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Acuerdos secretos podrían mantener un medicamento contra el COVID-19 fuera de alcance para millones de personas

Gilead Sciences headquarters in Foster City, Calif.
Gilead Sciences, con sede en Foster City, California, ha reutilizado su Remdesivir contra el Ébola para el tratamiento del COVID-19.
(Eric Risberg / Associated Press)

El gigante farmacéutico estadounidense Gilead Sciences está bajo escrutinio por acuerdos que, según activistas, restringirán el acceso mundial al Remdesivir, un medicamento antiviral experimental que resulta prometedor en el tratamiento del COVID-19.

La compañía, con sede en Foster City, California, firmó acuerdos de licencia confidenciales con nueve fabricantes farmacéuticos, incluidos siete en India, que evitarían que la versión genérica de la droga se distribuya en docenas de países -incluido EE.UU- que representan casi la mitad de la población mundial.

Los activistas y las organizaciones de la sociedad civil sostienen que las licencias permiten a Gilead controlar el suministro global de su medicamento patentado, incluso cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió que la pandemia está entrando en una “fase nueva y peligrosa”.

Aunque los términos de las licencias no fueron dados a conocer públicamente, Gilead afirmó que permiten la distribución de una forma más barata y genérica de Remdesivir en 127 países, incluidas casi todas las naciones más pobres del mundo.

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Pero los acuerdos excluyen a los países con algunos de los peores brotes de coronavirus, incluidos EE.UU, Brasil, Rusia, Gran Bretaña y Perú, lo cual generó acusaciones de que Gilead apunta a vender sólo su versión más costosa y de marca del medicamento para naciones de ingresos medios y ricas, que están desesperadas por el tratamiento.

“Estas licencias bilaterales... son altamente restrictivas en su aplicación”, aseguró Brook Baker, profesor de derecho en la Northeastern University. “Gilead excluyó a estos países porque tienen potencial comercial y porque la empresa quiere reservarse el derecho de evitar la competencia y cobrar precios más altos”.

Gilead no respondió a las solicitudes de comentarios enviadas por correo electrónico.

La compañía fue criticada por fijar el costo del Remdesivir en $390 por vial para los gobiernos, o $2.340 por paciente para un tratamiento estándar de cinco días, y de $520 para las aseguradoras médicas de EE.UU, o $3.120 por paciente.

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El laboratorio considera que los precios son justos en comparación con el costo de una hospitalización más larga. Los críticos, no obstante, sostienen que debido a que Gilead recibió alrededor de $70 millones en fondos federales para desarrollar el medicamento, los precios son injustamente altos.

Una de las compañías indias que negoció una licencia con Gilead, Hetero Labs, expuso que su precio genérico será de aproximadamente $71 por vial, lo cual aún está fuera de alcance para muchos pacientes en el mundo en vías de desarrollo. Un estudio realizado por Andrew Hill, un especialista en fijación de precios de medicamentos en la Universidad de Liverpool, estimó que el fármaco podría fabricarse por sólo unos pocos dólares por tratamiento.

Remdesivir, originalmente diseñado para tratar el Ébola, despertó un intenso interés desde que los Institutos Nacionales de Salud (NIH, por sus siglas en inglés) informaron en abril pasado que había acortado el tiempo promedio de recuperación de un paciente con COVID-19 a cuatro días, en un ensayo clínico. La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) aprobó su uso de emergencia.

Se estima que aún faltan meses para contar con una vacuna contra el COVID-19, en el mejor de los casos, y los expertos médicos identificaron el Remdesivir como uno de los pocos tratamientos efectivos para la pandemia, que ha cobrado más de medio millón de vidas en el mundo. El Dr. Anthony Fauci, quien dirige el Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, calificó los resultados del ensayo clínico como un hito “realmente muy importante”.

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Esta semana, el gobierno estadounidense anunció que había comprado casi todos los 500.000 tratamientos que Gilead espera producir hasta septiembre. Eso deja las licencias del laboratorio con nueve fabricantes de genéricos -incluidas compañías en Egipto y Pakistán-, la mejor esperanza para que los pacientes del resto del mundo accedan al remedio.

India posee la industria de medicamentos genéricos más grande del mundo y fabrica alrededor del 80% de los que se venden en el mundo en vías de desarrollo. El país ganó una reputación como “la farmacia de los pobres” al reducir el costo del tratamiento contra el VIH durante la pandemia del sida, gracias a la fuerte competencia entre los fabricantes de esa nación.

Los expertos consideran que al otorgar licencias a un número limitado de compañías que están autorizadas a vender sólo en ciertos mercados, Gilead mantendría el control sobre el precio global y la comercialización del remedio.

Las licencias “son un intento de contener la competencia mediante la creación de un oligopolio”, expresó K.M. Gopakumar, asesor legal de Third World Network, un grupo de expertos que se centra en la industria farmacéutica. “Gilead no sólo retiene los mercados rentables como los países desarrollados, sino que también elimina la posible introducción de medicamentos de bajo costo en el mercado estadounidense”.

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A medida que la pandemia continúa en los países pobres de Asia y África, existe una creciente preocupación por garantizar un suministro equitativo del tratamiento. En marzo, 150 organizaciones de la sociedad civil, incluida Médicos Sin Fronteras, le escribieron a Gilead expresando inquietud por sus intentos de restringir el acceso al Remdesivir. “Si se considera que el Remdesivir es efectivo y se aprueba, a Gilead no se le debe permitir hacer cumplir sus patentes ni reclamar ningún otro tipo de exclusividades sobre el fármaco”, escribió el grupo. “Ninguna empresa debería aprovechar esta pandemia”.

Los activistas también señalan otro aspecto de las licencias: Gilead no recibe regalías, sino sólo hasta que se apruebe otro medicamento o una vacuna para tratar o prevenir el COVID-19. Una vez que eso ocurra, aunque no se ha revelado el monto de los pagos, “está claro que esas regalías se sumarán al precio del Remdesivir”, anticipó Baker, el profesor de derecho.

Argumentando que las compañías privadas tienen demasiado control sobre el acceso a los fármacos, en 2016, un panel convocado por el secretario general de las Naciones Unidas (ONU) recomendó expandir la financiación pública de investigación y ensayos clínicos, y eliminar los derechos de monopolio sobre las drogas. Los expertos en salud sostienen que se necesita un tratado global, similar al marco de control del tabaco adoptado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 2003, que creó estándares universales que establecen los peligros del tabaco y las normas que rigen su producción, venta e impuestos.

Pero los activistas argumentan que Estados Unidos, respaldado por las principales compañías farmacéuticas, ha obstaculizado dicho tratado para la investigación y producción. “Aunque existen muchos medicamentos y vacunas contra el COVID en desarrollo, no hay garantía de que haya un acceso equitativo a ellos”, reflexionó Gopakumar. “La mejor manera de ahora en adelante sería crear un tratado global legalmente vinculante”.

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Krishnan es corresponsal especial.

Para leer esta nota en inglés haga clic aquí


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