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Ya pasó el día del pavo, y es probable que te queden pocas sobras de la cena de Acción de Gracias; pero la cartelera local mantiene su tracción con el estreno de una producción latinoamericana altamente cotizada, una propuesta comercial inclinada hacia los terrenos del miedo, una comedia romántica ciertamente inusual y una nueva incursión en los dominios del ‘material encontrado’. Estás servido.
THE SECRET AGENT
Director: Kleber Mendonça Filho
Reparto: Wagner Moura, Carlos Francisco, Tânia Maria
Género: Thriller político
Una semana después de su estreno en Nueva York, llega finalmente a salas selectas de Los Ángeles “The Secret Agent” (“O Agente Secreto”), la apuesta de Brasil para los Premios de la Academia, antecedida por lo que sucedió esta semana en la ceremonia de Premios de los Críticos de Nueva York (que coronó a su protagonista Wagner Moura en la categoría de Mejor Actor y le dio a la cinta entera el título de Mejor Película Internacional) y, por supuesto, por lo que ocurrió seis meses antes en el prestigioso Festival Cannes (donde la misma obra triunfó en los apartados de Mejor Actor y Mejor Director).
Ante estos méritos, es de esperar que cualquier cinéfilo que se precie de serlo se encuentre sumamente interesado en ver una producción que, a pesar del activismo político profesado tanto por Moura como por el realizador Kleber Mendonça Filho (“Aquarius”, “Bacurau”), no se cuelga nunca de manera evidente el rótulo de la militancia o que, al menos, lo hace con impecable elegancia.
De ese modo, Armando, el protagonista del relato, no es un militante armado que se opone abiertamente a la dictadura que azotaba su país en la época en la que se desarrolla el film (finales de los ‘70), sino un académico y científico perseguido por representantes del régimen debido a su eficiente labor como investigador.
Además, en lugar de mostrar a militares en las calles (como sucedía, por ejemplo, en la reciente “I’m Still Here”), “The Secret Agent” se centra en los civiles que apoyaron directa o indirectamente al sistema, aunque le deja también espacio a los inconformes que se enfrentaron directamente con la injusticia. El inesperado estallido se hace esperar, lo que lo hace más impactante.
La película, que se desarrolla en Recife -ciudad de origen de Mendonça Filho-, es tan convincente en su recreación de época y en la construcción de su personaje principal que éste parece haberse basado en un ser humano real sin que así sea, lo que dice mucho de los talentos de su realizador y de Moura -quien, por si fuera poco, interpreta un papel adicional que preferimos no revelar-.
Nos encontramos, finalmente, ante un ‘thriller’ inusual que, pese a su ocasional falta de tensión frente a la gravedad de los hechos que describe, se siente mucho más corto de lo que realmente es (dura 158 minutos), se encuentra estupendamente filmado y funciona también como un sentido tributo al cine con el que Mendonça Filho creció.
FIVE NIGHTS AT FREDDY’S 2
Directora: Emma Tammi
Reparto: Josh Hutcherson, Elizabeth Lail, Piper Rubio
Género: Terror sobrenatural
El incuestionable entusiasmo de los fans de todas las edades, muchos de ellos enfundados en disfraces vinculados a los personajes provenientes de los videojuegos originales, era casi palpable en las instalaciones del Teatro Chino de Los Ángeles durante la premiere de “Five at Nights at Freddy’s 2”, llevada a cabo a inicios de esta semana.
Eso demostraba que, más allá de lo que se pueda pensar en términos de calidad artística, lo que se ha convertido ahora en una franquicia fílmica seguirá funcionando de maravilla como fuente de ingreso para sus productores, entre los que se encuentra Jason Blum, proveedor de incontables éxitos del cine de terror, muchos de ellos realmente apreciables.
Pero no quiere decir que la secuela del título del 2023 vaya a conquistar a los críticos, por supuesto. La cinta de debut, que fue un rotundo triunfo de taquilla (lo que explica la existencia de esta secuela), fue duramente cuestionada por quienes desarrollan esta clase de análisis; y después de ver a su sucesora, estamos convencidos de que las reacciones por ese lado no serán considerablemente distintas.
No se trata de que Emma Tammi, directora de las dos películas, y Scott Cawthon, guionista de ambas y creador del videojuego en que se inspiran, hayan sido completamente inmunes a las críticas. De hecho, esta ‘segunda parte’ tiene una escena de introducción realmente escalofriante, con la que se insinúa un tono dramático mucho más siniestro, así como un primer segmento que se dedica a desarrollar exclusivamente a los personajes originales con la finalidad de que logremos identificarnos con ellos de manera más consistente que en el pasado reciente.
Sin embargo, los intentos terminan siendo poco productivos ante la ausencia de diálogos imaginativos y la imposición de una coprotagonista (la pequeña Abby, nuevamente interpretada por Piper Rubio) que, esta vez, resulta extraordinariamente monotemática (ya verán a lo que nos referimos).
En realidad, en términos de impacto, el problema de la saga no es solamente que sus personajes principales son poco interesantes, sino que se encuentran completamente desprovistos de sentido del humor, lo que resulta poco recomendable en una historia tan irracional como esta, donde el guardia de seguridad de una antigua pizzería/‘arcade’/parque de diversiones (nuevamente interpretado por Josh Hutcherson) se enfrenta a unos ‘animatronics’ que han sido poseídos tanto por niños asesinados como por entidades malévolas (que a veces corresponden a ellos mismos… y a veces no).
