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El número de bebés infectados con sífilis ya iba en aumento; luego llegó la pandemia

Two gloved hands draw blood from another person's finger.
Alexandra Márquez, coordinadora de medicina ambulante de Los Angeles Christian Health Centers, le efectúa a Janice Johnson, de 59 años, una prueba rápida con punción en el dedo para detectar infecciones de transmisión sexual, en una clínica móvil ubicada en el centro de Los Ángeles.
(Mel Melcon / Los Angeles Times)

Cada vez son más los bebés del condado de Los Ángeles que se infectan de sífilis en el vientre materno, lo que puede provocar mortinatos, problemas neurológicos, ceguera y otras afecciones.

La mujer aseguró estar atormentada por el dolor y la incredulidad en la cama del hospital, con el vientre resbaladizo por el gel del ultrasonido, cuando un trabajador le dio la noticia: había un bebé en su interior.

Era un niño de seis meses de gestación, y su corazón no latía.

Durante meses, la mujer de 30 años había desestimado el vientre y los tobillos hinchados. Un embarazo parecía imposible porque había tenido problemas para concebir en el pasado. Además, agregó, “dejas todos los malos pensamientos en segundo plano cuando estás drogado”.

No fue hasta días después, mientras lloraba por su inesperado bebé, en su casa en el condado de Los Ángeles, que una enfermera la llamó para contarle lo sucedido, dijo. Ella la llama “la S”, una enfermedad que todavía la avergüenza nombrar.

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Cada vez más bebés en el condado de Los Ángeles se infectan con sífilis desde el útero, lo cual puede provocar muerte fetal, problemas neurológicos, ceguera, anomalías óseas y otras complicaciones. Hace nueve años, solo se informaban seis casos en todo el condado de Los Ángeles, según un informe del Departamento de Salud Pública. El año pasado, ese número llegó a 113.

Las cifras ya estaban en alza antes del COVID-19, pero los funcionarios de salud pública temen que la pandemia haya agravado el problema con el cierre de las clínicas que se especializan en detectar tanto esa como otras infecciones de transmisión sexual (ETS), además de haber congelado otras iniciativas para combatir la enfermedad.

La mujer cuyo bebé nació muerto, que habló bajo condición de anonimato para proteger su privacidad, relató que comenzó su trabajo de parto en una habitación de hotel, en enero pasado. Había evitado ir a una consulta médica a pesar de tener llagas dolorosas.

En ese momento, dijo, temía que ir a una clínica pudiera llevarla a la cárcel por consumir metanfetamina. “Uno piensa: ‘Me voy a meter en problemas porque estoy drogada’”, reconoció.

El aumento de la sífilis congénita ha sido especialmente frustrante para los expertos porque la enfermedad puede combatirse debidamente si las mujeres embarazadas se someten a pruebas y son tratadas a tiempo. A otros países se les ha atribuido el mérito de detener la transmisión de la sífilis de madre a hijo en los últimos años, incluidos Tailandia y Bielorrusia.

Los funcionarios federales pensaban que Estados Unidos estaba a punto de unirse a esas naciones. En cambio, los casos de sífilis congénita se dispararon a nivel nacional, de 334 en 2012 a más de 2.000 el año pasado. “No hubo una inversión sostenida durante todo el tiempo que necesitábamos para eliminar realmente la enfermedad”, señaló Mario Pérez, director de la División de Programas de VIH y ETS del Departamento de Salud Pública del Condado de L.A.

Los expertos vincularon el aumento más amplio de la sífilis a una serie de factores que incluyen el uso de metanfetamina y las relaciones sexuales sin preservativo. Los hombres que tienen sexo con hombres han sido especialmente vulnerables, pero el número cada vez mayor de mujeres y bebés generó una alarma particular entre los funcionarios de salud debido a las consecuencias potencialmente devastadoras.

La sífilis es curable en un bebé si se detecta y trata a tiempo, pero si la madre también es VIH positiva, una infección por sífilis puede aumentar el riesgo de transmitir el VIH al feto al romper la barrera natural de la placenta, explicó la Dra. Mikhaela Cielo, pediatra especializada en enfermedades infecciosas del USC Medical Center del condado de Los Ángeles-USC.

