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‘Kinra’, la apuesta peruana para el Oscar, nos sumerge en la cosmovisión andina

Una escena de la cinta peruana "Kinra".
(Films Bastardía)
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Pese a que no ha tenido mayor fortuna en la contienda del Oscar -a lo largo de su historia, solo ha obtenido una nominación en la categoría de Mejor Película Internacional gracias a “La teta asustada” (2009)-, Perú no ha dejado de mandar a sus pretendientes al campo de batalla, y algunos de ellos han valido realmente la pena.

Ese es el caso de “Kinra”, una cinta sin intenciones comerciales, pero con una inmensa impronta artística, que se desarrolla mayormente en las montañas de la región andina, que está casi completamente hablada en quechua y que, ante la falta de un contrato de distribución comercial en estas tierras, fue proyectada por única vez en el Sur de California -más precisamente, en las salas de Los Feliz 3- mediante un convenio realizado entre el Consulado del Perú en Los Ángeles y la American Cinematheque.

Debido a las medidas restrictivas tomadas por la actual Administración, el director y guionista de la película, Marco Panatonic, no pudo obtener la visa necesaria para estar presente en el evento, por lo que su valiosa ópera prima fue representada por el productor Walter Manrique Cervantes, con quien conversamos luego de la proyección.

Debido a razones naturales en producciones de esta clase, e incrementadas por la llegada fulminante del Covid-19, “Kinra” tardó una década en hacerse, aunque el rodaje en sí tomó sólo cuatro semanas.

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En la sierra

“Las escenas principales se llevaron a cabo en la comunidad de Condes Collana, más precisamente, en la misma casa donde nació el director, porque la película se inspira en su vida”, nos dijo Manrique, que es arequipeño. “También filmamos en Santo Tomás, la capital de Chumbivilcas, y en la ciudad misma de Cusco”.

Antes de emprender este proyecto, Panatonic había hecho varios cortometrajes de manera completamente casera en Cusco, y según nuestro entrevistado, estos dejaban apreciar ya el buen ojo cinematográfico que tenía, así como su vocación para contar historias de tinte profundamente personal.

En el plano estético, “Kinra” desafía las reglas occidentales de la cobertura visual al estar compuesta por planos medios extremadamente largos en los que no hay insertos ni ‘close ups’, lo que tuvo que ser ventajoso en términos de presupuesto pero respondió en primer lugar a una intención específica por parte de Panatonic.

“El ritmo de la película fue una decisión estética y narrativa”, nos dijo Manrique. “Pero el empleo de planos largos proviene también de una cosa tan práctica como el hecho que quienes interpretaban a los personajes no eran actores, por lo que pedirles que retomaran el texto, que era ya improvisado, hubiera sido muy difícil”.

“Los ensayos que hicimos tampoco tenían cortes”, agregó el productor. “Les decíamos: ‘Dejen que todo fluya, y ya en el montaje se resolverá qué parte del metraje es el que se toma”.

El productor del film, Walter Manrique Cervantes, a su paso por Hollywood, California.
(Logan DeSaye for American Cinematheque at Los Feliz 3)

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Un rimo distinto

Por ese lado, “Kinra” es una película contemplativa, de cauce lento y apacible, que intenta reproducir la cosmovisión andina y la manera de vivir de unos campesinos acostumbrados a un ritmo de vida mucho menos acelerado que el que tienen los habitantes de las urbes.

Pero su puesta en escena se encuentra también vinculada a la profunda cinefilia que profesa Panatonic. “Una de las referencias que Marco ha reconocido es la de Lav Diaz”, retomó el productor, en alusión al reconocido cineasta filipino de estilo experimental cuya cinta más reciente, “Magellan”, se encuentra protagonizada por Gael García Bernal (y que, curiosamente, es la apuesta de la nación asiática para el Oscar).

“Claro que él hace películas mucho más largas, cercanas a las cuatro horas, mientras que ‘Kinra’ dura ‘solamente’ dos horas y cuarenta minutos, lo que la vuelve también difícil en términos comerciales”, comentó.

El relato desafía igualmente las expectativas de los espectadores en el sentido de que los esfuerzos del protagonista por conseguir una profesión como ingeniero que le permita supuestamente mejorar sus condiciones de vida en el campo (es decir, insertarse en un relato “de superación”) no son necesariamente validados por lo que se muestra en la pantalla.

“La imposición social de que si no eres profesional, no eres nadie, es muy típica, pero muchas veces, no es un sueño personal, sino algo que te ha dicho la familia y la sociedad y que te lleva a renegar de tus orígenes”, apuntó Manrique. “Nos parecía interesante cuestionar eso”.

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Conexión con la realidad

Pese a la discreción con la que maneja sus postulados sociales, “Kinra” insinúa en diversas ocasiones cuestionamientos de esta clase, como sucede en la cabina de internet donde se reúnen el protagonista y mejor amigo, y cuyas paredes están adornadas por un afiche que muestra a Keiko Fujimori (hija del cuestionado ex presidente) defecando sobre el mapa peruano y otro en el que se lee “no hay salvación para un pueblo sumiso”.

“La verdad es que esta es una película muy política, porque se presta para analizar no sólo el contexto actual, sino también nuestro pasado, para saber de dónde vienen las numerosas taras que tenemos como país”, reflexionó el productor. “Nada de eso fue casual, sino que hubo mucha discusión detrás”.

Lo dicho se aplica igualmente a la escena en la que, durante una de sus clases, Atoqcha (Raúl Challa Casquina) escucha las palabras de un maestro que critica duramente a los manifestantes cuyas voces se escuchan desde la calle, mientras recomienda a los estudiantes que se esmeren en obtener una profesión para “no tener que perder el tiempo” de ese modo.

“Marco y yo estamos a favor de las protestas y del cuestionamiento de la represión abusiva de estas, que ha incurrido incluso en asesinatos, y lo hemos dicho de manera muy directa”, enfatizó Manrique. “Pero no queríamos hacer una película panfletaria, sino sugerir temas para que el espectador pudiera darles significado”.

Walter Manrique Cervantes al lado de Daniela Ganoza
Walter Manrique Cervantes al lado de Daniela Ganoza, corresponsal de Univision, durante el panel realizado tras la proyección de la película en los teatros Los Feliz 3, el 4 de diciembre del 2025.
(Logan DeSaye for American Cinematheque at Los Feliz 3)
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En aras de la descentralización

Es particularmente importante que “Kinra” provenga del universo del cine regional, es decir, el que se está haciendo de manera cada vez frecuente fuera de Lima, rompiendo de ese modo la presencia hegemónica de la capital en lo que se refiere a la creación de producciones para la pantalla grande.

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“He escuchado a colegas limeños reconocer que el mejor cine peruano se está haciendo ahora fuera de Lima”, nos dijo el productor. “Y hay que aplaudirlo, porque las brechas son evidentes. Todo es más difícil dónde estamos, desde el acceso a la formación que se necesita para saber cómo filmar hasta el alquiler de equipos y la disponibilidad de técnicos profesionales”.

“De hecho, una de las propuestas principales de esta película era filmar con gente de regiones distintas”, añadió. “La mayoría del equipo fue cusqueño, pero hubo también tres arequipeños y dos puneños. Después de eso, la post producción de color se hizo en Puno y la de sonido en Arequipa. Es una especie de coproducción interandina”.

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