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Este ‘Michael’ incuestionable es ciertamente cuestionable, aunque no deja de sorprender

Jaafar Jackson caracterizado como Michael Jackson en una escena de la película "Michael".
Jaafar Jackson caracterizado como Michael Jackson en una escena de la película “Michael”.
(Lionsgate)
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En otras circunstancias, “Michael”, un ‘biopic’ celebratorio y, en más de un sentido, impresionante, hubiera sido un motivo de celebración mucho mayor para todos los que, en algún momento de nuestras vidas, admiramos profundamente a uno de los artistas más icónicos de la historia contemporánea.

Pero la realidad es que el legado de Michael Jackson quedó seriamente empañado por una serie de acusaciones y demandas que lo catalogaban como un abusador sexual de niños y que, a pesar de no haber tenido consecuencias legales, dejaron un sabor particularmente amargo en quienes lo adoraban, lo que se vio reforzado con el lanzamiento del estremecedor documental “Leaving Neverland” (2019), que contenía descripciones demasiado detalladas de supuestos actos suyos como para ser simplemente ignoradas.

Sin embargo, para muchos otros, el hecho de que Jackson fuera absuelto por la justicia en uno de los casos más sonados, y de que el otro se resolviera por una suma millonaria fuera de los tribunales, zanjó la discusión a su favor. A fin de cuentas, estamos hablando de una estrella cuya enorme fortuna podía convertirse en una tentación demasiado fuerte para quien quisiera aprovecharse de él, con el incentivo que se trataba de un ser humano particularmente excéntrico que reconoció públicamente que dormía con menores -lo que, claro está, era ya suficientemente preocupante-.

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Todo parece indicar que los creadores de “Michael”, la película que fue hecha con el respaldo de la familia Jackson y la supervisión de la misma, no habían optado inicialmente por eliminar la existencia de estas acusaciones en la pantalla grande. Pero ahora, con la cinta ya disponible, está más claro que nunca que, por diferentes motivos, terminaron ignorándolas en esta entrega, aunque hay fuertes indicios de que las retomarán en una secuela que, aparentemente, ha sido seriamente considerada.

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En busca de la perfección

Tal y como van las cosas, por el momento, “Michael” es una celebración completa y sin reparos del creador de “Beat It”, quien es presentado como un hombre de sensibilidad profunda que estuvo sometido a múltiples actos de violencia física por parte de su padre (y también manager) y que, pese a ello, logró sobresalir espectacularmente debido a sus maravillosas habilidades para el canto y el baile.

Nada de esto se encuentra en duda, claro; pero no profundizar de modo alguno en aspectos mas íntimos de su vida que pudieron provocar tanto desvíos intolerables de conducta como situaciones que podrían haber sido explotadas por aprovechadores en busca de dinero termina por reforzar la imposición de esa suerte de imagen divina que hace hasta ahora que sus seguidores más incondicionales se lancen a la yugular de cualquiera que pretenda cuestionarlo.

Para ser claros, “Michael” concluye en julio de 1988, cuando el ídolo tenía 29 años, mientras que el primer caso público de acusación se produjo en 1993 y las denuncias presentadas en “Leaving Neverland” hablan de abusos que habrían ocurrido a partir del mismo 1988.

Esto justifica de algún modo que no se toquen ni por asomo en esta “primera parte”, aunque, evidentemente, alguien que le dé crédito a las acusaciones y que hubiera hecho una película sobre la vida del artista (es decir, algo que no sucederá) habría al menos planteado pasajes inquietantes de los años que sí son mostrados en un film donde no existe nada que tenga que ver remotamente con relaciones sexuales o de pareja vinculadas al vocalista.

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Otra escena de la cinta.
(Glen Wilson / Associated Press)
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Una recreación inquietante

Haber empleado tantos párrafos para describir hechos completamente ajenos al contenido de la cinta demuestra lo difícil que puede ser aproximarse a esta vistosa producción sin considerar justamente lo que se ignora en ella.

Y eso es complicado, porque, si uno bloquea momentáneamente estos asuntos, “Michael” es una obra con altos valores de producción cuya capacidad para entretener la vuelve susceptible de ser vista varias veces, más allá de que su superficialidad se extienda a otras áreas que ya las descritas, de que sus aspectos visuales no tengan ínfulas precisamente artísticas (pese a haber sido dirigida por Antoine Fuqua, de “Training Day”) y de que muchos de sus personajes secundarios pasen prácticamente desapercibidos (sin considerar la ausencia completa de alguien que represente a la también famosa Janet, quien no quiso que se la incluyera).

En todo caso, lo que no deja de sorprender (y de maravillar) es lo que han hecho aquí los actores que terminan interpretando los papeles principales: Jaafar Jackson (el sobrino del astro, a quien se le encomendó el rol estelar) y Colman Domingo (quien asume con intensidad y convicción la interpretación de Joseph, el padre abusivo del aludido).

Domingo, quien tiene ascendencia guatemalteca, y que ha ofrecido ya actuaciones superlativas en títulos como “Rustin” (2023) y “Sing Sing (2023), se pone en la piel del déspota sin dejar de mostrarlo en sus facetas más oscuras y mercantilistas, pero dejándole todavía la posibilidad de soltar comentarios válidos sobre la discriminación racial y de exhibir atisbos de sensibilidad a través de su expresiva mirada.

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En la piel de un ícono

Pese a que la película tiene varias escenas de conciertos en las que se emplearon las pistas de voz originales, Jaafar cantó realmente en diferentes momentos, sobre todos los que nos trasladan a los estudios de grabación para mostrar a Michael entonando sus temas con los audífonos puestos (y que, por lo tanto, son escuchados por el espectador a capella).

Las escenas de baile (incluyendo el clásico ‘paseo por la luna’) fueron hechas completamente por él mismo, luego de someterse durante dos años a extenuantes sesiones conducidas por los coreógrafos originales de su tío, y en ese sentido, son completamente dignas de ser vistas, porque reproducen de modo extremadamente convincente esos movimientos que parecían imposibles de hacer y que, se piense lo que se piense del “Rey del Pop” en otros ámbitos, siguen poniéndonos la carne de gallina por las razones adecuadas.

La actuación de Jaafar, que recrea igualmente de modo impecable la voz hablada del representado y sus manerismos, se ve reforzada por el parecido natural que tenía con Michael en sus años de juventud, y por si eso fuera poco, en vista del proceso inicial de cirugía estética al que se sometió el autor de “Billy Jean”, el joven actor atravesó extensas sesiones de maquillaje y llevó incluso diferentes prótesis con la finalidad de lograr una interpretación física que, simple y llanamente, resulta notable, más allá de que haya sido retocada con herramientas digitales.

En medio de su ligereza, el film también presenta momentos musicales ciertamente valiosos, como el modo en que Michael componía sin el uso de instrumentos, la emoción que causaba en quienes se exponían por primera vez a su genialidad y la habilidad creativa que le permitió trascender las fronteras del pop comercial para crear canciones monumentales. A fin de cuentas, después de escribir esto, nos provoca volver a escuchar su música y ver sus presentaciones, para bien y para mal.

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