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¿Por qué falló nuestra cuarentena por el COVID? Los escritores angelinos que la predijeron, responden

Geoff Manaugh and Dr. Luigi Bertinato wearing plague gear from different eras.
El coautor Geoff Manaugh, a la izquierda, y el Dr. Luigi Bertinato con equipo protector para pestes de diferentes épocas: Manaugh con el moderno, y el Dr. Bertinato con el traje de un médico de la era de la Peste Negra.
(Nicola Twilley)

Los autores Geoff Manaugh y Nicola Twilley hablan de “Hasta que se demuestre que es seguro”, una historia de las cuarentenas por enfermedades y un estudio de nuestra incapacidad para desplegarlas adecuadamente.

The Coming Quarantine” sonaba como un buen título para un libro cuando Geoff Manaugh y Nicola Twilley vendieron su idea a los editores. Ambos periodistas incluso tenían un inicio dramático: una pandemia simulada, relata Manaugh, “que evaluaba lo que podría suceder si una enfermedad se apoderaba de EE.UU”.

Bien, ya sabemos lo que ocurrió... Su nuevo libro, titulado The History and Future of Quarantine (Hasta que se demuestre que es seguro: la historia y el futuro de la cuarentena), explora las cuarentenas a través de los siglos. Pero aunque, muy al comienzo, la investigación requirió de una misión para encontrar a alguien que hubiese experimentado una cuarentena (encontraron un profesional de Médicos sin Fronteras), los autores escribieron la mayor parte del volumen durante el encierro reciente, con abundante evidencia a mano.

Las lecciones de historia de “Until Proven Safe” ayudan a esclarecer qué salió mal en 2020 y qué es necesario cambiar antes de un próximo aislamiento, que según ellos, definitivamente se avecina. Las órdenes de “permanecer en casa” del año pasado fueron intentos de cuarentena a gran escala pero, según un experto al que citan, si Estados Unidos hubiera realizado bloqueos estrictos, como una cuarentena de base amplia desde el principio, podría haber salvado muchas vidas. “Simplemente no tuvimos valor para eso”, les dijo el experto. “Porque es bastante humillante”.

El término “cuarentena” experimentó un cambio gradual de significado en 2020 y fue usado para todo, desde las salas de hospital cerradas hasta personas sanas que trabajaron en sus casas. Manaugh y Twilley lo definen de manera más clásica como lo que sucede cuando alguien ha estado expuesto a una enfermedad pero aún no se ha confirmado que la padezca, a diferencia del aislamiento, que se produce para quienes ya están infectados. “El caso de Mary Mallon [transmisora asintomática de fiebre tifoidea] se comentaba todo el tiempo, pero ella estaba aislada, no en cuarentena”, remarcó Manaugh. Twilley agregó que hay muchas similitudes en cómo debemos manejar ambas alternativas durante una pandemia.

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El par, que habló recientemente por video desde Los Ángeles, comenzó a pensar en el tema en 2009 durante un picnic en Australia, donde vieron un spa y un hotel que fueron reutilizados de lo que fue una antigua estación de aislamiento. “Las cuarentenas parecían una práctica de otra época, una técnica obsoleta”, relató Manaugh. “Pero rápidamente nos dimos cuenta de que no era así. Elegimos ese título original porque pensamos que las cuarentenas serían más comunes, no menos”.

La siguiente entrevista fue editada en pos de su extensión y claridad:

Geoff Manaugh (izquierda) y Nicola Twilley, coautores de “Until Proven Safe: The History and Future of Quarantine”.
(Gleb Kuznetsov | Jenny GG Photog/Farrar, Straus and Giroux)

¿Por qué estaban seguros de que sería necesario un libro sobre las cuarentenas?

Manaugh: Los seres humanos se adentran en paisajes y se encuentran con microbios y enfermedades a los que no se habían expuesto antes. Se suben a un avión y los llevan a Moscú o Los Ángeles. No tenemos vacunas para esas nuevas enfermedades. La cuarentena será lo único que nos permitirá controlar estos brotes.

Twilley: Y no se había reflexionado sobre ello desde épocas anteriores. Queríamos advertir que esto se avecinaba. Y ocurrió.

¿Quién es el lector de este libro?

Twilley: Esperamos que llegue a una audiencia popular. La forma en que la cuarentena ha dado forma al mundo fue fascinante. Ahora, que todos hemos pasado por ella, el libro es interesante de una forma diferente. Pero también quisiera que la gente que elabora políticas lo lea, para que podamos rediseñar mejor una cuarentena la próxima vez.

Ustedes mencionan las islas Hoffman y Swinburne, en Nueva York, los sitios de cuarentena para los inmigrantes que llegaban a través de Ellis Island. La instalación logró mantener las enfermedades fuera de la ciudad, pero abarrotó injustamente a las personas en condiciones inseguras. ¿Hemos aprendido a hacerlo mejor?

