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Yes sigue siendo la respuesta afirmativa para quienes dudan de la supervivencia del rock progresivo

La formación actual de Yes durante su presentación en el YouTube Theatre de Inglewood, el 13 de septiembre del 2025.
(Steve Thrasher)
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En términos claros, la formación actual de Yes no tiene a ningún integrante original. Pero eso no quiere decir que no incluya a un músico que, con el paso de los años, se convirtió en la figura más reconocida del conjunto inglés debido a sus incuestionables habilidades con la guitarra, ya sea eléctrica o acústica.

Nos referimos, por supuesto, a Steve Howe, quien se integró al combo cuando este ya había lanzado dos álbumes, pero que se convirtió rápidamente en pieza esencial del mismo y que, en estos días, encabeza una alineación que lo tiene como único superviviente del fichaje más tradicional, tras las muertes del baterista Alan White (en el 2022) y del bajista Chris Squire (en el 2015), quienes se mantuvieron a su lado hasta que fallecieron.

De ese modo, la versión de Yes que se encuentra de gira, y que pudimos ver en el YouTube Theater esta semana, cuenta con una base rítmica conformada por Billy Sherwood en las cuatro cuerdas y Jay Schellen en los tambores, lo que no es realmente ideal en vista de que el dúo mencionado en el párrafo anterior fue una parte integral del sonido de la banda a lo largo de más de cuatro décadas.

Pero la buena noticia por aquí es que Sherwood y Schellen son instrumentistas excepcionales y que han logrado establecer el nivel de comunicación indispensable para sostener el poderosísimo andamiaje en el que se sostiene Yes, incluso cuando el primero disfruta plenamente de las posibilidades que le ofrecen las notas creadas por Squire y, además de tocar con mucho volumen (como lo hacía de hecho su antecesor), adora la atención del público.

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Sucede lo contrario con el vocalista Jon Davison (integrado en el 2012), quien tuvo la durísima labor de ocupar el puesto del irremplazable Jon Anderson (uno de los fundadores del grupo al lado de Squire) y que, además de no deslumbrar en el escenario (lo que debe ser un acto consciente), emplea constantemente una voz que imita a la del cantante original (lo que es tanto motivo de cuestionamientos como de halagos).

El guitarrista Steve Howe durante el concierto.
(Steve Thrasher)
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Con los clásicos

La formación actual se completa con Geoff Downes, quien, si hablamos del pasado más o menos remoto, estuvo en Yes solo por un año, desde 1980 hasta 1981, aunque regresó en el 2011 y goza de una fama merecida debido al rol sobresaliente que tuvo en Asia, el supergrupo en el que también militaba Howe y que produjo varios éxitos radiales.

Todo esto nos sirve a decir que, más allá de cualquier crítica válida en términos de legitimidad histórica, el grupo que escuchamos en el recinto de Inglewood tocó impecablemente, tanto en lo que respecta a la interpretación grupal como a lo que se relaciona a la ‘performance’ individual, dando como resultado un concierto en el que las célebres composiciones que se presentaron sonaron como debían sonar.

Eso no quiere decir que todo se haya sentido como lo hubiera hecho hace 40 años, por supuesto. A los 78 años, Howe no tiene, naturalmente, la destreza manual que tenía en esa época, y sus solos no fluyen del mismo modo; pero, además de que nunca fue un ‘guitar hero’ (por lo que no se le puede juzgar en esos términos), por cada supuesto error en el que incurrió, se sacó de la manga varias genialidades, como sucedió durante la interpretación de “Mood for a Day”, una encantadora pieza acústica que combina elementos del flamenco y de la música clásica para ofrecer resultados que le ponen la carne de gallina a cualquiera.

Dos titanes del rock duro unieron fuerzas para un espectáculo de contundente nivel

Ya es momento de mencionar que el tour actual se encuentra dedicado a “Fragile”, el álbum de 1971, que, por ello, está siendo tocado en su integridad, con la suma de 10 piezas adicionales procedentes de distintos discos. Esta simple circunstancia fue motivo de algarabía para los fans que asistieron al YouTube Theater, quienes, a pesar de mantenerse casi siempre sentados (estamos hablando de gente que, en su mayoría, no es precisamente joven), manifestaron a viva voz el entusiasmo que sentían en más de una ocasión.

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“Fragile”, el cuarto álbum de Yes, fue el que catapultó finalmente al grupo al estrellato internacional y el que definió en todo su esplendor la propuesta de rock progresivo con incursiones en la ciencia ficción y la fantasía que terminó distinguiéndolo.

Y lo más interesante es que, a pesar de que no se trataba precisamente de un trabajo comercial, logró entrar a las radios con versiones abreviadas de sus canciones, debido a los ganchos pegajosos que algunas de estas tenían.

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Otras joyas

En el YouTube Theater, el aspecto memorable de “Fragile” se hizo evidente desde la primera nota interpretada tras el descanso posterior al segmento inicial del concierto (que estuvo conformado por temas de diversas procedencias): se trató del armónico acústico creado por Howe para la pieza inicial de la citada producción, “Rondabout”, una combinación perfecta de suavidad psicodélica, ‘progre’ a tope y esa clase de melodías inocentes y agudas que surgieron de la mente de Anderson.

Pese a que Yes mantiene por lo general un tono de optimismo imbatible que lo aleja de las exploraciones más siniestras de un grupo como King Crimson, sus músicos han estado siempre dispuestos a experimentar con esta clase de sonoridades. Por ese lado, “South Side of the Sky” mantuvo la rabiosa potencia de sus acordes disonantes en medio de sus segmentos apacibles, y el corte final del disco homenajeado, “Heart of the Sunrise”, siguió demostrando la contundencia de sus partes agresivas, matizadas por uno de los interludios más épicos que existen en la historia del género.

Como lo señalamos ya, el show se completó con generosos aportes ajenos al “Fragile”, tanto en su primera parte (por la que desfilaron ocho temas) como en el ‘bis’ (de dos piezas). De ese modo, en el segmento inicial, pudimos escuchar “Madrigal”, fuertemente marcada por las influencias de música clásica que manejaba Rick Wakeman, el tecladista mas afamado de Yes; “Tempus Fugit”, la fabulosa composición ochentera que se las arregla para ser compleja y accesible a la vez; y “Circles of Time”, una composición del disco más reciente, “Mirror to the Sky” (2023) que, desafortunadamente, nos dejó indiferentes.

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El bajista Billy Sherwood en acción.
(Steve Thrasher)

La parte final, por su lado, se abrió con un inusual ‘cover’ de los Beatles, correspondiente a la pieza “The Word”, que resultó ciertamente convencional en términos de estructura para una banda como Yes, pero que nos recordó la inmensa habilidad que tenían John y Paul para generar armonías seductoras

El mismo ‘bis’ se cerró con “Starship Trooper”, un monumental corte, publicado inicialmente en “The Yes Album” (1971), que se coloca inicialmente en terrenos poco osados, pero que asume de pronto aires tanto de country como de rockabilly (gracias a la creatividad de Howe en la acústica) mientras se dirige poco a poco hacia un explosivo ‘crescendo’ caracterizado por uno de los riffs más intensos que hayamos podido escuchar. Después de eso, había que levantarse y aplaudir a rabiar.

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