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No se ha hecho conocido por sus sutilezas, sino por todo lo contrario. Es probable que su nombre se encuentre eternamente atado a “Hostel” (2005), una cinta extremadamente intensa -y extrema en más de un sentido- en la que muchos analistas descubrieron comentarios apasionantes sobre el consumismo, la arrogancia estadounidense y el poder de las élites, pero que muchos otros insertaron directamente en la categoría no necesariamente grata del ‘torture porn’ a causa de sus imágenes incuestionablemente salvajes.
En realidad, Eli Roth, el cineasta estadounidense al que nos referimos, no ha escatimado nunca esfuerzos para lograr que las historias que presenta se encuentren coronadas por copiosos baños de sangre; y ese sentido, ha dividido constantemente las opiniones de quienes han visto su obra.
“Ice Cream Man”, la película suya que se estrena este fin de semana, es tan simple y fantasiosa en el plano narrativo que no despertará probablemente controversias en comunidades específicas, como sucedió con “Hostel” (que transcurría supuestamente en Eslovaquia) y “The Green Inferno” (que se desarrollaba en la amazonía peruana); pero pone las acciones brutales en manos de niños, es decir, un sector poblacional cuya inserción en esta clase de trabajos provoca el rechazo inmediato de ciertas audiencias.
En la cinta, Jared (Charlie Zeltzer) es un pre adolescente cuya intolerancia a la lactosa lo libra de la suerte sufrida por muchos de sus compañeros de escuela, quienes, luego de probar los productos ofrecidos por un misterioso heladero que ha llegado al idílico lugar en el que viven, se convierten en homicidas descontrolados.
Con la ayuda de algunos amigos que no han ingerido tampoco los fríos e irresistibles dulces por diversas razones, el protagonista deberá enfrentarse a un número indeterminado de infantes demenciales con una propensión particular por el desmembramiento de adultos.
En la entrevista con Los Angeles Times en Español que nos ofreció hace unos días, y que puedes encontrar a continuación tanto en su versión original en video -completamente subtitulada- como en una transcripción de texto -debidamente editada-, Roth ofreció detalles de lo que buscaba con este trabajo y de lo que sucedió durante el rodaje, aunque, desafortunadamente, no pudimos preguntarle por la controversia (porque siempre tiene que haber una) desatada esta semana luego de que él mismo admitiera el uso de herramientas de Inteligencia Artificial generativa en algunas escenas del film.
Eli, con esta película, vuelves no solo al terror, sino también a lo básico, a lo esencial. Supongo que esto tiene que ver con lo que pasó con “Borderlands”, tu película anterior, que manejó un presupuesto gigantesco pero a la que no le fue muy bien.
La verdad es que rodé “Thanksgiving” después de “Borderlands”, y la experiencia de rodar “Thanksgiving” fue tan genial que me volvió a meter el gusanillo por el terror. Pero lo que me inspiró a lanzarme a hacer esta película sin clasificación por edades fue lo que logró “Terrifier 3”.
Había escrito el guión con Noah Belson en el 2003, y la gente que lo leía me decía: “Esto es demasiado descabellado; nunca conseguirás una clasificación R”. Después vi “¿Quién puede matar a un niño?”, de Narciso Ibáñez Serrador -que es una auténtica obra maestra-, y me dije: “Nunca podré superarla. Es la mejor película de niños asesinos que se ha hecho jamás”.
Pero luego, con el paso del tiempo, al ver “Terrifier 3”, pensé que podría hacer una versión sin censura de “Ice Cream Man” y estrenarla en cines. Es que el público es increíble. El contenido sin clasificar ya se ha generalizado, y “Terrifier 3” demostró de verdad que las cadenas de cines están dispuestas a proyectar cosas así.
Este título forma parte de la nueva empresa que he creado, The Horror Section, con la que quiero crear un terror transgresor que nadie más haría: sin límites, sin filtros, sin censura y con presupuestos limitados.
Tengo que decir que el público latino me ha apoyado desde “Hostel” y que recibió muy bien lo que hice con Ana de Armas en “Knock Knock” y con Camila Morrone en “Death Wish”. Creo que les encanta la sangre y la violencia, y las van a tener en abundancia en esta nueva cinta.
He leído que una de las principales fuentes de inspiración para esta película fue un sueño que tuviste hace unos 20 años, y en el que había mucho helado y mucha sangre. A mí me suena a pesadilla [risas].
