Anuncio
Share

Revelan los detalles de la conspiración de Oath Keepers durante el asalto al Capitolio

El presidente Donald Trump el viernes 13 de noviembre de 2020.
(AP Foto/Evan Vucci)

El sangriento asalto al Capitolio, instigado por Donald Trump, no fue un acto espontáneo, sino un complot minuciosamente preparado con meses de anticipación por seguidores de Trump y el grupo nacionalista Oath Keepers, cuyos líderes fueron ya arrestados bajo más de 15 cargos de sedición y conspiración.

La revelación de este complot, orquestado por seguidores de Trump y los “Guardianes del Juramento”, se da a solo unos días de que el presidente Joe Biden acusó a su antecesor, de “crear una red de mentiras acerca de la elección” en que fue derrotado, porque para Trump “tiene más valor el poder, que los principios” y porque “él ve sus intereses propios como más importantes que el interés nacional” y “su amoratado ego le importa más que la democracia y la Constitución”.

Biden calificó a Trump como “amenaza al orden Constitucional”, que “tiene con una daga en la garganta a la democracia estadounidense”.

Los hechos que se revelan ahora, fortalecen esas acusaciones.

Los Oath Keepers -como otros grupos nacionalistas blancos- vieron la elección de Trump en 2016 como “victoria para su movimiento” y para algunos, fue “prueba” de que la llamada “Alt-Right” o coalición de ultra-derecha, podría constituir un movimiento político viable y una alternativa para “rescatar” al gobierno federal, que dicen, “ha sido secuestrado por élites que tratan de despojar a los estadounidenses de sus derechos”.

Anuncio

Por eso, la derrota de Trump y su gran mentira de “elección robada” desató una oleada de crímenes de odio y actos racistas contra judíos y minorías étnicas y religiosas, a la par de una intensa campaña de mentiras y maniobras republicanas, tratando de “lavar” la imagen de Trump, quien, ahora se sabe, disfrutaba viendo la cinta del violento episodio.

El líder de la formación ultraderechista estadounidense Oath Keepers (los Guardianes del Juramento) fue detenido este jueves después de que se le imputase un cargo de conspirar para la sedición por haber participado en el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021.

Desde la elección presidencial de noviembre de 2020, Stewart Rhodes, fundador y líder de los “Guardianes del Juramento” -de membresía abierta, pero que recluta básicamente militares y policías en servicio y retirados, y personal de emergencias-, conspiraron sobre los “medios más efectivos” para impedir a toda costa la transferencia pacífica del poder presidencial, a la que se opuso Trump.

Y la encontraron.

El día 6 de enero, Rhodes, como muchos simpatizantes de Trump y grupos nacionalistas blancos, vieron en Washington la imagen que ha inspirado sus enfermizos sueños: sangre, llamas y un violento ataque contra el Capitolio, recinto sagrado de esta democracia, cuyo gobierno quieren derrocar.

El nombre de su grupo viene precisamente de la formación militar o policial, de la mayoría de integrantes de esa organización, que juran “proteger y defender la Constitución de todos los enemigos dentro y fuera del país” y se “niegan a obedecer órdenes de quien consideran ilegítimo”.

Aunque durante meses lo negó, desde finales de diciembre de 2021, Rhodes, residente de Texas, fundador y líder de los Oath Keepers y sus coordinadores regionales en el país, planearon y organizaron, -mediante mensajes encriptados (ya decodificados) y múltiples aplicaciones para comunicaciones privadas- la movilización de miles de personas a Washington, D.C., el 6 de enero de 2021, en respuesta a la convocatoria de Trump.

De acuerdo con el acta de consignación firmada por el fiscal federal Matthew M. Graves, “la preparación involucró la compra y transporte de armas, municiones, explosivos, entrenamiento en guerra suburbana, adquisición de uniformes, chalecos antibalas, equipos de comunicación, cascos y otro equipo, así como transporte y alojamiento de sus “células”, a fin de responder al momento en que Rhodes, su líder, indicara entrar en acción.

En la periferia de la zona metropolitana de Washington, otros almacenaron estratégicamente armas y explosivos, comprados con más de 20.000 dólares, que entregaron a “Fuerzas de Reacción Rápida” o QRF (Quick Reaction Force) de apoyo para el complot, cuya misión era detener a toda costa la transferencia del poder presidencial.

