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El Spider-Man de Tom Holland alcanza la madurez en su película más impresionante

MJ (Zendaya) al lado del protagonista en una escena de "Spider-Man: Brand New Day".
(Jay Maidment/Sony Pictures)
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Cualquiera que haya seguido realmente una de las tres versiones cinematográficas de Spider-Man que se han hecho hasta ahora tendrá su favorita.

Los que nos criamos con los cómics de los ‘70 y éramos por lo tanto bastante grandes cuando se estrenó la primera tenemos un recuerdo particularmente grato de ella, pese a que, en lo que a mí respecta, el aspecto de Tobey Maguire no correspondía inicialmente a la imagen que tenía de Peter Parker.

Andrew Garfield, por su lado, fue mucho más parecido en términos físicos, aunque demasiado alto; pero la representación un tanto indiferente del personaje y la falta de historias interesantes le dieron forma a un paquete al que no le encontré demasiado encanto, aunque celebré que se incluyera la mítica escena de la muerte de Gwen Stacy, completamente desvirtuada en la trilogía anterior.

Luego llegó, por supuesto, Tom Holland, con el que establecí una relación un poco complicada, sobre todo porque su primera intervención se produjo a través de una entrega demasiado inocente y colorida para quienes habíamos disfrutado del superhéroe neoyorquino durante su aspereza setentera.

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Sin embargo, al llegar a su cuarta película propia (es decir, algo insólito en lo que respecta a las producciones arácnidas), y antecedido por la muerte de su tía May en “Spider-Man: No Way Home” (2021), la encarnación de Holland se ha convertido ya en un sujeto mucho más cercano al de nuestras preferencias, pero todavía con identidad propia, porque ha decidido dejar totalmente el romance de lado para convertirse en un solitario adicto al trabajo que ahoga sus penas combatiendo a cuanto malhechor se le ponga enfrente (y estos no le faltan).

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Desarrollo y decepción

No se trata solo de que Peter Parker haya crecido, por supuesto, sino de que también lo ha hecho Holland, quien, claro está, no tenía los 15 años del personaje interpretado cuando apareció por primera vez en la pantalla, sino 19, pero que, a sus 30 actuales, ha alcanzado naturalmente una madurez histriónica que le permite ser el centro de grandes escenas dramáticas de un modo plenamente convincente, como lo acababa de demostrar en “The Odyssey” de Christopher Nolan.

Adicionalmente, el hecho de que él y Zendaya sean una pareja en la vida real y de que exista toda una mística alrededor de ellos es un factor que afecta las sensaciones que tenemos al verlos juntos, y que debería hacerlo de manera positiva, porque el tipo de relación que tienen, y que trasciende definitivamente la pantalla, se encuentra sin duda atado a la generación de una química escénica que resulta sumamente difícil de encontrar.

En este ocasión, la misma dinámica es aprovechada sabiamente por los guionistas Chris McKenna y Erik Sommers para darle vida a momentos de confusión y de curiosidad vinculados a los hechos vistos en la cinta anterior (recuerden: la MJ de Zendaya no se acuerda de Peter) que desembocan en una escena memorable donde todos los involucrados en la película se confabulan para destrozar nuestros corazones de manera tan implacable como creativa.

No todo está en el papel, porque la interacción entre Peter y MJ le debe muchísimo al formidable juego de miradas establecido por Holland y Zendaya bajo la supervisión del director Destin Daniel Cretton, quien ha dedicado sus últimos años a Marvel (hizo tanto la película “Shang-Chi and the Legend of the Ten Rings” como la serie televisiva “Wonder Man”), pero que se inició en el cine independiente de calidad y sabe comandar escenas de diálogo intenso.

Es cierto que, en cierto momento, la película llega a un punto trágico que llega a resultar abrumador y que puede desconcertar a quienes celebran el lado más ligero del personaje central. A fin de cuentas, incluso en medio de las peores circunstancias, Peter era capaz de sacar a lucir su sentido del humor.

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Otro momento de la cinta.
(Sony Pictures)
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Sin mucha vuelta

Dicho esto, es necesario remarcar que los quiebres emocionales a los que el personaje se enfrenta se encuentran justificados por todo lo que le está sucediendo, incluyendo una transformación física que coquetea a la vez con la idea de la maduración humana y la de la transformación monstruosa, tipo “The Fly”; y no hay que olvidar tampoco que esta es una producción de 225 millones de dólares que no puede darse el lujo de dejar a su audiencia deprimida, por lo que nada garantiza que el final se mantenga en la tristeza.