Twilley: No hemos aprendido las lecciones. La dificultad radica realmente en pensar en una cuarentena individual, versus masiva. Las personas con las que hablamos habían pensado en cómo reformar las cuarentenas, para hacerlas seguras y justas, y otorgarles derechos legales. Lo que no ocurrió fue pensar en cómo funcionaría una cuarentena masiva. Hicimos un recorrido por las nuevas instalaciones federales en Omaha antes de que abrieran, y no les había pasado por la cabeza que Estados Unidos necesitaría poner en cuarentena a más de 20 personas.

Manaugh: Como sociedad, no creo que hayamos aprendido a hacerlo mejor. La esperanza sería que el COVID-19 nos permita tomarnos un momento, pensar en las cuarentenas y mejorar para la próxima vez.

Ustedes han escrito sobre cómo, en el pasado lejano y reciente -por ejemplo, el Ébola en 2014-, la gente entraba en pánico, malinterpretaba los hechos y señalaba con el dedo. ¿Podremos tener mejores resultados la próxima vez, en esta era de mayor división y desconfianza?

Twilley: Es asombroso observar nuestra investigación y ver que los ejemplos contemporáneos se desarrollan de la misma manera. Siempre hay un grupo que está estigmatizado; el año pasado la gente empezó a hacerlo con los estadounidenses de origen asiático.

Manaugh: Depende de si alguien es pesimista u optimista. Creo que veremos el mismo patrón una y otra vez. Buena parte de la planificación de los CDC se desarrolló con gran detalle, pero no implementamos el plan. Algunas partes de este se aplicaron con éxito en lugares como Corea del Sur.

Twilley: Un experto nos dijo que el error que cometió desde antes del pasado año fue no pensar en cómo la política afectaría la implementación.

Manaugh: Con las circunstancias políticas adecuadas se puede realizar mejor la cuarentena, las pruebas, el rastreo y el aislamiento. Simplemente, aquí no lo hicimos. Dentro de diez años tendremos otra pandemia y veremos muchos de los mismos problemas.

"Until Proven Safe: The History and Future of Quarantine" by Geoff Manaugh and Nicola Twilley
(MCD Books)

¿Se justifica cierta desconfianza en el gobierno?

Manaugh: Muchas cosas que suceden en cuarentena se vuelven permanentes, por lo cual se corre el riesgo de una implementación generalizada de la tecnología de reconocimiento facial, o del registro biométrico de civiles. Existe el riesgo distópico de que un gobierno exija la cuarentena.

Twilley: La confianza es una palabra importante en cuestiones de cuarentenas.

Manaugh: Si invertimos en cuarentenas de la misma manera que lo hacemos en preparación para terremotos, huracanes o tornados, el tema se normalizaría. Nadie se siente en una distopía si ve una habitación a prueba de tornados en un aeropuerto. Comunicarse y hacer que la gente crea en el tema es esencial. El problema es que la salud pública es presentada como vigilancia, pero se necesitan datos concretos para comprender si una enfermedad se está propagando por la sociedad.

¿Hubiera sido diferente contar con un mandatario competente y preocupado por la situación el año pasado; o es imposible superar la cultura del individualismo estadounidense?

Twilley: Las cosas habrían salido mejor, pero las simulaciones señalaron esos problemas. Ya no hay una cultura cívica sólida y no se puede tener ‘salud pública’ sin un público. La gente combinó la libertad con la posibilidad de moverse como quería. Necesitamos tener una conversación más sensata sobre lo que entendemos por libertad, pero es un tema enorme. Y la cuarentena es muy difícil de implementar de manera justa en sociedades que son tremendamente desiguales. Es decir, hay muchos obstáculos.

Manaugh: Muchos estadounidenses entregan su información genética a 23andMe pero nunca lo harían al gobierno. En este momento, con la cultura política en el país, si una corporación interviniera con sus propios planes privados de cuarentena, una gran parte de la población confiaría en ella antes de hacerlo en el estado.

Eso es desalentador. ¿Estamos condenados, entonces? Empecemos por el lado pesimista.

Manaugh: La respuesta optimista es que, si adaptamos los planes de cuarentena para las prácticas culturales específicas y los diferentes tamaños de familias de cada región, creo que se puede tener éxito.

Twilley: Un investigador dijo que si las cosas se presentan como una opción, son mucho más aceptables. Siempre habrá personas que escaparán a una cuarentena; nunca será perfecta. Pero no tiene que ser perfecto para que funcione en términos de ralentizar la propagación; debe ser mejor. El objetivo de nuestro libro es que la gente sepa cómo mejorarla.

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí.


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