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En ‘I Want Your Sex’, Gregg Araki toma la ruta divertida para volver a cuestionar las determinaciones morales

Olivia Wilde y Cooper Hoffman en una escena de "I Want Your Sex".
(Magnolia Pictures)
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Cuando le comenté que, además de ser esencialmente una comedia con elementos de ‘thriller’ y de la parodia, “I Want You Sex” tiene momentos realmente aterradores, Gregg Araki mostró su sorpresa ante una apreciación que, aparentemente, le pareció muy subjetiva.

En su decimosegundo largometraje, el reconocido cineasta angelino cuenta la historia de Elliot (Cooper Hoffman), un muchacho bastante inocente y descuidado que, luego de conseguir inesperadamente un puesto de asistente en la compañía de Erika Tracy (Olivia Wilde), una famosa y provocativa artista ‘de vanguardia’, termina convirtiéndose prácticamente en esclavo sexual de la misma.

Sin querer profundizar en el tema, me parecía razonable reconocer que tener una relación con una mujer tan dominante como la que encabeza esta película y encontrarse involucrado en las situaciones más extremas que ella misma exige suena como algo digno de temor; pero también es necesario señalar que el film, que acaba de incorporarse a la cartelera local, es una de las obras más despreocupadas de Araki, distinguido por la creación de títulos de temática LGBTQ+ tan contundentes como “Totally F***ed Up” (1993) y “Mysterious Skin” (2003).

“Este uno de mis trabajos más divertidos en plan pop”, nos dijo el realizador a través de una conexión virtual con Nueva York, donde se encuentra este fin de semana. “El mundo, y sobre todo los Estados Unidos, está pasando por un momento tan terrible ahora mismo (es como una pesadilla, un auténtico infierno), que tenía muchas ganas de aportar algo que, en cierto modo, resultara un poco reconfortante”.

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“Obviamente, sigue siendo algo provocativo y controvertido, como lo es siempre mi cine; pero tenía muchas ganas de ofrecerle al mundo algún tipo de alegría ‘queer”, añadió el artista, quien se ha autocalificado a veces como un ‘asiático-americano gay’. “El tono es muy particular, porque tiene un elemento de misterio casi policíaco, pero busca que pases un momento entretenido a lo largo de 90 minutos”.

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El desarrollo

Más allá de lo dicho, Araki reconoció que espera que, al salir de la sala, los espectadores reflexionen sobre lo que han visto y cuestionen el papel del sexo en la cultura actual, sobre todo en lo que respecta a los comentarios que se hacen acerca del hecho de que la Generación Z es la menos activa que ha existido en mucho tiempo en términos carnales.

“No pretendo que la película sea una charla magistral; la veo más bien como una forma de iniciar una conversación”, advirtió. “No le digo a nadie lo que tiene que hacer, pero muestro nuevamente que el sexo ha desempeñado un papel fundamental en mi trayectoria como persona y como artista”.

Nuestro entrevistado ha escrito la mayor parte de sus películas por cuenta propia, pero en este caso, desarrolló supuestamente el guión con Karley Sciortino, la escritora especializada en sexualidad con la que ya había trabajado los guiones de “No Apocalypse”, la serie televisiva del 2019 que se vio en Starz. Sin embargo, todo parece indicar que la autoría de lo que se ve ahora en la pantalla es mayormente suya.

“El periodo de gestación de este proyecto fue muy largo”, especificó. “La primera vez que leí el guión original, allá por el 2012 o 2013, era una historia bastante diferente que, para empezar, trataba sobre una becaria y su jefe, y no tenía ningún misterio de asesinato. Como no lo pudimos hacer en su momento, terminé escribiendo hasta 12 versiones distintas”.

En todo caso, Araki asegura que le parece más apropiado que el relato se esté presentando ahora, porque esto le permite conectarse con sensibilidades actuales y practicar un giro interesante en relación al resto de su obra.

