Enseñar lo ocurrido el 9/11 a una generación que no lo vivió: ‘Solo hemos oído historias al respecto’
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- Las conmemoraciones de los atentados del 11-S en los centros educativos han pasado de ser actos centrados en la experiencia vivida a convertirse en una lección de historia lejana.
- Los colegios y universidades de California conmemoran el 11-S mediante una combinación de actos conmemorativos, momentos de silencio y debates académicos.
- Los profesores y los padres conservan sus recuerdos, pero son selectivos —dependiendo de la edad de los alumnos— a la hora de decidir qué compartir con los niños y los alumnos.
Trent Nettles era un niño pequeño el 11 de septiembre de 2001.
Ahora, con 27 años, Nettles es profesor de Historia de EE. UU. de nivel avanzado (AP) en 11.º curso; es demasiado joven para recordar aquel día, pero es el encargado de enseñárselo a alumnos que aún no habían nacido cuando ocurrió. Su reto era hacer de esta lección algo más que una simple unidad más del programa de estudios.
Nettles les dijo esta semana a sus alumnos en el instituto Alliance Cindy & Bill Simon Technology High School de Watts: “Solo recuerdo, de niño, que había mucho caos. Eso es todo”.
Veinticinco años después de los atentados, el aniversario ha traspasado una barrera generacional. En una proporción cada vez mayor de las aulas estadounidenses, el 11-S forma parte de una época pasada, y a menudo lo imparten profesores que lo recuerdan apenas más que los alumnos que tienen delante. Algunos sí recuerdan aquella mañana, pero les cuesta transmitir la magnitud del dolor y el miedo a unos alumnos para quienes el 11-S no es más que otra fecha en la línea temporal de la asignatura de ciencias sociales.
El cambio comienza en la primera infancia, cuando los niños pueden oír por primera vez esa fecha en una conversación entre adultos o al ver una noticia de última hora. Se extiende a los institutos y colegios, donde los profesores debaten cuánto de esta historia pueden asimilar los alumnos adolescentes, y llega hasta las aulas universitarias, donde los profesores que en su día enseñaban el 11-S como un acontecimiento de actualidad ahora lo imparten como historia de hace décadas.
Y en el seno de sus hogares, los padres encuentran formas de transmitir sus propias lecciones, convirtiendo el trauma en historia familiar.
Para Heather Matula, madre de tres hijos residente en Atwater Village, el 11-S es algo personal.
Ella y su marido vivían entonces en Nueva York y han hablado con sus hijos —uno de 9 años y dos de 15— sobre ello desde la guardería. Su cuñado evacuó una parada de metro cercana a las Torres Gemelas y cruzó a pie el puente de Brooklyn mientras las suelas de sus zapatos se derretían por el calor del suelo, contó. Un compañero de la universidad murió tras detenerse para ayudar a una mujer embarazada a bajar 72 tramos de escaleras.
“Hablamos de los papeles carbonizados que caían bailando del cielo al son de las sirenas que resonaban por todas partes... Queremos que nuestros hijos sepan que esto ocurrió, que fue profundamente trágico, pero que la gente se unión”.
La distancia generacional que ha atenuado el dolor de 2001 también se refleja en el variado enfoque educativo de California. Una ley estatal de 2021 fomenta, aunque no exige, un minuto de silencio cada 11 de septiembre. Deja la decisión en manos de los distritos y los profesores, con temas de debate opcionales para las clases de historia universal de 10.º curso y de democracia estadounidense de último curso. Al menos 40 estados sugieren ahora que las escuelas aborden el aniversario, pero la forma de hacerlo varía enormemente.
El superintendente del LAUSD, Andrés Chait, participará en una ceremonia el 11 de septiembre en la Escuela Secundaria de Pacoima. La secretaria de Educación, Linda McMahon emitió una carta el jueves en la que instaba a todas las escuelas de EE. UU. a guardar un minuto de silencio el viernes, afirmando que “no podemos permitir que se olviden los actos de gran heroísmo, el sacrificio al servicio de nuestra nación y la profunda pérdida que han sufrido tantos».
En los campus universitarios, este día se conmemora ahora a menudo mediante debates académicos en lugar de actos conmemorativos. En Westwood, la UCLA organiza un simposio de dos días sobre las “transformaciones legales, políticas, sociales y tecnológicas» impulsadas por los atentados. Esto ha suscitado críticas por parte de algunas familias de los supervivientes y de los medios de comunicación de derecha debido a la participación en una mesa redonda de un abogado que ha representado a Khalid Sheikh Mohammed, el presunto organizador de los atentados que lleva mucho tiempo detenido en Estados Unidos. En Malibú, la Universidad de Pepperdine organizará una exposición conmemorativa con cerca de 3.000 banderas en honor a las víctimas.
Cuando el 11-S se cruza con el programa de historia de la AP
Nettles incorporó una lección sobre el 11-S en una unidad dedicada al “Intercambio Colombino»: el intercambio de plantas, animales, cultura y enfermedades que comenzó tras el viaje de Cristóbal Colón en 1492.
En términos generales, dijo, “hay personas que intentan difundir su religión. Hay personas que intentan extraer recursos de otras comunidades y, luego, hay personas que buscan estatus”.
“¿Cómo pasamos del Intercambio Colombino a Al Qaeda? ¿Qué motivaría a la gente a crear un grupo terrorista? ¿Por qué sería Estados Unidos un objetivo?», preguntó a su clase. Nettles explicó a los alumnos que su juventud podía ser una ventaja en el debate “porque lo verán de otra manera que las personas que vivieron aquella época”.
