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Pearl Jam y Pixies coronaron la fecha final del festival Ohana

Pearl Jam al frente de Pearl Jam durante la fecha final del Ohana 2026.
(Ismael Quintanilla III)
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Pasadas las ocho de la noche, cuando Pearl Jam ocupó finalmente el escenario, habían transcurrido cerca de 12 horas desde el inicio del día de cierre del festival Ohana, una creación de Eddie Pearl Jam que se desarrolló por décima ocasión en la playa Dana Point y que se encuentra dedicada tanto a la promoción del rock alternativo como a las causas sociales por las que aboga el sector más propositivo del mismo género.

Pese a que el brillo del sol había sido poco intenso, la sensación de humedad dentro del recinto al aire libre era particularmente alta, y aunque el evento cuenta únicamente con dos escenarios -ubicado uno al lado del otro-, era razonable esperar que muchos de los asistentes se encontraran ya agotados.

Pero valía realmente la pena hacer un esfuerzo adicional para tratar de acomodarse cerca de la tarima principal con la finalidad de poder ver lo que iba a ser una presentación de primer nivel, lo que no era una labor fácil cuando se considera que, a estas alturas, el espacio destinado al festival se ha quedado definitivamente chico y merece ampliarse.

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Para ser claros, dos días antes, Eddie Vedder, el vocalista del mismo PJ, había asumido ya las responsabilidades principales en el cierre de la jornada inaugural, acompañado por una serie de colegas entre los que figuraron Billy Idol, Simon Good y los integrantes de la célebre agrupación de Seattle que encabeza. Además, había presentado ante la multitud a Maná, la icónica banda mexicana, que hizo su debut en el festival esa misma noche.

Volviendo al domingo, en lo que respecta a las sorpresas, la más evidente parecía ser lo que lucía como la confirmación de que el nuevo baterista de PJ (luego de la salida de Matt Cameron por agotamiento físico) era, finalmente, Abe Laboriel Jr., quien apareció también el viernes y que, al regresar para el primer set completo del grupo en sí, estaba a todas luces asegurando una posición que, en palabras del guitarrista Stone Gossard, iba a ser anunciada justamente en este evento.

Sin embargo, el lunes pasado, Vedder subió a Instagram un mensaje que dejaba en duda el hecho, lo que llevaría a suponer que la plaza sigue abierta. En todo caso, lo de este fin de semana fue una oportunidad inmejorable para admirar a un músico inmensamente talentoso (su larga estadía en la banda de Paul McCartney es el mejor ejemplo) al mando de la sección percusiva de una de las mejores bandas del rock contemporáneo (Pearl Jam, por supuesto).

Otro momento inesperado fue la aparición del joven guitarrista de bluegrass Billy Strings, que se había presentado una noche antes por cuenta propia en el Kia Forum, para interpretar primero “Elderly Woman Behind the Counter in a Small Town” (que, según Vedder, le permitió al muchacho ganar un concurso de talentos en la escuela cuando tenía 10 años) y para sumarse tanto de manera inmediata a una versión de “Throw Your Hatred Down” de Neil Young como para regresar durante el ‘encore’ final, plasmado a través de otra adaptación de Young, esta vez de la clásica “Rockin’ in the Free World”.

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En el plano de los éxitos incuestionables, no faltaron “Even flow”, “Jeremy”, “Alive”, “Daughter”, “Way Go” y “Better Man”, enaltecidas por los solos absolutamente explosivos de Mike McCready y la voz potente, profunda y expresiva de Vedder; pero, en los mismos ámbitos, para nosotros, la más grata sorpresa, por motivos emocionales y circunstanciales, fue la inclusión de “Black”, que tiene que ser además una de las mejores power ballads jamás creadas, pese a que no pertenece a la rama del hard rock a la que se le adjudica normalmente el rótulo, sino a una vertiente mucho más intelectual (sin que eso quiera decir que no nos desarme por completo del “I Saw Red” de Warrant).

Mike McCready en otro momento del concierto.
(Ismael Quintanilla III)

Hubo también espacio para cortes menos conocidos, como “Long Road”, la pieza semi acústica que abrió los trámites -y que sirvió de paso para recordar a Glen Hansard-, así como para hasta cuatro cortes del álbum más reciente, “Dark Matter” (“React, Respond”, “Wreckage” y “Setting Sun”), que probaron la eficiencia de una producción en la que se mantiene todavía el sentido de la diversidad habitual en los proveedores del ‘grunge’ original.

En todo caso, más allá de cualquier novedad puntual, lo de Ohana sirvió para demostrar que, 36 años después de su fundación, PJ sigue siendo un grupo capaz de proporcionar un rock’n’roll increíblemente potente e interpretado todavía con un enorme nivel de energía por parte de todos los involucrados, incluyendo a Vedder, McCready, Gossard y el bajista Jeff Ament, quienes estuvieron acompañados en esta ocasión por el tecladista Boom Gaspar, el multi instrumentista Josh Klinghoffer y, por supuesto, el citado Laboriel Jr.

Más allá de la música, en las postrimerías del show, Vedder dio una declaración relevante al manifestar de manera implícita su rechazo al incidente reciente que involucró la salida de Macklemore de la gira de Ed Sheeran cuando aseguró que los artistas que participan en su festival pueden decir todo lo que quieran desde la tarima.

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“Esto forma parte de la libertad de expresión, algo aún más importante ahora que se intenta silenciar a parte de la prensa”, dijo. “Son más que bienvenidos a utilizar estos micrófonos para entablar una conversación o iniciar una reflexión. Y todo esto es porque confiamos en ustedes”.