Cuando estaba haciendo la promoción de “Cabin Fever”, era verano, y uno de esos días, vi un camión de helados y me acordé de mi niñez en Massachusetts; cuando oías la música que salía de esos vehículos, salías corriendo a la calle, sin importar lo que estuvieras haciendo. En ese momento, también pensé: “¿Y si este vendedor fuera un asesino en serie? ¿Y si fuera como el Flautista de Hamelin y les estuviera lavando el cerebro a los niños?”
Es que no cuestionamos a un heladero que aparece de repente; hay una suerte de contrato implícito. Me imagine la música resonando por las calles de noche, y a todos los niños levantándose para cortarles la cabeza a sus padres mientras la música los controlaba. Esa era la idea original: un “apocalipsis infantil” tipo “Los pájaros”, con los niños en lugar de los pájaros, volviéndose locos ante unos adultos que no pueden hacer nada, porque, ¿cómo se le ocurriría a alguien hacerle daño a un niño?
Ahora tengo una hija pequeña, y en lo único en lo que pienso es en protegerla. Pero sabes que, en el fondo, no puedes. Puedes prepararlos para el mundo, pero en algún momento, ya sea a través de su móvil o de una pantalla, alguna fuerza maligna vendrá y se apoderará de ellos. ¿Y si alguien hace que se pongan en tu contra? Es un miedo realmente primitivo como padre que pude abordar en la que es mi décima película.
Pero el heladero malvado es también una suerte de mito urbano, ¿no? No se ha utilizado tantas veces en el cine, pero había al menos una película de los ‘90 que tenía el mismo nombre que la tuya, aunque esta no es un ‘remake’.
Cuando se hizo “It”, nadie pensaba que los payasos fueran malvados hasta que apareció John Wayne Gacy, quien abusó sexualmente de niños y los asesinó llevando uno de esos disfraces. Era algo tan inconcebible y tan aterrador. De alguna manera, algo muy bonito de la infancia acabó asociándose con el asesinato y el horror. Pero yo no quería un heladero malvado. Quería que fuera sonriente y amable, como el Sr. Rogers.
La película es extrema, pero también es una comedia. Y eso es una buena excusa para hablar de las influencias. Ya mencionaste a “Los pájaros” y a “¿Quién puede matar a un niño?”, que no son comedias ni por asomo; pero alguien del reparto dijo que era como una combinación de “Mi pobre angelito” y “28 días después”, porque los niños actúan como zombis. Cuando empezaste a trabajar en el guión, ¿cómo hiciste para incorporar todas esas referencias?
Desde el punto de vista cinematográfico, pensé en “Bad News Bears”, en la Liga Infantil, en el béisbol y en esa sensación de seguridad propia de la infancia. “E.T.” también fue importante, y no solo la escena de los niños montando en bicicleta, sino también la de la cena, que me pareció sumamente realista por el diálogo de los niños, que se dicen palabrotas unos a otros y no son conscientes de que están en un relato de ficción.
Visualmente, quería que se vieran los campos de béisbol verdes, los cielos azules, la furgoneta de helados azul y blanca. Quería recuperar esos recuerdos de la infancia, relacionados a programas televisivos como “Romper Room” y “Pee-wee’s Playhouse”, pero salpicándolos de sangre. Y también pensé en la versión de “Invasion of the Body Snatchers”, hecha en 1978 y dirigida por Philip Kaufman.
En ‘Spider-Man: Brand New Day’, las emociones crecen a la par que la espectacularidad
Como has dicho, esta es una película muy colorida, y eso es algo que uno no esperaría de una película de terror. Eso quiere decir que no te empeñas en que todas las que haces dentro del género mantengan una estética determinada.
Claro que no. Cada película que haces tiene su propia paleta de colores. En “Ice Cream Man”, quería reflejar los recuerdos de la infancia y lo que generan los helados; quería que todo se viera bonito, luminoso y colorido, porque trata sobre los niños, y los niños se lo están pasando en grande. Para ellos, es como la mañana de Navidad.
No creo que esta historia tenga nada que ver con la historia de “Thanksgiving”, ni con el sombrío invierno de noviembre en Massachusetts que se presenta ahí. Tampoco con “Hostel”, que empieza colorida y se va desangrando hasta que solo queda el rojo. Quería algo que rompiera con las expectativas de cómo se supone que deben ser las películas de terror.
En cuanto al reparto, ya has mencionado al heladero, que es interpretado por Ari Millen. En tus películas anteriores, ha habido villanos que no hablan, como sucedía en “Thanksgiving”. Pero, en este caso, no lleva una máscara, lo que implicaba que tenía que haber una interpretación facial. ¿Cómo fue trabajar con el actor a la hora de desarrollar el personaje?