La enfermedad se ha comportado como una especie de prisma siniestro, refractando problemas sociales como la adicción y la falta de vivienda. En el condado de Los Ángeles, hasta dos tercios de las madres que transmitieron la sífilis a sus bebés dijeron que habían usado drogas mientras estaban embarazadas, según estudios de casos del Departamento de Salud Pública entre 2016 y 2018.

Entre el 10% y el 20% estaban desamparadas. El cuarenta por ciento nunca recibió atención prenatal, y casi el 30% tenía antecedentes de arresto o encarcelamiento. En las cárceles del condado de Los Ángeles, se confirmaron ocho casos de sífilis entre 170 pacientes embarazadas atendidas a fines de agosto, señaló el Dr. Noah Nattell, que supervisa la salud de la mujer para la agencia de Servicios de Salud Correccional del condado.

A mobile clinic at 5th Street and Towne Avenue in downtown Los Angeles.
La clínica móvil del Departamento de Salud Pública del Condado de Los Ángeles, en asociación con People Concern y Los Angeles Christian Health Centers, realiza pruebas de detección de sífilis, hepatitis C y VIH, también ofrece comidas calientes y otras necesidades.
(Mel Melcon / Los Angeles Times)

La sífilis no se limita a las cárceles, sino que “todos los sistemas que existen para que alguien sea encarcelado”, dijo, “son también los que llevan a las personas a evitar o ser excluidas del sistema médico”.

La enfermedad también refleja la desigualdad racial: la gran mayoría de los casos de sífilis reportados entre las mujeres en edad reproductiva del condado de Los Ángeles son entre latinas y negras, según las estadísticas.

La mujer que perdió a su bebé relató que comenzó a usar metanfetamina en un momento abrumador de su vida, entre las demandas de un trabajo estresante, la escuela y una relación que se había vuelto tensa después de sus problemas para quedar embarazada.

En ese momento, la droga parecía “un boleto a la libertad”. Ella renunció a su trabajo poco gratificante, su novio se mudó. La metanfetamina la hacía sentir valiente, “como si finalmente pudiera respirar hondo”. Comenzó a ver a un hombre que le dijo que no necesitaba usar condón con él, una decisión que ahora considera ingenua. Después de que se separaron, entabló una relación con un amigo que se convertiría en el padre de su bebé.

Cuando comenzó a sentir que le llegaban las olas de dolor en una habitación de hotel donde pasaba tiempo con su novio, otro hombre y su novia, esa joven rápidamente se dio cuenta de que era un trabajo de parto y los instó a llamar al 911, dijo. Pero los hombres se enfurecieron con la idea, recordó, porque había drogas allí y no querían llamar la atención de la policía.

Jennifer Wagman, profesora asociada de ciencias de la salud comunitaria en la Facultad de Salud Pública Fielding de UCLA, consideró que el aumento de sífilis congénita en todo el país es una señal de oportunidades perdidas para detener la enfermedad. Los investigadores descubrieron que, a nivel nacional, no todas las mujeres embarazadas se someten a pruebas de detección de sífilis a pesar de las insistencias de los funcionarios de salud.

Incluso si fueron diagnosticadas, casi un tercio de las mujeres embarazadas con sífilis no recibieron la atención que necesitaban, según un análisis de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE.UU. Wagman explicó que muchas razones están relacionadas con otros problemas en sus vidas: algunas no tienen seguro. Es posible que muchas se hayan hecho la prueba, pero nunca obtuvieron los resultados finales o el tratamiento porque no tienen una dirección o un número de teléfono regulares.

Y algunas temen que, si ven a un médico y se descubre que están consumiendo drogas, podrían verse obligadas a renunciar a su hijo. El informe del condado de Los Ángeles encontró que entre 2016 y 2018, al menos el 30% de los bebés con sífilis congénita fueron puestos bajo la custodia del Departamento de Servicios para Niños y Familias (DCFS, por sus siglas en inglés).

Los funcionarios del condado indicaron que los médicos pueden informar preocupaciones sobre la seguridad infantil al DCFS, pero es “solo en los casos más extremos” en los que se toma custodia de un bebé, luego de una evaluación que se realiza después del nacimiento y no durante la atención prenatal.

