, dijo Vega, un refugio en los días de invierno cuando las temperaturas sumergen bajo cero.
Sobrevivir el invierno
El martes por la noche, Mack condujo por el Bushnell Park en una minivan, por las aceras y los bancos antes del estacionamiento cerca del arco Memorial de los Marineros & Soldados. El nativo de Hartford de 43 años ha trabajado en el refugio de la Inmaculada Concepción por 11 años y mantiene una lista de clientes de más de 400 nombres.
Mack busca entablar una amistad con cada uno de ellos, dijo. “Les traigo ropa, comida. ... Si quieren ir a desintoxicarse, hago la llamada telefónica.”
Mack ha trabajado con el censo “punto en el momento” por casi una década. Generalmente, él encuentra al menos una persona desamparada en su bloque asignado de calles.
En el invierno, algunos clientes toman el autobús de tránsito de CT en la noche hasta el Aeropuerto Internacional Bradley en Windsor Locks, donde a menudo duermen sin perturbaciones en las áreas de espera antes de regresar en la mañana, dijo Mack. Durante el día, podrían pasar horas en la biblioteca pública de Hartford.
Algunos se sientan en salas de emergencia por la calefacción.
Las mujeres y los niños tienden a tomar ventaja de refugios como My Sister’s Place que les sirve exclusivamente.
Y hay otros como Rivera. Mack dijo que muchos sobreviven el invierno en sacos de dormir emitidos por el ejército, que él y trabajadores de otras agencias han distribuido. Él ha traído suministros a unos 10 clientes que viven alrededor del puente Charter Oak.
“Son personas desamparadas empedernidas”, dijo Mack. Algunos abusan el alcohol, lo cual ya está prohibido en los refugios. “Después de que la biblioteca cierra, van a su lugar predilecto y se acuestan donde nadie los ve.”
Mack ha encontrado a hombres profundamente dormidos en los baños portátiles. En el Parque de Bushnell, el patio del carrusel es un conocido lugar de descanso, dijo Mack, y en el verano, el escenario del pabellón en el lado oeste del parque ha acomodado a cerca de ocho personas desamparadas que se acurrucan bajo el resplandor nocturno del Capitolio Estatal, si la policía los deja.
El parque estaba tranquilo durante la noche del martes. Cecilia Peppers-Johnson, una representante de desarrollo de planificación comunitaria para el HUD, se unió a Mack, Aparicio y otro joven voluntario. Llevaban bolsas con guantes, gorros, calcetines, ChapStick y sándwiches para quien los necesite.
Se trataba de la primera vez que Peppers-Johnson salía a hacer un censo de personas sin hogar, y ella se sacudía le cabeza según la nieve crujía debajo de sus zapatos.
“Todo el día recibo llamadas de personas que necesitan un lugar donde ir, y les recomiendo todos estos lugares,” dijo Peppers-Johnson, una veterana que se retiró del ejército en el año 2008.
El gobierno gasta miles de millones de dólares en iniciativas y sin embargo, dijo, “todavía hay gente durmiendo fuera?”
Debajo de la autopista
Mack condujo la minivan frente a Union Station. Mike Gorman, oficial de la policía de Hartford, patrullaba la zona, les señaló a los trabajadores del censo un lugar apartado, cerca de las vías del tren.
Encima de una colina y bajo el sobrepaso de una amplia carretera había una figura solitaria a la orilla de un colchón doble, aspirando un cigarrillo según la niebla rodaba. Tres camas vacías alineadas junto a una muralla de concreto inscrita con pintura de aerosol: “HARD KNOX” en grandes letras blancas.
El joven miraba con recelo sus visitantes. Sopló humo en el portapapeles de Peppers-Johnson según respondía a algunas de las preguntas, dando su año de nacimiento como el 1984. Afirmó que él sólo se quedaba allí por una noche después de un “enfrentamiento” en su casa.
“Obviamente, él estaba mintiendo,” dijo Mack más adelante. “Si yo viviera con mi chica y ella me echara afuera, yo no me iría debajo de ese puente.”
Después de la encuesta, Mack se dirigió al grupo hasta que llegaron debajo de otro sobrepaso. Mack alumbró su linterna; miraban las vigas de acero que apoyan la de la I-84 en la salida de la calle Asylum.
Uno de sus clientes se había ingeniado una casa, casi de 10 pies de largo, con madera y tablas de 2” x 4” a través de las vigas. Mack dijo que ha visto el interior. Recordó que le dio a la persona, un hombre hispano de 30-40 años de edad unas mantas hace años.
“Parece el dormitorio de un adolescente,” dijo Mack, completo con alfombra, una cama, una bicicleta y sombreros colgados en la pared. Antes de que las señales de televisión se volvieran digitales, el hombre también tenía un televisor análogo con una batería de auto, dijo Mack.
“Encuentras la manera de sobrevivir si es que tienes que hacerlo”, dijo Peppers-Johnson.
Pero el hombre no se encontraba por ningún lado.
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