En aras de obtener una complejidad que contrastara con la simplicidad de la cinta de debut, el guión de la secuela complica las cosas a tal punto que resulta difícil entender lo que está pasando, lo que no es necesariamente una prueba de destreza intelectual por parte de los creadores, quienes logran al menos ofrecernos una puesta en escena en la que encontramos más de un momento visual digno de ser apreciado.
Pero el problema principal de “FNAF 2” es la insistencia en mantener la clasificación PG-13, cuando las escenas de violencia (saludablemente incrementadas en esta entrega) piden a gritos el empleo de un ‘gore’ que brilla completamente por su ausencia.
31 CANDLES
Director: Jonah Feingold
Reparto: Jonah Feingold, Sarah Coffey, Jackie Sandler
Género: Comedia romántica
Tras haberse estrenado de manera limitada en Nueva York, llega este fin de semana a las salas Laemmle Town Center, Laemmle Royal y Lumiere de Los Ángeles “31 Candles”, una comedia inesperadamente eficaz y decididamente encantadora que podría convertirse en el antídoto perfecto para quienes se encuentran agobiados por la típicas películas sobre las fiestas decembrinas que suele ofrecer Hollywood.
Lo interesante es que la cinta no esquiva ni por asomo la existencia de esas propuestas anodinas, ya que su protagonista, Leo Kadner, interpretado por Jonah Feingold (quien funge también de director y de guionista), es un cineasta neoyorquino que se gana la vida dirigiendo justamente producciones navideñas de inequívoca tendencia comercial. Pero eso no es todo, porque él mismo es ni más ni menos que un judio.
Partiendo de esa contradicción aparentemente irremediable, Feingold desarrolla un relato amable con la capacidad de atraer a espectadores de cualquier denominación, pero que no deja por ello de ser punzante, tremendamente divertido y adecuadamente específico en relación a la experiencia de la comunidad a la que pertenece su personaje principal, quien, en medio de sus intentos desesperados por ganarse el amor de un ‘crush’ de la adolescencia, decide someterse por primera vez a la ceremonia del bar mitzvah aunque tiene ya 30 años.
En lugar de caer en las trampas sentimentales del género, Feingold presenta situaciones cotidianas que no desembocan necesariamente en los resultados que se espera; y además de darle una presencia visual impresionante a la urbe que nunca duerme, no desaprovecha ni por un segundo el potencial cómico existente en las considerables diferencias de estatura de los potenciales enamorados, que, en este caso, hacen que la alta sea ella y no él.
El mismo realizador e intérprete demuestra además en la cancha (quise decir, en el set) que ponerse detrás y delante de la cámara no era un acto de vanidad, sino una decisión completamente acertada en vista de lo simpático que resulta en la pantalla y de la increíble química que desarrolla con su coestrella Sarah Coffey, quien ilumina cada escena en la que participa y que, curiosamente, no había actuado antes (aunque, obviamente, canta en una banda de indie rock de Brooklyn llamada Stolen Jars).
MAN FINDS TAPE
Directores: Paul Gandersman y Peter S. Hall
Reparto: Kelsey Pribilski, William Magnuson, John Gholson
Género: Thriller/Misterio
La modalidad del “material encontrado” (“found footage”) en el cine, que se instaló con fuerza en las salas gracias a títulos como “The Blair Witch Project” y la saga de “Paranormal Activity”, empezó a dar muestras de agotamiento tras su uso excesivo y su aplicación cada vez más indiscriminada a relatos que no la necesitaban.
Es por eso que llama siempre la atención el lanzamiento de propuestas que recurren a esta técnica con creatividad y con una intención específica, como es el caso de “Man Finds Tape”, la ópera prima de los directores Paul Gandersman y Peter S. Hall, que se estrena este viernes en el complejo Alamo Drafthouse Cinema de DTLA y en Video On Demand.
En la cinta, Lucas Page (William Magnuson) es un joven ‘youtuber’ inclinado hacia las teorías de la conspiración que atrae a sus seguidores con videos supuestamente misteriosos pero realmente ficticios, como representante de una generación de videastas improvisados que se dedicaban a hacer lo mismo.
Pero el asunto toma un aspecto mucho más preocupante ante un video que muestra a unos peatones que se inmovilizaron por completo mientras caminaban por una calle, lo que terminó produciendo un hecho de sangre, y que no tiene tampoco explicación para la hermana de Lucas, Lynn (Kelsey Pribilski), quien se encontraba en ese momento completamente descorazonada ante los excesos de su familiar.
En lugar de que el “material encontrado” sea una excusa para la falta de recursos financieros y técnicos, Gandersman y Hall se esmeran en justificar la existencia de esa clase de tomas que resultan muchas veces inexplicables en el subgénero, mientras desarrollan una trama definitivamente inquietante -y mucho más compleja de lo esperado- en la que los elementos sobrenaturales se combinan con interesantes reflexiones sobre la manipulación de las imágenes y su efecto en las creencias populares.