Ari es un actor magnífico. Obviamente, me encanta David Howard Thornton y lo que hizo con Art el Payaso. Además, tiene una voz increíble, aunque sea un personaje mudo. Pero siempre me imaginé al heladero como un personaje que tampoco hablaba. Tenía esta imagen, como sacada de un cuadro de Norman Rockwell, sobre alguien guapo, dulce y amable.
Durante las audiciones, los actores leían el guión y se ponían en el plan del malvado; pero, como dije, yo no quería un heladero malvado. Y entonces entró Ari, con esa sonrisa suya y con una personalidad muy particular. Tenía que dar una sensación medio extraña, como si estuviera un poco fuera de lugar, como si hubiera algo no humano en él, pero que resultara a la vez delicado.
Ari es capaz de hacer esos microajustes. Es como una máquina perfectamente afinada. Hablamos mucho sobre los movimientos del personaje, su aspecto, sus intenciones y lo que piensa. Hay una escena en la que los niños están sacando a cucharadas el cerebro del director de la escuela, y él está ahí, tan orgulloso de ellos, tan feliz.
En cuanto a los niños, tuviste ya personajes de edades similares desde tu primera película, “Cabin Fever”; y, por supuesto, en las dos entregas de “Hostel”, aparece una horda de pequeños asesinos. Pero, en este caso, decidiste ponerlos completamente al frente y mostrarlos haciendo cosas mucho peores. Tuvo que haber un desafío por ahí, porque hay mucha gente que se pone nerviosa cuando ve a menores haciendo escenas violentas en la pantalla.
Bueno, fue una experiencia increíble. Quería actores jóvenes que fueran excelentes. No quería que actuaran como niños. Cuando ves “Stranger Things”, no piensas en ellos como niños. Ves a unos jóvenes actores increíbles. Pasa lo mismo con “It”, o incluso con “Bad News Bears”, cuando ves a Jackie Earl Haley como Kelly Leake.
Quería un estilo de interpretación muy naturalista. Así que los niños dicen palabrotas y hablan como hablan los niños. Les pregunté: “¿Quieren que los dirija como a niños o como a adultos?”. Y todos dijeron: “Como a adultos”, incluso los de 10 años. “Ok, los voy a dirigir igual que dirijo a Jack Black”, respondí.
Con respecto a los niños infectados, fuimos muy claros con los padres sobre lo que estábamos haciendo. Les dije: “Se trata de mis propios miedos como padre, de no poder proteger a mi hijo”. Y cuando estos niños están infectados, no saben que están haciendo algo malo. Están tan felices.
Todos los padres eran fans del terror, con hijos que crecieron viendo “The Walking Dead”. Incluso si no habían visto “Terrifier”, tenían las mochilas de Art Crispies. Y lo entienden todo. Cuando nosotros veíamos una película de terror siendo pequeños, si a alguien le cortaban la cabeza, pensábamos que estaba muerto. Ahora van a Instagram y dicen: “Oye, me encanta cuando te cortan la cabeza”. Saben lo que es fingir y les encanta Halloween.
Una de las normas es que los padres deben mantener contacto visual con sus hijos en todo momento. Así que las madres se me acercaban y me decían: “Oye, ¿crees que le podrían poner a mi hija una cabeza falsa?” O: “A mi hijo le gustaría tener un brazo”. Es que querían que sus hijos salieran más en la pantalla, porque ellas mismas crecieron viendo “Hostel”, “Thanksgiving” y “Green Inferno”.
Otra regla es que tienes que darles un descanso a los niños cada 45 minutos. Estábamos en ese parque infantil con 100 niños y un calor de locos, con todo cubierto de sangre y vísceras y a punto de rodar. Cuando dije: “¡Cámara, acción!, nadie se movió. Es que había un niño al que se le había desatado el cordón del zapato y no sabia como atarlo.
Quisiera hablar un poco de los efectos especiales, que lucen muy prácticos, aunque es probable que hayas usado también refuerzos digitales.
Sí, pero Steve Newburn y su equipo de Applied Arts estuvieron fantásticos, como lo estuvo también Adrien Morot, que ganó el Óscar por “The Whale” y estuvo también en “Thanksgiving”. El modo en que se encargaron de tanta carnicería fue increíble. En toda esa escena del ataque en el parque infantil, no paraba de lanzarles cosas, y ellos creaban un cadáver tras otro, sin pausa.
Nos encantan los efectos prácticos. Hay ciertas cosas que se pueden retocar digitalmente y todo eso, pero, para mí, una buena parte de la diversión es crear todo ese maquillaje y toda esa sangre.