Por lo general, cuando las bandas clásicas del heavy metal giran, los actos que las anteceden en el escenario suelen ser relativamente nuevos o no se encuentran simplemente a la altura de las expectativas, y eso es justamente lo que marca una diferencia de consideración en lo que respecta a lo que está sucediendo este fin de semana.
Y es que, con motivo de sus cinco décadas de existencia, y solo para ciertas fechas estadounidenses (como la que se produjo el viernes pasado y la que se dará este domingo, ambas en el BMO Stadium), la célebre agrupación británica Iron Maiden decidió convocar a un cartel de acompañamiento ciertamente ilustre, ya que se trata de Megadeth y Anthrax, es decir, dos bandas legendarias de la escena del thrash metal estadounidense.
De ese modo, la primera presentación angelina, que es a la que asistimos, tuvo un sabor a minifestival de lujo que resulta particularmente relevante cuando se sabe que nuestra ciudad es definitivamente mezquina en ese aspecto.
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Pero ya hablaremos de lo que hicieron los “teloneros”, porque, para empezar, tenemos que ahondar, obviamente, del set de la Doncella de Hierro, que se mantiene de pie a pesar de haber sufrido una pérdida importante: en tiempos recientes: la del baterista Nicko McBrain, que decidió retirarse en diciembre del 2024 luego de sufrir un accidente cerebrovascular.
La supervivencia de la banda, que sigue grabando discos y toca frecuentemente, ha sido tan poderosa que, cincuenta y un años después de su formación, y pese a lo sucedido, mantiene en sus filas a cuatro integrantes de la formación más clásica: el vocalista Bruce Dickinson, el bajista Steve Harris y los guitarristas Steve Murray y Adrian Smith.
El guitarrista Dave Murray al lado de la mascota Eddie.
(Chris Fanous)
Lo que no había sucedido recientemente es la inclusión en sus conciertos de ciertos temas antiguos que los fans extrañaban profundamente y que habían sido retirados debido a las dificultades que tenía McBrain para ejecutarlos; y esa era una carencia que, ante su salida y el ingreso del reemplazante Simon Dawson (procedente del proyecto paralelo de Harris, British Lion), está siendo subsanada, convirtiéndose con ello en el atractivo mayor de unas presentaciones que llegarán en las próximas semanas a México, El Salvador, Costa Rica ,Colombia, Ecuador, Perú, Argentina, Brasil y Chile.
Por ese lado, y para empezar con nuestras composiciones favoritas, la mayor satisfacción para nosotros fue la rendición de “Killers”, una pieza de 1981 que, antes de esta gira, no había sido interpretada desde 1999, y que posee esa rabia ‘punkera’ que distinguía al combo en sus inicios. No fue cantada originalmente por Dickinson, claro, sino por Paul Di’Anno; y el primero, que está en la agrupación desde 1981, la entonó a su manera, sin la agresividad de su antecesor pero con una potencia evidente.
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En ese sentido, también nos entusiasmó la presentación de “Murder in the Rue Morgue”, otra pieza de aquella época, que no había sonado en un show de Maiden desde el 2005 y que, curiosamente, está abriendo todas las fechas del tour.
Claro que, en términos generales, los fans han decretado que la mayor sorpresa es la inclusión de “Infinite Dreams”, una pieza relativamente tardía (se lanzó en 1988) que no había sido tocada por nuestros amigos en 38 años y que, bajo nuestro criterio, se encuentra lejos de ser excepcional, como no lo es tampoco el álbum que la contuvo, “Seventh Son of a Seventh Son”, que nos resulta sospechosamente comercial.
Pero si hablamos de complejidad, no podemos dejar de lado el retorno de “Rime of the Ancient Mariner”, original de 1984 y ausente del repertorio desde el 2009. Con casi 14 minutos de duración, la pieza presenta desafíos relacionados a su extensión y sus numerosos cambios rítmicos, aunque no es particularmente rápida.
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Ahora bien, en relación al material que no ha dejado de sonar en tours relativamente recientes, no podemos dejar de celebrar la rendición de “Powerslave”, que es para nosotros una de las mejores canciones de la banda (sus riffs tienen un aire siniestro encantador), sino la mejor, y que fue parte del estupendo disco del mismo nombre, representado también en el concierto por la citada “Rime” y por la infaltable “2 Minutes to Midnight”.
