- Share via
A estas alturas, con la existencia de tres películas derivadas de lo que fue la trilogía original, se puede decir que la nueva generación de la franquicia de “Evil Dead” ha tomado finalmente una ruta propia.
Se trata de una etapa que, más allá de lo que se pueda decir de ella, mantiene un sentido de cohesión del que carecía la anterior, que tuvo en todas sus entregas al mismo protagonista, claro, pero que empezó con una de las cintas más aterradoras de todos los tiempos, siguió con un ‘remake’ en plan de comedia y terminó plasmada en una aventura medieval.
Siempre habrá puristas que rechacen todo lo que vino después de la influyente versión original de 1981. Pero lo que nadie debería negar es que las películas estrenadas entre el 2013 y el 2026 son particularmente incrementes, es decir, una característica apreciada por una gran cantidad de fans del género de terror.
Tampoco se trata de que estas mismas cintas recientes hayan tomado caminos absolutamente diferentes al que se planteaba en el film de debut, por supuesto. En primer lugar, se mantiene siempre presente el Naturom Demonto, un equivalente del Necronomicon (el Libro de los Muertos inventado por H. P. Lovecraft) con pasajes escritos que, al ser recitados, despiertan a entidades demoníacas, las mismas que se manifiestan a través de cuerpos humanos poseídos (los simpáticos ‘deadites’).
En ese sentido, “Evil Dead Burn”, que se estrena hoy, mantiene la premisa para convertirse en una secuela directa de “Evil Dead Rises” (2023), la cinta anterior, porque retoma brevemente al personaje de la ‘deadite’ Jessica (Greta Van Den Brink) para convertirla en punto de partida de un nuevo contingente de demonios con apariencia humana cuyas metas en la vida (¿o habría que decir en la muerte?) no son precisamente enaltecedoras.
Como ha sucedido desde el inicio de esta etapa, la escritura y la dirección de cada cinta han sido puestas en manos de un realizador que había dado muestras de talento, pero cuya carrera recién estaba empezando. Pasó con el uruguayo Fede Álvarez (quien se había dado a conocer con el cortometraje de ciencia ficción “Ataque de Pánico!”) en la “Evil Dead” del 2013; pasó con el irlandés Lee Cronin (quien solo había hecho un largometraje, “The Hole in the Ground”) en la citada “Evil Dead Rises”, y pasa ahora con el francés Sébastien Vaniček (autor de la celebrada y modesta “Infected”).
Lamentablemente, el hecho de contar con cineastas de diferentes partes del mundo (algo que no puede ser gratuito) no se ha trasladado a historias que rompan los confines geográficos habituales, lo que ha sido justificado por una suerte de fidelidad a unos orígenes de bajísimo presupuesto que limitaban las acciones a entorno específico, aunque esto mismo es debatible, ya que “Army Of Darkness” (1993) -filmada completamente en California- transcurría en Inglaterra.
Sea como sea, hasta el momento, las nuevas películas han sucedido únicamente dentro de la Unión Americana, y “Evil Dead Burn” no es la excepción. Pero el actual director y coguionista ha tenido al menos el tino de hacer que la protagonista Alice (Souheila Yacoub) sea una inmigrante francesa que habla ocasionalmente francés y cuya procedencia termina jugando un rol importante en lo que respecta a los comentarios que efectúan sobre las consecuencias del choque cultural.
Esta es la cinta colombiana de carácter punk, urbano y sobrenatural que se estrena en Los Ángeles
Para ser claros, la franquicia nunca había sido precisamente profunda en lo que respecta a los asuntos sociopolíticos. Y es entonces que entró a tallar Vaniček, quien venía de hacer “Infected”, un título que se desarrollaba en un barrio marginal de París, que tenía al frente a personajes provenientes de comunidades inmigrantes y que usaba a sus criaturas (unas arañas gigantes de picadura mortal) para aludir al racismo y la xenofobia.
“Evil Dead Burn” no se mete demasiado en el tema, y lo que pasa con Alice en relación a sus suegros tras la muerte espectacularmente trágica de su esposo Will (George Pullar) no decreta abiertamente que el rechazo que sienten ellos se deba a razones de nacionalidad; pero no se puede negar que el sentimiento está presente, como lo están también las frecuentes alusiones a los abusos físicos y psicológicos a los que era sometida ella en un matrimonio marcado por la violencia doméstica.
Desafortunadamente, Vaniček desperdicia la oportunidad de desarrollar realmente la relación entre Alice y Will, que es sin duda lo más interesante en el plano dramático de toda la película, para enfocarse en cambio en una serie cada vez más abrumadora de escenas de ‘gore’ destinadas a superar todo lo que se había visto hasta el momento en la saga, aunque, en su defensa, se podría decir que lo que hacen algunos de los integrantes de esta familia estadounidense típica al transformarse en monstruos es solo una manifestación exagerada de lo que ya llevaban dentro.
Por ese lado, el cineasta galo se sumerge con gusto en el llamado ‘Nuevo Extremismo Francés’, una corriente cinematográfica surgida a finales de los ‘90 y principios de los 2000 que privilegia la brutalidad y el desarreglo psicológico para narrar historias sin concesiones. Se trata, sin duda, de una decisión derivada de su participación en esta franquicia, porque “Infested” carecía por completo de ‘gore’ (como resultaba natural en una cinta sobre arañas).
En “Evil Dead Burn”, las decapitaciones, los apuñalamientos, las mutilaciones, las inserciones y los baños de sangre en general son tantos, y tan constantes, que no es posible recomendar ni por asomo su visionado a cualquier persona que sea mínimamente sensible a esta clase de exhibiciones.
Pero no faltarán los espectadores que acepten con entusiasmo lo que circula por la pantalla, plasmado con una combinación de efectos prácticos y digitales que funciona de maravilla, y que llega además reforzado por un diseño de sonido absolutamente impactante.
Incluso aquí, hay algo que distingue a Vaniček, en el sentido de que, a pesar de que las nuevas películas de “Evil Dead” han dejado considerablemente de lado el humor abundante de la primera trilogía (vamos, hasta la adorada entrega original tiene partes graciosas), “Burn” inserta momentos absurdos de distensión que le deben mucho a la inclusión del personaje de la abuela con Alzheimer (interpretado por Maude Davey)
Finalmente, en el plano visual, la cinta impresiona con una puesta en escena que no es del todo sorpresiva en los momentos iniciales, pero que, una vez que se desata el caos, alcanza picos ciertamente inspirados, como sucede durante un largo plano secuencia que mantiene el punto de vista de Alice mientras ella se desplaza desesperadamente por el suelo tratando de escapar de unos ‘deadites’ descontrolados que destrozan todo a su paso mientras se pelean salvajemente con otros humanos dentro de la casa familiar.
También hay una toma estática, pero perversamente inspirada y brillantemente fotografiada, en la que una pareja de muchos años se reconecta aparentemente con el romance perdido a través de un apasionado beso con sabor a sangre. No diremos más; tienes que verlo para creerlo.