Mensaje a los asesinos de mi hijo: “Destruyeron a mi familia... ahora den la cara”
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Los Ángeles — “A ustedes, los asesinos de mi hijo, quiero decirles una cosa: no solo le quitaron la vida a Edgar. Destruyeron a mi familia. Ahora den la cara. Mi hijo merecía vivir y construir el futuro que le arrebataron en segundos, pero no voy a descansar hasta que se haga justicia”, dijo Gabriela Moreno.
Han pasado seis años desde aquella noche, pero para esta madre el tiempo se detuvo.
En una decisión considerada histórica, la Corte Suprema de Estados Unidos ratificó este martes el derecho a la ciudadanía por nacimiento, rechazando el intento del presidente Donald Trump de restringir ese beneficio mediante una orden ejecutiva.
El cargador del celular quedó olvidado sobre la mesa. Fue un descuido cualquiera en una noche que parecía como tantas otras.
Edgar Vasquez, de 20 años, había aceptado un turno extra como guardia de seguridad en el centro médico City of Hope. Quería ganar un poco más para ayudar a su mamá, una madre soltera que luchaba por sacar adelante a sus tres hijos.
Lo que ninguno de los dos imaginó es que ese pequeño olvido lo haría regresar a casa por última vez. Minutos después, una lluvia de balas acabaría con la vida de un joven que solo iba camino al trabajo.
Hoy, el crimen sigue sin resolverse y una madre continúa esperando la justicia que su hijo merece.
“Él siempre quería ayudarnos”, recuerda Moreno, oriunda de Jalisco, Guadalajara. “Me decía que si trabajaba un turno más podía cooperar con los gastos de la casa”.
Como cada vez que salía, Gabriela lo acompañó hasta el estacionamiento.
Hace un año, una jornada laboral común se convirtió en una pesadilla para cientos de trabajadores de lavado de autos en Los Ángeles.
—Que Dios te bendiga.
—Te quiero.
Un beso en la mejilla.
Y Edgar se fue.
O eso creyó ella.
Una nueva tragedia sacude al sistema migratorio de Estados Unidos.
Minutos después ella recordó que el joven había olvidado el cargador del teléfono. Edgar regresaría por el callejón trasero para recogerlo antes de irse a trabajar.
Entonces se escucharon los disparos en el callejón de la cuadra East 135th St y Avalon Boulevard, en el vecindario de Willowbrook/Rancho Dominguez, una comunidad no incorporada al sur del condado de Los Ángeles, donde las detonaciones ya eran costumbre de la región.
Pero ese 6 de julio de 2020, alrededor de las 11:03 p.m, la noche fue distinta.
El miedo, la indignación y la desconfianza se apoderaron de miles de familias del Condado de Orange luego del desastre químico relacionado con la empresa aeroespacial GKN Aerospace, incidente que provocó evacuaciones masivas y dejó a comunidades enteras cuestionando cómo una instalación de este tipo sigue operando tan cerca de hogares y escuelas.
“Sentí algo en el corazón”, cuenta Gabriela, ahora de 47 años de edad. “Nunca había sentido algo así. Un mal presentimiento”.
Sin pensarlo, tomó su teléfono y marcó el número de Edgar.
El joven no contestó.
Unos instantes después, la vecina de atrás comenzó a gritar desesperada.
—¡Gabriela! ¡Gabriela! ¡Es Edgar!
Ella y sus hijos corrieron hacia el callejón.
Ahí estaba Edgar sin vida, dentro de su Toyota Camry blanco.
Lo único que Gabriela recuerda es querer abrir el auto y gritar. El impacto de ver a su hijo muerto borró su memoria.
El joven que había salido de casa para trabajar y ayudar a su familia nunca llegó a su trabajo. En lugar de ello, el joven fue trasladado de urgencia al hospital, donde posteriormente fue declarado muerto poco después de la medianoche del 7 de julio.