Black Francis, de Pixies, impresionando en el evento.
(Ismael Quintanilla III)
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Pérdida de mente

Pese a que no fue la penúltima banda en presentarse, le tenemos que ceder el segundo lugar de nuestra nota a Pixies, la agrupación originaria de Boston que apareció en el segundo escenario a eso de las 5 y media y que, para nosotros, estuvo entre lo mejor de la velada.

Se puede hablar de gustos personales para justificarlo; pero eso sería quitarle méritos a un cuarteto que tiene que ser considerado como uno de los pilares incontestables del rock alternativo.

Aunque el vocalista y guitarrista rítmico Black Francis no escribe letras de temática social directa -se inclina por la ambigüedad, el surrealismo y las alusiones cósmicas- y no habla prácticamente en el escenario, esta simple postura lo hace altamente distintivo dentro de la escena independiente, lo que se suma a la calidad de una voz especialmente agradable que pasa del canto más apacible al grito más desenfrenado, teniendo como fondo una instrumentación que sigue fielmente estos devaneos mientras toma constantemente préstamos del indie, del noise y del punk.

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Uno de los momentos más llamativos de su acto en el Ohana fue la intervención de Vedder para convertirse en el intérprete vocal de “Waves of Mutilation”; pero lo cierto es que Francis no necesita de ningún reemplazante, porque cantó con la calidad de siempre temas clásicos que fueron desde “Gouge Away” hasta “Where is My Mind?”, pasando por “Debaser”, “Monkey Gone to Heaven”, “Caribou” y “Here Comes Your Man”.

La poderosa solidez del baterista David Lovering y el virtuosismo a veces incomprendido del guitarrista Joey Santiago (quien hizo toda clase de efectos de sonido) redondearon una faena que se completó con la presencia de Emma Richardson, la inglesa que se encarga del bajo y de los coros femeninos desde el 2024 y que hace muy bien las cosas. Su interpretación vocal de “Into the White”, la hipnótica pieza que cerró el set, fue muy acertada.

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Los otros actos

Jenny Lewis, de Rilo Kiley, durante su participación del domingo.
(Ashley Osborn)

Retomando el orden de las actuaciones, el lugar anterior a Pearl Jam y posterior a Pixies fue puesto en las manos de Fontaines D.C., un combo irlandés que, sin tener ni por asomo la longevidad histórica de los ya citados (existe desde hace menos de una década), se ha ganado el respeto de la escena.

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Y no se trata de que esté haciendo algo nunca antes escuchado; de hecho, en muchos sentidos, su estilo es una amalgama de referencias ochenteras como Joy Division, The Smiths y The Jesus and Mary Chain, mientras que otras composiciones suyas (de creación más reciente) asumen aires noventeros tipo Weezer.

En ese sentido, podría ser definida como una banda de ‘revival’ que, sin embargo, no imita canciones específicas del pasado, sino que escribe temas que podrán remitir a décadas pasadas, pero que tienen su propia personalidad, como es el caso de “Favourite”, “I Love You” y “Starburster”.

En todo caso, con el ambiente del atardecer a sus espaldas, las atmósferas musicales generadas por el conjunto se prestaron perfectamente para un momento de transición que, ciertamente, no dejó de lado los mensajes políticos, porque, casi al final de su show, el cantante Grian Chatten gritó: “Free Palestine!”

Más temprano, el cuarteto angelino Rilo Kiley, que se separó en el 2011 tras 15 años de carrera, pero que regresó a las andadas en el 2015, ofreció un set que tuvo que ser interrumpido en cierto momento por la emergencia médica sucedida a un miembro de la audiencia, pero que, fuera de ello, se desenvolvió sin complicaciones, como todos los demás.

Ante nuestros oídos, el atractivo indie rock de la banda local se hizo incluso más interesante cuando el combo empezó a tocar composiciones claramente influenciadas por los integrantes de The Beatles, lo que se hizo particularmente evidente durante la rendición de “Silver Lining””, que alude intencionalmente al “My Sweet Lord” de George Harrison.

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The Format, de Phoenix, se entregó por su lado a un estilo más melódico, pero marcado también por incursiones en el power pop. Lo suyo fue llamativo para quienes saben que el mismo grupo (que funciona creativamente como dúo) tuvo un largo proceso de separación que se rompió inesperadamente con el lanzamiento de su primer álbum en 20 años, “Boycott Heaven” (2026).

Fue justamente de este trabajo de donde surgió “Leave It Alone (Till the Morning)”, una pieza particularmente poderosa que cuestiona severamente la intervención estadounidense en el conflicto del Medio Oriente y que menciona directamente a los niños de Gaza que están muriendo de manera alarmante.

Ecca Vandal en las primeras horas del evento.
(Ashley Osborn)

No hay que olvidar que el vocalista Nate Ruess es la misma persona que, tras la primera separación de este conjunto, decidió fundar fun., el trío conocido mundialmente por la exuberante “We Are Young”.

Llegamos a tiempo para ver la parte final de la presentación de Ecca Vandal, una cantante y rapera originaria de Sudáfrica, pero radicada en Melbourne, Australia, que nos impresionó con la intensidad y la diversidad de su repertorio.

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Mientras menos lo esperábamos, arremetió con “Dance in Debt”, un rapidísimo hardcore; asumió aires más alternativos en “Cruising To Self Soothe”, y concluyó con los arranques electro de “Sorry! Crash!” Todo esto vino acompañado por la impetuosa voz de la titular, que no pasa nunca desapercibida. Le seguiremos definitivamente la pista.

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