La mujer del condado de Los Ángeles también temió, después de que su bebé nació muerto, ser acusada penalmente porque había metanfetamina en su cuerpo mientras estaba embarazada, algo que generó cargos para otras personas en California. En un momento, la morgue le dijo que tenía que suspender la cremación porque “el estado estaba involucrado”, pero finalmente no se presentaron cargos, comentó.

Algunos expertos ven el resurgimiento de la enfermedad como un síntoma de deterioro de la salud sexual. Jeffrey Klausner, profesor clínico de ciencias de la población y la salud pública en la Escuela de Medicina Keck de la USC, señaló que la financiación federal se redujo hace aproximadamente 15 años, seguida de recortes para las agencias de salud pública debido a la recesión subsiguiente.

En un condado tan vasto como Los Ángeles, argumentó, debe haber una estrategia proactiva para combatir las enfermedades de transmisión sexual que llegan a las comunidades afectadas. En cambio, “todo ha sido muy fragmentado, reactivo y desarticulado”.

La pandemia no ha ayudado. Una encuesta estatal encontró que en la mayoría de las jurisdicciones de salud que respondieron, más de la mitad de la fuerza laboral había sido reasignada a las funciones de la lucha contra el COVID-19 hasta septiembre pasado.

Los casos reportados de sífilis cayeron en California, pero las autoridades advierten que eso podría deberse a la menor cantidad de pruebas que se efectúan. Muchas de las clínicas donde el Departamento de Salud Pública del Condado de Los Ángeles ofrece exámenes, diagnóstico y tratamiento de ETS cerraron temporalmente en medio de la pandemia.

Los planes para lanzar un nuevo equipo centrado en la “respuesta rápida” a los casos de sífilis, incluida la oferta de pruebas a la gente en los campamentos de personas sin hogar, se frustraron. Las enfermeras que normalmente manejan casos de mujeres diagnosticadas con sífilis fueron obligadas a desempeñar tareas relacionadas con el coronavirus, lo cual significó que otras debieran asumir la responsabilidad y manejaran de 30 a 40 casos cada una, además de sus otras tareas, detalló la Dra. Sonali Kulkarni, directora médica de la división del condado de programas de VIH y ETS.

En agosto, la Comisión de VIH del condado de Los Ángeles advirtió que “la respuesta a las ETS, que ya carecía de personal y recursos, se vio agravada por la redistribución de casi todo el personal al trabajo de lucha contra el COVID-19". La mayor parte de los programas del condado y de la comunidad se “redujeron gravemente en capacidad, o se suspendieron por completo”.

Ciara DeVozza talks with Janice Johnson as she waits for test results at a mobile clinic in downtown Los Angeles.
Ciara DeVozza, izquierda, directora de programa de People Concern, y Janice Johnson conversan mientras esperan los resultados de las pruebas de la clínica móvil. “Para llegar a las personas marginadas es necesario estar aquí, hacerlas sentir seguras”, señala DeVozza.
(Mel Melcon / Los Angeles Times)

Una rara excepción es una clínica móvil en skid row, lanzada durante la pandemia por Los Angeles Christian Health Centers, People Concern y el departamento de salud pública del condado, para evaluar a las personas en busca de infecciones de transmisión sexual.

Debido a que su prueba rápida detecta cualquier exposición a la sífilis, incluidas las infecciones previas, se debe extraer más sangre para verificar si hay una infección actual. Obtener esos resultados puede tomar días, lo cual podría significar rastrear a los pacientes en la calle. La iniciativa en skid row también distribuye comidas calientes, kits de higiene, aerosol de naloxona para revertir las sobredosis y otras necesidades.

Para llegar a las personas marginadas, “tienes que estar aquí, hacerlas sentir seguras”, enfatizó Ciara DeVozza, directora del equipo de contacto para individuos sin hogar de C3 en skid row, de People Concern. “No es así como está diseñado el sistema médico”.

Cuando su bebé fue cremado finalmente, la mujer del condado de Los Ángeles pidió poner sus cenizas en una urna decorada con un ángel que envolvía a un pequeño con sus alas. “Siempre quise tener un bebé”, aseguró. “Siempre le pedí a Dios por esto y recibí este regalo, pero ahora tengo que decidir qué descanso final darle”.

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí.


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