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EEUU

Los precios de los alimentos en EE.UU experimentan un aumento histórico, y es posible que sigan altos

Food prices
Hardik Kalra reabastece carne en el refrigerador de un supermercado local, el viernes, en Des Moines.
(Associated Press)

Los compradores estadounidenses han visto cómo los costos de la carne, los huevos e incluso las patatas se disparan a medida que el brote de coronavirus ha perturbado las plantas y las redes de distribución.

Como si los viajes a la tienda de comestibles no fueran lo suficientemente estresantes, los compradores estadounidenses ahora se enfrentan también a un incremento en los precios de la carne, los huevos e incluso las papas, a medida que el coronavirus interrumpe la actividad normal en plantas de procesamiento y redes de distribución.

En términos generales, el costo de los alimentos para consumir en casa aumentó más que nunca en 46 años, y los analistas advierten que los precios de la carne en particular podrían seguir siendo altos mientras los mataderos luchan por mantener los niveles de producción e implementan procedimientos para mantener a salvo a sus trabajadores.

Si bien los precios de los alimentos básicos, como los huevos y la harina, se estabilizaron a medida que la demanda de los consumidores también lo hacía, los valores siguen variando para las zanahorias, las papas y otros artículos debido a problemas de transporte y preocupaciones por la salud de los trabajadores que cosechan y cumplen tareas en plantas de procesamiento.

En resumen, los clientes de supermercados y propietarios de restaurantes no deben esperar que los costos bajen pronto.

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“Nuestra mayor preocupación son los costos de los alimentos a largo plazo. Creo que continuarán subiendo”, estimó Julie Kalambokidis, copropietaria de Adriano’s Brick Oven, un restaurante en Glenwood, Iowa.

Tamra Kennedy, dueña de nueve franquicias de comida rápida de inspiración mexicana en Iowa y Minnesota, participó junto con Kalambokidis en una llamada propuesta por la representante estadounidense Cindy Axne (D-Iowa) y comentó que a veces incluso conseguir ingredientes esenciales es difícil. “Puedes elegir algo y es posible que te respondan que hay escasez”, comentó.

Las grandes fluctuaciones en los precios de los alimentos comenzaron en marzo, cuando el brote de coronavirus se empezó a sentir entre los consumidores estadounidenses.

El Departamento de Trabajo informa que el salto del 2.6% en los valores de los alimentos en abril fue el mayor aumento mensual en 46 años. Las carnes, aves, pescado y huevos incrementaron más, un 4.3%. Aunque el alza del 2.9% en cereales y productos de panadería no fue tan pronunciada, siguió siendo el mayor registrado por la agencia. Los productos lácteos y afines, así como las frutas y verduras, aumentaron un 1.5% en abril.

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El panorama de los trabajos se oscurecerá a corto plazo, dicen los ayudantes de Trump. Pence niega que esté en cuarentena.

Los precios de los huevos también alcanzaron un récord histórico de más de $3 por docena a fines de marzo, pero desde entonces han caído a menos de $1.

La situación fue peor para las carnes, en gran parte debido a la enfermedad de los trabajadores de mataderos. Los brotes afectaron las plantas de procesamiento de carne de cerdo, pero los procesadores de res y pollo también se vieron perjudicados, ya que miles de empleados dieron positivo por el coronavirus y el sindicato United Food and Commercial Workers afirmó que al menos 44 trabajadores habían muerto por COVID-19 hasta el viernes.

Los precios minoristas de abril para las chuletas de cerdo deshuesadas y el jamón fueron casi un 6% más altos que en marzo y para las hamburguesas y el solomillo fueron aproximadamente un 4% más caros, informó el Departamento de Agricultura de EE.UU. Los pollos frescos enteros aumentaron en más del 12%.

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Después de numerosos cierres, la mayoría de las plantas de carne de cerdo reabrieron sus puertas, pero no a plena capacidad, lo cual obligó a los criadores a sacrificar a aquellos animales que no podían procesarse.

“Hay restricciones biológicas para esto, por eso anticiparía que los precios se mantendrán altos al menos por un tiempo”, consideró Trey Malone, economista agrícola y profesor de la Universidad Estatal de Michigan. “Si se sacrifican miles de animales y lleva seis meses criar uno nuevo, obviamente habrá algún tipo de retraso o amortiguación en la cadena de suministro”.

A mediados de mayo, los mataderos de carne de res y cerdo operaban a una capacidad de aproximadamente el 60%, aunque esa cifra escaló a casi el 90%, apuntó Jayson Lusk, economista de la Universidad de Purdue. Si bien, se mostró optimista de que lo peor de la crisis de suministro de carne haya pasado, expuso que siempre es posible que una segunda ola de enfermedad empeore la situación.

Algunos saltos en los precios de los comestibles se debieron a que las personas se abastecieron por demás cuando llegó el coronavirus. Aunque algunos descendieron, el costo de productos como papas, cebollas y zanahorias se mantiene por encima de los valores del año pasado.

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Gran parte del aumento parece deberse a que más personas cocinan en casa.

Los trabajadores se hacinaban virtualmente hombro con hombro para atender las líneas de producción que se movían a velocidades inexorables, altos índices de enfermedades y lesiones, bajos salarios y reglas implacables sobre el tiempo libre o los descansos para comer o ir al baño. Las descripciones de la actual industria empacadora de carne suenan tomadas de Upton Sinclair.

En el caso del ajo, la mayoría del cual se importa desde China, el aumento del 278% respecto al año anterior se debe en gran medida a la lentitud en la cadena de suministro en esa nación.

Jeff Dunn, CEO de Bolthouse Farms, un importante proveedor de zanahorias y distribuidor de aderezos para ensaladas y bebidas a base de frutas y verduras, no anticipa nuevos problemas de suministro. Pero señaló que algunos de los trabajadores de su empresa en distribución y trabajo de campo se enfermaron, y que hay un costo adicional para implementar y mantener procedimientos destinados a mantener la salubridad de los empleados.

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Alguien tiene que pagar esos costos, expuso. “Se está construyendo un valor real en todas las cadenas de suministro. No sólo para nosotros, sino también para el minorista, en términos de sumas incrementales asociadas con el COVID”, destacó Dunn. “En algún momento, si se quiere retener algún tipo de margen, esos costos tendrán que ser transferidos o reconocidos por el gobierno de algún modo, con determinada ayuda”.

Dado que el porcentaje de cheques de pago de los estadounidenses que se destina a alimentos ha disminuido en los últimos 50 años, es probable que muchas personas puedan manejar los recientes aumentos de precios. Pero el brote de coronavirus también ha dejado sin trabajo a aproximadamente 41 millones de individuos en el país, y para ellos, incluso un pequeño incremento de precios puede ser problemático.

“Obviamente hemos visto un aumento récord en las solicitudes de desempleo, por lo tanto hay más personas en riesgo en ese sentido, que literalmente no tienen ningún trabajo para ganar el dinero que necesitarían para comprar los alimentos que tradicionalmente adquiere”, consideró Malone. “Para quienes ya están en los márgenes, estos aumentos no son triviales”.

También es un momento difícil para los ganaderos, que después de algunos años de pérdidas esperaban beneficiarse de nuevos acuerdos comerciales y la sólida economía nacional. “Los granjeros ya veían la luz al final del túnel”, expuso Lusk. “Pero resulta que eran los faros de un tren”.

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Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí.


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