No faltaron, por supuesto, piezas indispensables como “The Number of the Beast”, “Run to the Hills” y “The Trooper”, cuya ausencia provocaría probablemente un motín; pero la segunda, empleada durante mucho tiempo para el cierre, le dejó ahora el puesto a “Wasted Years”, una composición que despertó emociones encontradas en su momento debido a sus coqueteos con la modernidad, pero que ha adquirido ya carácter de himno.
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A los 68 años, y luego de haber superado un tumor en la garganta, Dickinson sigue cantando estupendamente, con ese tono operático tan distintivo, y puede seguir siendo considerado con absoluta justicia como uno de los mejores vocalistas activos del género al lado de su compatriota Rob Halford, ‘frontman’ de Judas Priest.
Tampoco ha dejado de lado su transitar en la tarima, que podrá no ser tan intenso como en el pasado, pero que lo lleva todavía a desplazarse constantemente en la tarima y por unas pasarelas que se extienden no sólo al nivel del suelo, sino también en un plano más elevado.
Además, el mismo ‘frontman’ mantiene su favoritismo por los cambios de apariencia, y lo demostró al llevar unos lentes de aviador en “Aces High” y al asumir la presencia de Jack el Destripador en “Fear of the Dark”.
El vocalista Bruce Dickinson en acción.
(Chris Fanous)
La parte instrumental mantuvo también la solidez esperada, con ese habitual intercambio de líneas de guitarra entre Murray y Smith, quienes, desde hace varias décadas, se encuentran respaldados por Janick Gers, dueño de su propio estilo interpretativo y su propia presencia escénica, porque es el único de la partida que se anima a bailar (lo que, por supuesto, suena a herejía para ciertos fans del metal, pero es una actitud espontánea).
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En realidad, el que más soleó fue Murray, que parecía estar disfrutando realmente el proceso, mientras que Smith limitó más sus intervenciones por ese lado; pero, cuando le tocó destacar, logró un estilo más agresivo que el de su compañero, lo que generó un saludable contraste.
En el mismo plano, Gers (quien cuenta también con un gran talento para las seis cuerdas) tuvo aportes más esporádicos, mientras que el bajo supremo de Harris sonó increíblemente y los redobles de Dawson (más simples y rockeros que los de McBrain) solo parecieron desfallecer en cierto momento, antes de regresar incluso más fuertes.
Si bien la Doncella le está dando duro a su material añejo y lo está tocando de manera sobresaliente, no ha aplicado el mismo principio para la puesta en escena, porque, en lugar de la estética teatral que se lograba con el uso de telones de fondo y elementos mecánicos de utilería, ha optado por una suerte de renovación digital que se encuentra impecablemente implementada, pero que arrasa con la sensación de época y elimina de paso el encanto orgánico de la vieja escuela.
Lo que se aprecia ahora es una gigantesca pantalla digital de alta definición colocada en la parte posterior del tabladillo que recurre a animaciones de última generación desarrolladas de la mano de compañías internacionales especializadas en la materia.
Eso no quiere que el buen Eddie haya sido mandado al retiro. La habitual representación física de la mascota apareció de vez en cuando por ahí, para enfrentarse a Dickinson en el escenario durante, aunque su presencia más vistosa se dio a través de la pantalla citada y de manera digital.
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Dave Mustaine al mando de Megadeth en el concierto del viernes.
(Chris Fanous)
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Sinfonía de la destrucción
El grupo Megadeth se encuentra en la recta final de su existencia, y aunque no ha anunciado todavía una fecha exacta de extinción, vale la pena tratar de verlo cada vez que se pueda.
Más allá del evento especial en el que participó el jueves pasado en el Museo del Grammy, y al que lamentablemente no asistimos, lo del viernes fue una ocasión imperdible para apreciar su valía histórica.
Al tratarse de un acto secundario, la banda no ofreció un set completo, claro, pero sí razonablemente extenso (se extendió a lo largo de más de una hora) que le dio oportunidad de repasar los hitos mayores de su carrera bajo el mando del ineludible vocalista y guitarrista Dave Mustaine.