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Un escena del director Gregg Araki en el set.
(Lacey Terrell)
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40 y 20

Y es que si bien esta no es la primera vez que coloca al frente a personajes muy jóvenes, ni la primera que muestra a estos en relaciones complejas con personas mucho mayores, en esta ocasión, los dos personajes involucrados cobran la misma importancia, lo que les permite destacar por cuenta propia.

“Lo que más me atrajo de esto fue la idea de presentar al personaje de Olivia Wilde, Ericka Tracy, que, en cierto modo, es una mezcla de Madonna y Robert Mapplethorpe”, describió el realizador, en alusión a la luminaria de la música y al desafiante fotógrafo del sadomasoquismo. “Ericka es una especie de superestrella del pop y un icono por derecho propio, pero, al mismo tiempo, alguien con muchos defectos que traspasa varios límites morales”.

La coyuntura actual le permite también encargarse de nuevos tópicos. En “The Living End” y “Mysterious Skin”, abordó el tema del sida y del VIH como obstáculos para el desarrollo de la sexualidad de sus personajes, pero, en esta ocasión, el problema al que se enfrentan estos chicos es haber crecido durante el estallido del COVID.

“La película es muy oportuna en relación a lo que está pasando ahora mismo”, admitió. “El otro día, salió un artículo de opinión en el New York Times sobre la ‘recesión sexual’ de la Generación Z. Creo que el personaje de Cooper explica muy bien los factores concretos que llevan a esto. Hay muchos jóvenes que tienen cierto miedo a salir y a la interacción cara a cara”.

“Conozco a mucha gente con hijos de 30 años que viven en casa y que nunca han salido con nadie; nunca han tenido novio ni novia, nunca se han enamorado, nunca les han roto el corazón”, añadió. “Es algo que me sorprende mucho, porque, para mí, la vida que he tenido ha estado siempre vinculada a las relaciones, los desengaños, la alegría y los altibajos ligados al sexo”.

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Araki insiste en que no está aquí para juzgar a nadie, y que entiende que esta generación, afectada por las restricciones de la pandemia, el papel de las redes sociales, la presencia constante de los aparatos móviles y la existencia de padres sobreprotectores tiene un gran miedo a la humillación. “Es un tema muy complicado y no tengo una solución para ello”, insistió. “Solo quiero sacarlo a colación y que lo debatamos”.

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Los límites del consentimiento

En “I Want Your Sex”, una de las razones por las que Elliot termina en las garras de Ericka es porque su fría novia Minerva (interpretada por la cantante británica Charli XCX) se niega a tener sexo con él. Y algunas de las cosas que su nueva jefa lo convence de hacer son prácticas que le pondrían los pelos de punta a muchos hombres heterosexuales que las considerarían sin duda dentro del ámbito gay.

¿Será que Araki está tratando de probar que, enfrentados al momento de la verdad, los varones se encuentran dispuestos a romper sus propias restricciones en la cama? “La película trata sobre la aventura y la exploración en las que se mete el personaje de Cooper”, nos respondió. “En cierto momento, el de Olivia le dice que es un ‘astronauta sexual’ explorando los límites de lo posible. La juventud es una época de exploración y de descubrirse a uno mismo”.

“Cooper hace un trabajo fantástico llevándote de la mano a través de la historia”, prosiguió. “Como espectador, siempre estás de su lado. Está confundido, toma muchas decisiones equivocadas y hace lo incorrecto, pero eso es lo que significa ser joven, y es algo realmente genial y hermoso”.

Araki terminó por reconocer que el mismo Hoffman (quien, por supuesto, es hijo del legendario y muy extrañado Philip) le dijo inicialmente que el guión lo aterrorizaba, pero que era justamente por eso que quería filmarlo. “Eso demuestra el gran artista que es, y es un nuevo indicio de que le espera una carrera espectacular, porque está dispuesto a arriesgarse”, afirmó.

“Si siempre estás en tu zona de confort, es como si no estuvieras en el mundo, porque el mundo es un lugar peligroso que da miedo y que se encuentra lleno de riesgos”, agregó. “Tienes que salir de tu burbuja, dejar ese lugar donde estás a salvo y adentrarte en el peligro”.