Al cabo de preparativos e intentos, a las 2.30 p.m., comenzada la sesión conjunta del Congreso para la certificación de votos del Colegio Electoral, los Oath Keepers, vistiendo uniformes tácticos con parches de su organización, lograron irrumpir violentamente en el Capitolio, en formaciones para avanzar destruyendo puertas, muebles, atacando a policías con gas lacrimógeno, proyectiles, desarmándoles y despojándolos de sus escudos, mientras las Fuerzas de Reacción Rápida, coordinadas por Thomas Caldwell, de Virginia, y Edward Vallejo, de Arizona, esperaban la orden de actuar.

Stewart Rhodes, fundador y líder del grupo de extrema derecha Oath Keepers, es arrestado y acusado de conspiración sediciosa por el ataque al Capitolio estadounidense el año pasado

Los investigadores tienen ya todas las comunicaciones de los líderes del grupo, la ubicación en que estuvieron y el contenido de sus mensajes, hablando siempre de “tomar las armas para defender la libertad otorgada por Dios” y de “una guerra masiva y sangrienta, de ser necesaria”.

También investigan a muchas más personas que estuvieron involucradas en la planeación, financiamiento y ejecución de la conspiración.

El asalto al Capitolio fue seguido con gran interés por muchos líderes neonazis, supremacistas y nacionalistas blancos, como Rinaldo Nazzaro, fundador y líder de La Base, organización “paraguas”, calificada como “uno de los grupos más extremistas de nacionalistas blancos en todo el país”, creada en 2018, que tiene campos de entrenamiento en estados del noroeste de Estados Unidos.

Nazzaro, quien dice haber servido en Irak y Afganistán -y cuya familia radica ahora en Rusia-, trata de aglutinar a todos los grupos supremacistas y nacionalistas blancos similares para adiestrarlos en el manejo de armas de asalto, explosivos y tácticas de supervivencia, en “preparación” de una guerra racial, que considera, es inminente.

Nazzaro invita a los extremistas radicales a perpetrar actos terroristas como “lobos solitarios”, a descarrilar trenes, cometer masacres, envenenar fuentes de abastecimiento de agua y hacer lo posible para sembrar el caos, que, según dice, permitirá la creación de un “Etno Estado Blanco”.

Muchos integrantes de su organización fueron detenidos en el área de Washington, en 2019 y 2020, acusados de conspirar contra los derechos de minorías, actos vandálicos e intentos de asesinato.

Los líderes nacional y regionales de los Oath Keepers deben responder a más de 15 cargos de conspiración y sedición, -muy pocos, de acuerdo a la traición a la patria que muchos consideran- y que podrían ser castigados con más de 20 años de prisión, por tratar de impedir la certificación presidencial, amparada en las enmiendas 12 y 20 de la Constitución, por conspirar para obstruir el funcionamiento del gobierno con una insurrección armada, sancionada en el Código Penal Federal, título 3, Sección 15.

Jacob Chansley, cuyo gorro de piel con cuerpos, su pecho descubierto y su rostro pintado le hicieron uno de los participantes más reconocibles en el asalto al Capitolio el 6 de enero, es sentenciado a 41 meses en la cárcel

Entre los cargos contra los Oat Keepers están: organizar equipos armados de todo el país para viajar a Washington, reclutar a co-conspiradores, organizar entrenamientos para enseñar el uso de armas y tácticas de combate (de lo que existen fechas, lugares y numerosas evidencias), acumular y transportar arsenales y municiones, así como chalecos blindados, cascos, cuchillos, equipo táctico, uniformes de combate, invadir el Capitolio donde destruyeron artefactos históricos, usar fuerza contra oficiales de policía, y utilizar las redes sociales para promover la conspiración.

Las autoridades investigan los vínculos de algunos de los amigos y seguidores de Trump relacionados con los Oath Keepers, como Roger Stone, amigo de Stwart, y quién obtuvo de Assange los mensajes electrónicos de Hillary Clinton, que Trump difundió.

También se investiga la eventual participación de legisladores, brindando información sobre los accesos al Capitolio, o sus contactos con Trump, el 6 de enero.

Mientras la mayoría de electores de Estados Unidos ve con preocupación que, a pesar de toda esta información revelada, los votantes independientes que decidirán la elección intermedia de este año, parecen preferir el riesgo de una autocracia, a la defensa de la democracia, amenazada por inconcebibles mentiras, engaños y manipulación de los republicanos al servicio de Trump.


Anuncio