Con la información proporcionada por los detectives del Departamento del Sheriff de Los Angeles, la familia sabe que cerca de la esquina había una licorería y que, por razones que aún no han sido esclarecidas, comenzaron los disparos. Edgar quedó atrapado en medio de la violencia.
Los responsables siguen sin ser detenidos. Sin embargo, en septiembre del 2025 las autoridades dieron nueva información.
“Pudimos observar en un video que había una Jeep Grand Cherokee blanco y una camioneta Silverado negra que abandonaron la escena del incidente esa noche, y esperamos que el público pueda proporcionarnos información sobre esos vehículos o sobre esos posibles sospechosos”, dijo el teniente Chris Oakley, de la División de Homicidios.
Las autoridades ofrecieron inicialmente una recompensa de 10 mil dólares por información que condujera a los asesinos. Hoy esa recompensa asciende a 25 mil dólares, anunciaron las autoridades la semana pasada.
Mientras tanto, la familia continúa esperando respuestas.
“Mi hijo tenía muchas ganas de vivir”, dice Gabriela. “Tenía sueños.”
Y eran muchos.
Desde niño fue un estudiante ejemplar. De kínder a sexto grado nunca faltó un solo día a clases y recibió un reconocimiento por seis años consecutivos de asistencia perfecta.
Cuando sus padres se separaron, durante la preparatoria, la vida cambió. Como muchos adolescentes, Edgar atravesó momentos difíciles, pero muy pronto entendió el peso de la responsabilidad.
A los 16 años comenzó a trabajar en todo lo que encontraba para ayudar económicamente en su hogar.
El fútbol era su gran pasión.
La música se convirtió en la otra.
Participó en el maratón de Students Run LA en 2013, fue entrenador de un equipo infantil de fútbol y, durante la preparatoria, descubrió la batería. Practicaba dos o tres horas todos los días. Su sueño era tocar profesionalmente en un grupo musical. Los fines de semana participaba en presentaciones y buscaba integrarse al coro de una iglesia para seguir haciendo música.
Todas las mañanas salía a correr.
En casa les recordaba a sus hermanas que tendieran la cama y mantuvieran todo limpio y en orden. Consentía a la más pequeña, disfrutaba cocinar mariscos para la familia y siempre estaba pendiente de que a sus hermanos no les faltara nada.
“Siempre veía por los demás”, dice su madre.
Pero la tragedia ya había visitado antes a la familia. En 2008 falleció el padre de Gabriela. Diez años después murió su madre, víctima de cáncer.
“Mi mamá me decía que no quería morirse porque no quería dejarme sola”, recuerda.
Aun con esas pérdidas, Gabriela siguió adelante por sus hijos.
Hasta que llegó el dolor que, dice, ninguna madre debería conocer.
“La muerte de un hijo es algo que no debería existir. Los hijos deberían enterrar a sus padres, no los padres a sus hijos… Esto pasa a menudo en estos vecindarios; vidas inocentes que son cortadas por el crimen, que este caso no queda impune”, dijo la madre de familia que emigró a Estados Unidos hace 28 años.
El mensaje para los asesinos de Edgar está claro: “Le quitaron la vida a una persona inocente. No les importó destruir a toda una familia, no tienen sentimientos, ni empatía y siguen en la calle”, dijo mientras enfatizó que las autoridades deben mostrar acciones concretas y respuestas para las familias.
La señora ahora se ha convertido en otra madre de Los Ángeles que sigue esperando que alguien rompa el silencio y ayude a llevar ante la justicia a quienes le arrebataron a su hijo.
“Si alguien sabe algo, por favor, toque su corazón y diríjase a las autoridades, piensa que en cualquier momento puede ser tu familia la afectada. No quiero que mi hijo se quede en ser solo una estadística”, dijo Gabriela.
Las autoridades piden a cualquier persona que tenga información sobre el caso que llame a la Oficina de Homicidios del LASD al 323-890-5500 o a Crime Stoppers al 800-222-TIPS (8477).