Casi 20 parientes se habían reunido en el parque. Hacía calor en ese día de agosto de 2005. Pero había sombra sobre las mesas de meriendas. Fran Vigil pensó quedarse sólo el tiempo suficiente para dejar un vestido que había llevado para la cumpleañera, disfrutar de un plato de comida y tal vez probar el pastel. La enfermera jubilada trabajaba en una agencia local de ayuda a las familias que tienen bajo su cuidado a los hijos de sus parientes. Ella había ayudado a la tía de Ana, Teresa, con la patria potestad de su nieta de tres años, cuyo cumpleaños se celebraba ese día.

A la distancia, Fran vio por primera vez a Ana. La pena no hizo nada para atenuar su conmoción.

Se acercó a Teresa varios días después. “¿Quién era la muchacha con el tumor en la cara?”, preguntó.

“La sobrina”, respondió.

“¿Crees que les gustaría recibir ayuda?”

Teresa titubeó. Hubieron algunas cirugías, pero la familia se había dado por vencida. Sin embargo, ella les iba a preguntar. Ana sintió sospecha cuando escuchó que una extraña quería ayudarla. La familia no tenía dinero y, además, las operaciones en Loma Linda no habían logrado nada. Aún así, Teresa les pidió una foto de la joven.

Ana cogió una foto de ella con su ex pretendiente. Cortó el retrato para quitarlo a él y al día siguiente Teresa le entregó la fotografía a Fran. Fran no estaba completamente segura de lo que haría con la misma. La llevó a casa y se la enseñó a su nieta y a sus amigos. “Quiero que vean esto”, les comentó. “Si ustedes creen que tienen de qué quejarse, entonces piensen en ella”.

Fue al consultorio de su médico en Hemet y cuando vio pasar por la recepción a algunos jóvenes con mandiles de laboratorio y placas con sus nombres, los detuvo.

“Quiero saber el nombre de la enfermedad que tenía el Hombre Elefante”. "Neurofibromatosis," contestó uno de ellos.

Ella lo apuntó.

Más tarde, una persona donde trabaja Fran le enseñó un artículo de revista acerca de una organización caritativa que ofrecía cirugía reconstructiva a las personas que no podían correr con los gastos. Fran escaneó la foto de Ana y la envió por correo electrónico. “Hemos encontrado una jovencita con neurofibromatosis”, escribió “y nos preguntamos si de alguna forma podrían ayudarla”.