Kenji Caldwell, uno de sus alumnos, aportó su punto de vista.
“Como solo hemos oído historias al respecto, creo que nuestra generación estaría más abierta a escuchar la otra versión de los atentados y a comprender por qué sentirían la necesidad de provocar una gran conmoción para llamar la atención de los gobiernos», dijo. “Es importante que cada generación analice el 11-S porque pone de manifiesto que nuestro mundo actual está marcado por problemas que, en apariencia, no nos afectan, pero que, con el tiempo, causarán un daño devastador si no se reconocen”.
Las experiencias y reflexiones varían según los centros educativos y dentro de los propios centros.
Kyle Faeldonea, estudiante de segundo curso en el instituto Blair de Pasadena, contó que se enteró por primera vez del 11-S por Internet cuando era más joven. No comprendió su gravedad hasta que un profesor de secundaria le describió cómo había sido presenciar los atentados en directo.
“Habló de cómo provocó miedo, de cómo parecía algo muy reciente y de cómo sigue siendo un tema que afecta a la actualidad en Estados Unidos”, explicó Kyle.
Análisis del legado del 11-S en las universidades
Nihal Khan, estudiante de doctorado en Estudios Islámicos de la UCLA, sintió una distancia similar al impartir un curso de grado sobre la historia del islam y los musulmanes en Estados Unidos la pasada primavera. “Ahí fue cuando me di cuenta: ya soy mayor”, afirmó Khan, de 35 años.
Afirmó que el cambio en la memoria está modificando la forma en que una generación de estadounidenses, incluidos los musulmanes, percibe este aniversario; muchos de ellos ya no lo ven como un acontecimiento determinante en sus vidas debido a cómo contribuyó a forjar estereotipos sobre el islam.
Las opiniones de Khan están marcadas por su infancia en Paramus (Nueva Jersey) —cerca de Manhattan—, su fe musulmana y su trabajo como capellán, además de sus estudios de doctorado. Pero el 11-S apenas tiene repercusión entre los musulmanes a los que asesora. “Les preocupa más graduarse ante todo lo que ha sucedido tras el 7 de octubre. Creo que ese es su momento decisivo, junto con la elección de Trump”, afirmó, refiriéndose a las repercusiones en los campus estadounidenses del ataque de Hamás contra Israel en 2023 y la guerra en Gaza, desde las protestas hasta las investigaciones federales.
No todos los docentes universitarios ven el 11-S desde la misma perspectiva personal. Al preguntarle por la fecha que se avecina en sus clases de sociología, que imparte en la UCLA desde 2020, Jason Sexton respondió: “Por supuesto que fue un momento político y forma parte de la historia de Estados Unidos, pero ahora ya casi no se menciona”.
Esa brecha entre la materia y el tiempo dedicado en clase va más allá de un único campus. Brian Campos, de 19 años, estudiante del Los Angeles Trade-Technical College, no recuerda que se tratara en profundidad el 11-S en su instituto de Huntington Park ni en la universidad. “Reconocemos que es un suceso trágico. Pero no lo profundizamos del todo. Como en realidad no nos lo enseñaron, no tenemos mucho contexto al respecto”, afirmó.
Quiere saber más sobre los equipos de primera intervención. “¿Cuál era su perspectiva? ¿Cómo ayudaron?”.
Sin embargo, Jane Callaway, una estudiante de 20 años del West Los Angeles College, dijo que empezó a aprender sobre el 11-S ya en la escuela primaria —creció en la zona de Barstow— y que, en el aniversario, recuerda a “todas las personas inocentes que murieron”.
También lamentó que, hoy en día, algunas personas sigan tratando a los musulmanes de forma diferente a causa del atentado. “Hay mucho racismo relacionado con el 11-S... Eso está muy mal”.
¿A qué edad es demasiado pronto para hablar a los niños sobre el 11-S?
En el caso de los alumnos más pequeños, la cuestión es cuánto contarles.
El Dr. David Schonfeld, director del Centro Nacional para Crisis Escolares y Duelo del Hospital Infantil de Los Ángeles, afirmó que no existe una edad única adecuada para abordar ese tema. “Si finges que no hay nada malo en el 11-S, creo que los niños, incluso desde una edad muy temprana, entenderán que eso probablemente no sea auténtico», señaló.
Schonfeld señaló que los adultos deberían explicar que “esto no lo hizo un país. Lo hizo un grupo de personas procedentes de un país o de un entorno concreto». También recomendó hacer hincapié en que hay “muchas otras personas en ese país, o del mismo origen religioso o cultural, que no tuvieron nada que ver».
Melissa Brymer, directora de programas sobre terrorismo y catástrofes del Centro Nacional para el Estrés Traumático Infantil de la UCLA y la Universidad de Duke, señaló que una forma de explicárselo a los niños pequeños es plantearlo como un día de recuerdo, para reconocer “que ocurrió algo grave en Estados Unidos en lo que se perdieron vidas».
Stacey Zavala, profesora de primaria en Los Ángeles, estaba dando clase en su aula el 11 de septiembre de 2001.
Se enteró de los atentados por la radio y luego encendió la televisión para ver la matanza. Ahora, se asegura deliberadamente de que sus alumnos no se desvíen del tema.
“Siempre he optado por centrarme en los equipos de primera intervención y su heroísmo”, afirmó. “Hay una línea muy fina entre conocer la historia y sembrar el miedo en los alumnos más jóvenes”.
Los redactores del Times Andrew Khouri y Kate Sequeira han colaborado en este reportaje.