Sea como sea, no deja de ser motivo de celebración que una cinta tan costosa y tan espectacular como esta se tome el tiempo necesario para desarrollar una serie de escenas íntimas y conmovedoras que, en algunos casos, pudieron ser mejor manejadas, pero que funcionan mucho más de lo esperado (y que, de manera curiosa, lucieron estupendamente en la enorme pantalla en la que me tocó ver esto).

Por ese lado, es también destacable que, más allá de la presentación esporádica de algunos personajes vinculados al MCU, “Brand New Day” limite su campo de acción para lograr un relato que no es breve (dura 145 minutos), pero que logra mantener el interés sin tener que brincar de una locación a otra (se mantiene en Nueva York, al menos temáticamente) y sin necesidad de incorporar a todos los Avengers (o lo que queda de ellos).

Si hay algo en el plano narrativo que no me convence del todo es la implementación de los ‘malos’; y no se preocupen al leer esto, porque evitaré los ‘spoilers’. La escena introductoria del film muestra a una amalgama de sujetos perniciosos que lucen ciertamente amenazantes (el Scorpio de Michael Mando -que fue presentado ya en las imágenes promocionales- es particularmente efectivo), pero a los que no se les da espacio suficiente para exhibir personalidades propias.

Esto sucede porque el relato se toma el tiempo necesario para darle vida al villano(a) principal, que va creciendo en interés a medida que las situaciones avanzan y que termina teniendo justificaciones realmente razonables para lo que hace, pero que, debido al modo paulatino en el que es presentado(a) y a los detalles de su aparición formal, no genera el impacto que debía generar.

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Imágenes en vuelo

Aunque el proverbial abuso de la CGI por parte de Marvel no ha sido nunca un motivo de entusiasmo para quien esto escribe, la manera en que se ha presentado a Spider-Man a lo largo de sus tres encarnaciones ha estado lejos de ser decepcionante; y esta película da un salto cualitativo al respecto.

Recurre, eso sí, a una novedad consistente en la limitación o eliminación de habilidades anteriores (que se debían a los artilugios tecnológicos de Tony Stark) y a la obtención de poderes más orgánicos que dificultan inicialmente las acciones del protagonista y dan pie a algunos momentos acertadamente cómicos.

Pese a sus condiciones para la pelea, y a diferencia de su amigo/enemigo The Punisher (que vuelve a ser interpretado de manera brillante por Jon Bernthal), Peter prefiere evitar la violencia cuando es necesario; y ese es un aspecto positivo de la propuesta fílmica que se impone sobre todo en el desenlace.

Pero los amantes de las escenas de acción no deben preocuparse demasiado, porque hay muchas de estas, y son realmente notables, empezando por una vinculada a un grupo de ninjas rojos que tiene deudas con el cine asiático de artes marciales y que fue supervisada por el equipo del mismísimo Jackie Chan.

En combate con The Hand.
(Sony Pictures)

Lástima que no pueda decirse lo mismo de la figura de Hulk, al que menciono aquí porque aparecía ya en los trailers y que sigue luciendo abiertamente como una creación digital, aunque, debido a las dimensiones exorbitantes que tiene en las historietas, resulte probablemente imposible recrearlo de otro modo si se pretende mostrarlo en toda su grandeza.

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Sea como sea, se trata de un personaje al que nunca se le ha dado la atención debida, lo que es una pena cuando se considera el talento que tiene Mark Ruffalo, quien vuelve a interpretarlo.

Más allá de estos reparos, “Brand New Day” es, finalmente, una entrega que tiene todo el derecho a competir de igual a igual con “Spider-Man 2” (2004), que era hasta el momento -al menos para mí- la mejor película de la franquicia.

Sinceramente, podría ser considerada incluso superior debido a su desarrollo dramático, aunque se ve inevitablemente afectada por el hecho de que, a estas alturas, no hay posibilidad de que resulte completamente novedosa, como tampoco lo podrá ser cualquier producción futura que se inspire en los superhéroes de siempre, quienes han sido explotados hasta el cansancio.

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