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Los desafíos interpretativos

Debido a su carácter explícito, las películas de Araki dependen de repartos preparados de antemano para asumir diversos retos, lo que hace suponer que no todas las estrellas de Hollywood se encuentran dispuestas a sumarse a sus proyectos.

“I Want Your Sex” es la primera cinta suya que se ha hecho con la asistencia de un coordinador de intimidad, es decir, esa clase de especialista que no era de uso obligatorio hasta hace algunos años, pero que se impuso en la mayoría de los sets a raíz del movimiento #MeToo.

“Tuvimos a Yehuda Duenyas, un tipo increíble con el que yo ya había trabajado en la televisión”, retomó el director, en referencia a lo que sucedió cuando se encargó de un episodio de la serie de Showtime “American Gigolo”. “Hay coordinadores de esta clase que son buenos y otros que son malos. Pero él es genial; facilita realmente el diálogo y ayuda a la comunicación.

“Por mi lado, trato también de que los actores se sientan lo más seguros que sea posible, sobre todo porque, en esos momentos, se encuentran en una situación vulnerable”, prosiguió. “Llevo rodando escenas de sexo desde los años ‘80, así que es algo con lo que me siento cómodo, aunque la verdad es que la decisión de usar o no a un coordinador es algo que dejo en manos de los actores”.

“Y es que todos los actores son diferentes; tienen sus propios entornos, sus propias historias, sus propias preocupaciones”, detalló. “Pero yo dejo muy claro durante el casting lo que se les va a exigir. Nunca elijo a alguien para luego darle luego una sorpresa”.

Sea como sea, y más allá de la naturaleza profundamente desafiante de sus historias, lo que Araki muestra directamente no es tan osado; como él mismo dice, se trata mayormente de desnudos “al estilo HBO, de pechos y traseros”.

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“Se hacen siempre con protección, y nunca muestro desnudos frontales, aunque, bueno, aquí sí hay uno, pero hecho por un actor que fue contratado específicamente para eso”, puntualizó.

Olivia Wilde en otro momento de la cinta.
(Magnolia Pictures)
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La parte sensorial

Como todas las películas de Araki, “I Want Your Sex” tiene una estética visual particularmente llamativa y expresionista que, en este caso, incluye la representación de la fabulosa Ericka, quien además de ser mostrada muchas veces en una oficina privada ciertamente alucinada, exhibe a lo largo de la historia una serie interminables de atuendos que no dejan de impresionar.

“Usamos de todo: látex, plástico y cuero”, retomó Araki, para celebrar a continuación la labor desarrollada por las diseñadoras de vestuario Arianne Phillips y Monica Chamberlain. “Este era un trabajo independiente con un presupuesto muy ajustado, y ellas se entregaron al máximo a la tarea para vestir no solo a Olivia, sino a todo el mundo”.

“En estos términos, nos referimos a Ericka como una especie de superheroína del sexo”, agregó. “Los decorados son también muy estilizados, porque, como director, no me interesa la realidad ni que mis películas luzcan como documentales”.

En lugar de ello, Araki prefiere crear mundos que funcionen como una especie de metarrealidad, con elementos acentuados que resulten más propios de la imaginación y de los sueños.

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El estilo visual de la película resulta también considerablemente expresivo. Hay momentos muy locos de animación, y hay incluso explosiones que se conectan con la llegada del orgasmo. Ya se habían visto cosas similares en otras de sus películas, pero en este caso, todo termina siendo muy colorido.

“Fue muy divertido, porque la historia está ambientada en el mundo del arte, que, por naturaleza, es más grande que la vida misma”, describió el realizador. “Además, el personaje de Cooper dice que tiene una imaginación desbordante, y la historia está contada casi por completo desde su punto de vista. Eso me daba, en cierto modo, carta blanca para muchos de los elementos que introduje”.

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