Fuera de “Tipping Point” un tema que procede de su álbum más reciente, “Megadeth” (2025), y que suena muy bien, el repertorio apuntó a la celebración de las composiciones antiguas, desde “Hangar 18” hasta “Holy Wars... The Punishment Due”, pasando por “Tornado of Souls”, “Symphony of Destruction” y “Peace Sells”.
En todo caso, la mayor sorpresa fue la adición de “Devil’s Island”, que no ha sido una pieza asegurada en estos shows, y que sirvió para la apertura, marcando con ello la pauta de la senda thrashera.
Mustaine sigue siendo el centro de atención, por supuesto, y aunque no es el guitarrista principal, además de los vibrantes riffs que interpreta, sigue haciendo solos extremadamente convincentes, en desmedro de la contractura de Dupuytren que lo aqueja (y que es el motivo principal detrás de su retiro).
No se puede esperar mucho de su canto, que nunca fue espectacular y cuya calidad ha ido disminuyendo con el paso del tiempo, sobre todo después del cáncer de garganta que tuvo que superar en el 2019. De hecho, en esta ocasión, sus cuerdas vocales parecía estar más afectadas que durante el concierto de agosto del 2024 en el YouTube Theatre al que asistimos para ofrecerles esta reseña.
Por fortuna, estas condiciones fueron mejorando a medida que avanzó el set, respaldadas por una interpretación instrumental notable. Ahora, el pelirrojo tiene a su lado a Teemu Mäntysaari, el excelente guitarrista finlandés que lo acompaña desde el 2023, y que se ha ganado a pulso el respeto de unos fans que, en muchos casos, siguen extrañando a Marty Friedman.
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Los neoyorquinos de Anthrax abrieron el evento.
(Chris Fanous)
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Capturado en el mosh
La actuación de Anthrax fue mucho más breve (duró cerca de 40 minutos), pero hay que agradecer que participara, porque no está formando parte de todas las fechas del tour de Maiden.
De hecho, al igual que Megadeth, la emblemática agrupación neoyorquina ha aprovechado su presencia en el Sur de California para presentar eventos propios, como el concierto íntimo que dará este sábado en el Roxy de West Hollywood (y que se encuentra ‘sold out’) para promocionar su nuevo álbum, “Cursum Perficio”, lanzado el 18 de septiembre.
De ese modo, pese a la brevedad de su intervención, Anthrax tocó el reciente sencillo “It’s for the Kids”, que es sumamente decente, aunque dedicó el resto de su tiempo a clásicos de la talla de “Among the Living”, “Caught in a Mosh”, “Madhouse”, I Am the Law”, “Indians” y sus conocidos ‘covers’ de “Antisocial (original del grupo francés Trust cover) y “Got the Time” (original del inglés Joe Jackson).
Sea como sea, se trató de un set acelerado y gozoso en el que destacaron la voz potente y limpia de Joey Belladonna y los riffs implacables de Scott Ian, y que, como tenía que suceder, desató el pogo casi de inmediato, en momentos en que el estadio se encontraba todavía a medio llenar y la luz del sol todavía brillaba.
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Además de contar de manera formidable y de mantener por todo lo alto su habilidad para los agudos ‘raspados’, Belladona animó constantemente a la audiencia con toda clase de arengas y aprovechó al máximo el tiempo disponible, logrando con sus compañeros que el acto (que contó con el sonido menos favorable de la noche) se sintiera particularmente vibrante y actual, lo que es mucho decir para una agrupación que, sin acercarse a la longitud de Maiden, tiene 45 años de existencia y sigue tocando con una velocidad prodigiosa, bajo el influjo de la labor todavía implacable del baterista Charlie Benante.
Escribe artículos de entretenimiento en Los Angeles Times en Español y lo hizo anteriormente en todas las ediciones impresas de HOY Los Ángeles. Previamente, trabajó como colaborador con el diario La Opinión. Inició su carrera periodística como redactor y luego editor del suplemento de entretenimiento “Visto & Bueno”, publicado por el diario El Comercio de Lima, donde hacía también críticas de cine.