La peleadora mexicana de MMA sobrevivió al cáncer y transformó la batalla más dura de su vida en una historia de resiliencia, amor propio y renacimiento. Su historia quedó retratada en el documental “María llena eres de fuerza” de ESPN Deportes.
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María José Favela solía verse a sí misma como un caballo percherón, enfocada, testaruda, acelerada hacia un sueño. Antes del diagnóstico de cáncer, la peleadora mexicana vivía con una sola brújula en dirección a la UFC. Todo lo demás, la familia, las fiestas, la carrera en artes culinarias, incluso su identidad fuera de la jaula, quedó relegado a un segundo plano.
Entrenaba, competía, viajaba, dormía, repetía. Para ella, el mundo cabía dentro de una jaula, de un octágono o de cualquier otra forma que tuviera con tal de estar sobre la lona.
“Iba como caballo percherón persiguiendo un sueño, dejando al lado muchas cosas”, recordó la peleadora. “Llegué a perder un poco mi identidad como mujer y María José, y se la entregué al cien por ciento a la deportista”.
Ese ritmo absoluto se quebró el 7 de mayo de 2023, cuando los médicos confirmaron que tenía linfoma de Hodgkin, un tipo de cáncer que la llevó al borde del colapso físico y emocional. El diagnóstico no solo la obligó a detenerse, la obligó a mirarse por primera vez sin guantes, sin vendas, sin rounds.
Su historia llegó a la pantalla el 11 de diciembre a través del documental “María llena eres de fuerza”, que fue producido por ESPN Deportes en sus plataformas. El documental ofrece una mirada íntima a la peleadora que sobrevivió, se reconstruyó y entendió que hay batallas que se libran sin jaula.
La pasión de Favela por las artes marciales mixtas no nació por tradición familiar ni por un camino deportivo planificado. Nació del miedo.
“Sufrí un caso de violencia de mi exnovio”, contó Favela. “Tomé la decisión de aprender a defenderme y de no volver a sentirme vulnerable”.
El gimnasio se convirtió en refugio y, después, en obsesión. Ya había sido competitiva desde niña —ajedrez, tenis, equitación—, pero las MMA le revelaron algo distinto, fue como una adicción a la incomodidad.
“Me fascinó ver qué tan fuerte puede ser el cuerpo humano y resolver problemas bajo presión”, dijo. “Aprendes a estar incómodo, mental y físicamente”.
Ese impulso la llevó también a formar parte del roster de Power Slap, el controvertido deporte de bofetadas, cuyo dueño es Dana White, y que opera bajo la estructura de UFC. Aunque su meta seguía siendo competir en la jaula, Power Slap le dio un entorno donde se sentía tranquila.
“No tenía la presión de cubrir todos los campos como en MMA”, explicó ‘Majo Leona’. “Yo disfruté cada segundo… el fight week, el media day, todo”.
Pero su vida cambió de golpe. Una enfermedad repentina, un dolor creciente, una fiebre que no cedía y una sensación ominosa de que algo grave habitaba dentro de su cuerpo.
La tarde que entró al hospital, Favela estaba al borde de un infarto. Con oxigenación bajísima y fiebre alta, pasó ocho horas sin respuesta.
Resonancias, médicos entrando y saliendo, preguntas sin contestar.
Ella insistía. “¿Es cáncer?”. Nadie quería decirlo.
“Por alguna razón lo tenía en la cabeza. Viví con mi abuela cuando tuvo cáncer terminal y eso se volvió terrorífico para mí”.
Cuando por fin los especialistas reunieron a su madre, al internista, al cardiólogo y al neumólogo, apareció la palabra que temía, “linfoma”. Primero vinieron las posibilidades como el VIH, tuberculosis, tumores no identificados.
La confirmación fue cáncer. Su reacción fue una mezcla de shock, enojo y negación.
“Le reclamé al doctor, ¿por qué yo, si no tengo vicios, si soy deportista?”, dijo.
En medio del mar de información médica, ella tuvo una única pregunta: “¿Cuándo voy a poder volver a pelear?”.
Los médicos la frenaron. Primero tenían que saber qué tipo de linfoma tenía, qué tan avanzado estaba y si requeriría quimioterapia o un trasplante de médula que podía costar millones de pesos. Mientras tanto, su condición era crítica: 80% de bloqueo pulmonar, riesgo de infarto, dificultades para siquiera respirar.
Para obtener la biopsia, los doctores barajaron una opción aterradora: perforar la tráquea. “Había una posibilidad de que no saliera viva del quirófano”, le dijeron. Finalmente, encontraron otro linfoma en el cuello que permitió un procedimiento menos invasivo.
Contra todo pronóstico, la mente de Favela no se concentró en el miedo a morir, sino en el deseo de volver a pelear. Aunque los médicos le dieron un “pronóstico reservado”, ella interpretó su 50% de esperanza como un 100%.
Incluso internada, buscaba transmisiones de peleas, seguía a sus amigas en Instagram, veía a la atleta con la que pelearía en Invicta. El deporte era su ancla.
“El MMA fue mi propósito de vida”, afirmó María José. “Yo decía: voy a regresar, voy a regresar”.
En plena quimioterapia, investigaba qué alimentos debía evitar, qué podía comer, cómo mantener su fuerza sin comprometer el tratamiento. Interrogaba a nutriólogos y oncólogos. Quería entender cada paso.
La motivación era su familia.
“Yo decía ‘no puedo dejarle esta carga a mi mamá’. Me sentía culpable de la enfermedad”.
El 7 de noviembre de 2023 recibió la última quimioterapia. Seis meses de infusiones, caída de cabello, inflamación, agotamiento y una identidad física transformada. Pero también seis meses de disciplina, de guerra privada y de una convicción inquebrantable por vivir.
En medio del tratamiento, recibió un mensaje de Carlos Contreras Legaspi, periodista de ESPN y amigo suyo, pues querían contar su historia.
“Les dije que me encantaría compartir lo que estaba viviendo”.
Hacia el final de su quimioterapia, conoció al equipo de producción. Entre ellos estaba José Mesa Corrales, quien se convertiría en alguien fundamental en su vida. Al principio, él solo era el productor encargado de coordinar grabaciones y logística. Pero algo empezó a florecer.
Favela reconoció que, pese a sentirse físicamente vulnerable, hubo una chispa inmediata.
“Le dije a mi mamá ‘se me hace muy guapo’”.
Lo que siguió fue un cúmulo de gestos pequeños pero significativos. José revisó sus redes para saber qué podía comer y le llevó alimentos tolerables; se quedó a su lado durante una quimioterapia cuando todos habían salido; escuchó, acompañó y estuvo presente incluso cuando ella dormía por el medicamento.
La conexión se convirtió en un sentimiento que creció día a día.
“El cáncer te roba hasta la identidad física, pero José vio más allá”, dijo Favela. “Cuando él se fue, seguimos hablando todos los días”.
Favela espera que su historia permita que quienes la conozcan entiendan que la vida no siempre termina con un arcoíris, pero sí con decisiones que marcan el camino.
“Vida, solo hay una, y es un viaje sin ticket de vuelta”, afirmó María José. “No tengan miedo a las decisiones. Si quieres ir de viaje solo, si quieres hacer MMA o Power Slap, hazlo. No importa lo que los demás piensen”.