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Estar vacunado no significa salir sin mascarilla; aquí está la razón

A man walking his dog wears a mask outside the Getty Center in Los Angeles.
Un hombre con mascarilla en el exterior del Getty Center, en Los Ángeles. Incluso cuando estas ya no son obligatorias, no hay nada de malo en seguir usándolas, señalan los expertos.
(Genaro Molina/Los Angeles Times)

Durante más de un año, los funcionarios de salud pública nos han dicho repetidamente que las mascarillas salvan vidas. Nos han advertido que mantengamos distancia con nuestros vecinos, que se transformaron en vectores de enfermedades ante nuestros ojos.

Ahora nos dicen que, si nos hemos vacunado, ya no necesitamos usar cubierta facial o guardar distancia física en la mayoría de los casos, incluso en espacios interiores. Para muchas personas, esto parece difícil de reconciliar con tantos meses de enmascaramiento, distanciamiento y sacrificio de nuestra vida social por temor a contraer COVID-19.

¿Qué debe hacer un alma ansiosa, cansada por la pandemia (pero también cautelosa)?

Primero, es importante enfatizar que el retroceso drástico del uso de mascarilla y el distanciamiento físico recomendado el mes pasado por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), una política que California adoptó como parte de una reapertura más amplia, se aplica solo a aquellos que están completamente vacunados.

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Sin embargo, incluso si lo está, no es necesario que cambie su comportamiento ni un ápice si hacerlo le incomoda. “Nada en las pautas de los CDC dice que se deje de usar una cubierta facial”, afirmó el Dr. José Mayorga, director ejecutivo de los Centros de Salud de Familia de UCI Health. “Es una recomendación, pero si elige seguir usando cubrebocas, está bien. No debería ser estigmatizado por ello”.

Mayorga perdió cinco familiares a causa del COVID-19, incluida su tía favorita, y sabe por experiencia personal lo difícil que puede ser volver a la llamada ‘normalidad’.

“Muchas personas no se han visto afectadas directamente por el COVID”, comentó. “Pero para aquellos de nosotros que sí fuimos afectados, es natural tener preocupación o miedo; pensar, ‘Oh, ¿en verdad puedo quitarme la mascarilla? ¿Pero es realmente seguro?’”.

Algunas personas son cautelosas por naturaleza y no se apresurarán a deshacerse de sus cubrebocas y codearse con extraños con rostros descubiertos.

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“Sé que, de manera realista, puedo hacer casi cualquier cosa una vez que esté completamente vacunada, pero me da miedo”, remarcó Shannon Albers, residente de Sacramento, de 36 años de edad, quien recibió su segunda dosis de la vacuna Pfizer el 27 de mayo. “Va a ser extraño, después de un año de que nos taladraran con la frase: ‘Use una mascarilla, use una mascarilla, use una mascarilla’, estar con un grupo de personas que no la utilizan”.

Al comienzo de la pandemia, los CDC señalaron que las cubiertas faciales no eran necesarias. Luego, cambiaron su orientación de manera tan enfática, que éstas se convirtieron en una parte indispensable de nuestro guardarropa. Ahora el consejo volvió a cambiar.

“Para los científicos, es muy comprensible que exista esta revisión de recomendaciones basadas en nuevas investigaciones”, señaló Roxane Cohen Silver, profesora de psicología, salud pública y medicina en UC Irvine. “Pero para el público en general, podría sonar muy confuso”.

No sabemos cuánto tiempo dura la protección de las vacunas, pero es cada vez más claro que vacunarse reduce el riesgo de infectar a otros.

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“Las personas vacunadas tienen muy poco riesgo de infección; pueden hacer lo que quieran”, destacó el Dr. George Rutherford, profesor de epidemiología en UC San Francisco. “Creo que estamos muy bien; será un verano prácticamente libre de enfermedad”.

Alrededor del 46% de los residentes del Estado Dorado están completamente vacunados, a la zaga de muchos otros estados pero por delante de la tasa nacional, de poco menos del 43%. Algunos millones de individuos más han desarrollado inmunidad después de sufrir la infección por coronavirus.

A medida que más personas obtienen esta protección, el patógeno encuentra menos cuerpos susceptibles, lo cual reduce aún más la transmisión y produce una espiral descendente en el número de casos.

En California, la tasa de pruebas positivas de coronavirus cayó en el promedio de siete días de más del 17% a principios de enero -en el pico del brote invernal- a menos del 1% ahora. El número de pacientes con COVID-19 hospitalizados en todo el estado se redujo de más de 22.000 a menos de 1.300 en el mismo período.

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Si está en el interior con otras personas vacunadas, puede prescindir de la mascarilla. ¿Quiere preparar la cena para un grupo de amigos vacunados que no ve desde hace varios meses? Carpe diem, y no se preocupe por usar cubrebocas o sentarse separados.

Pero si se encuentra entre una multitud mixta, por ejemplo en una tienda de comestibles, y no sabe quién está vacunado, use la mascarilla, aunque su riesgo personal sea bajo. Si los trabajadores las utilizan, es una cuestión de respeto que usted también lo haga. Algunas personas pueden estar nerviosas de salir, por ejemplo, aquellas que están inmunodeprimidas, o quienes no pueden vacunarse por alguna otra razón de salud, y no sabrán si usted está inmunizado.

“Olvidemos el beneficio médico”, consideró Bradley Pollock, decano asociado de Ciencias de la Salud Pública de la Facultad de Medicina de UC Davis. “Si usa una mascarilla, quienes no están vacunados no se sentirán incómodos a su alrededor. Es una especie de cuestión de cortesía”.

La presencia de niños es otra buena razón para cubrirse. La mayoría de los menores de entre 12 y 16 años aún no se han vacunado y los menores de 12 años no pueden hacerlo todavía. Probablemente tendrán que usar cubrebocas en la escuela este otoño.

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Y aunque los chicos no han sido afectados por el COVID-19 con tanta fuerza como los adultos y no son transmisores eficientes del virus, miles han sido hospitalizados por la enfermedad, incluidos unos 4.000 en todo el país que fueron diagnosticados con un aterrador síndrome inflamatorio multisistémico.

Mayorga, quien está completamente vacunado y tiene hijos pequeños, usa una mascarilla “para protegerlos y ser modelo de buen comportamiento”.

Este artículo fue producido por KHN (Kaiser Health News), uno de los tres principales operativos de KFF (Kaiser Family Foundation).

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí.

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