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El temor de los científicos con la viruela del mono: se extenderá a los animales salvajes

A rat emerges from its hole at a subway stop in Brooklyn, New York.
Una rata urbana sale de su agujero en una parada de metro de Nueva York. Si la viruela del mono se extiende a las ratas u otros animales salvajes, se quedará para siempre, dicen los expertos.
(Julie Jacobson / Associated Press)

Maureen Miller, epidemióloga de enfermedades infecciosas y antropóloga médica de la Universidad de Columbia, no se sorprendió al enterarse esta semana de que un galgo en París se había convertido en el primer perro conocido en contraer la viruela del mono de un humano.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE. UU. y la Organización Mundial de la Salud han advertido desde el comienzo de este brote que la enfermedad podría contagiar a los animales domésticos. Muchas de las rutinarias muestras de afecto de los perros hacia sus dueños - lamerles la cara, acariciarles la piel con el hocico, saltar a su cama - son posibles vías de transmisión del virus.

Los CDC ofrecen orientaciones sobre cómo aislar a los animales domésticos de las personas infectadas, y a las mascotas potencialmente infectadas entre sí. Los perros deberían poder recuperarse del virus igual que los humanos.

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No es el escenario de transmisión de humano a animal lo que preocupa a Miller.

“Son los roedores los que me asustan”, dijo.

Si el virus se establece en animales salvestres como las ratas o las ardillas, su erradicación se hace exponencialmente más difícil. En lugar de limitarse a los humanos, se instalaría en innumerables vectores diminutos que a su vez podrían infectar a otros animales, mascotas y personas.

La posibilidad de que la viruela del mono se convierta en una enfermedad endémica en los roedores -un orden de mamíferos famoso por su resistencia, movilidad y eficacia en la propagación de patógenos- es “lo que me quita el sueño”, afirma Anne Rimoin, epidemióloga de la UCLA que la ha estudiado durante las dos últimas décadas.

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“Es ciertamente un escenario posible”, dijo Rimoin, “y cuanto más oportunidad tenga el virus de propagarse, más se mueve hacia lo probable desde lo posible”.

Estados Unidos ha registrado más de 13.500 casos de viruela del mono desde que se registró el primer paciente en Boston el 19 de mayo. La enfermedad se transmite principalmente a través del contacto piel con piel, y con menor eficacia a través de la ropa o las sábanas infectadas.

La inmensa mayoría de los casos del actual brote en Europa y Norteamérica se han producido entre hombres que mantienen relaciones sexuales con otros hombres. Pero “no hay ninguna razón, ninguna razón biológica, para que sean el único grupo de riesgo”, dijo Miller. “Y no lo son”.

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En caso de que el virus se extienda más allá de ese grupo demográfico específico, es muy probable que los mamíferos no humanos desempeñen un papel crucial.

A diferencia de la viruela, que infectaba exclusivamente a los seres humanos, este ortopoxvirus en particular es menos selectivo a la hora de elegir el huésped mamífero. Los osos hormigueros, los erizos y las chinchillas pueden contraerlo sin duda, y se sospecha que muchas especies de ratas y ratones también son vulnerables.

Hay varias formas relativamente sencillas de que el virus se propague a la población de roedores. Las mascotas infectadas podrían transmitirlo a través de mordeduras, arañazos, heces u orina. Los roedores que escarban en la basura podrían entrar en contacto con sábanas, ropa o vendas contaminadas.

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Ninguno de estos escenarios ha ocurrido, pero todos son posibilidades realistas.

“Posible es suficiente para que lo tomemos en serio, porque lo posible puede convertirse en probable y no queremos que eso ocurra”, dijo Joseph N.S. Eisenberg, epidemiólogo de la Universidad de Michigan. “Cuando se espera a actuar hasta estar seguro de que hay un problema, a menudo es demasiado tarde”.

En anteriores brotes de este poxvirus, los animales -especialmente los roedores- han sido la principal fuente de transmisión a los humanos.

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La enfermedad es endémica en las zonas rurales de África occidental y central. Se propaga por contacto estrecho con animales infectados, normalmente durante la caza, la agricultura o, en muchos casos de niños, jugando con ardillas.

Los científicos aún no han confirmado qué especies de animales salvajes son los huéspedes naturales del virus, pero la Organización Mundial de la Salud ha identificado a los roedores como el candidato más probable.

Las aves, los reptiles y los anfibios no parecen ser susceptibles a otros tipos de ortopoxvirus, un grupo que incluye la viruela de los monos y su prima mucho más mortal, la viruela.

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El nombre es engañoso, ya que el virus se encuentra mucho más a menudo en roedores que en primates. Los ortopoxvirus suelen llevar el nombre de los animales en los que se identifican inicialmente, y éste se confirmó por primera vez en un grupo de monos de laboratorio en Copenhague en 1958.

La OMS ha anunciado este mes que cambiará el nombre del virus y de sus dos cepas principales, que anteriormente se etiquetaron según las regiones de África donde circulaban.

El anterior brote de la enfermedad en EE. UU. fue impulsado por roedores. En 2003, un distribuidor de animales de Texas alojó a perros de la pradera en las mismas jaulas y camas que los animales exóticos importados de África que resultaron tener el virus. A partir de una niña de 3 años de Wisconsin mordida por su perro de las praderas, los 72 casos sospechosos o confirmados tuvieron contacto con esos animales.

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Ese brote se contuvo en dos meses, antes de que el virus tuviera la oportunidad de establecerse en la población animal local. Por el momento, no se conocen reservorios animales de este virus fuera de África occidental y central.

Veterinarios y epidemiólogos advierten que eso podría cambiar fácilmente. Las directrices de los CDC sobre el aislamiento de las mascotas con infecciones confirmadas o sospechosas están destinadas tanto a salvaguardar la salud de los animales como a evitar que el virus se propague a los mamíferos salvajes.

Según las directrices de los CDC, las mascotas expuestas a una persona con la enfermedad deben ser puestas en cuarentena con respecto a otros animales durante 21 días. En una advertencia que recuerda a los primeros días de la pandemia de COVID-19, la agencia advierte a los ansiosos propietarios de mascotas que no limpien a sus animales con limpiadores domésticos o desinfectantes químicos.

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“Cuanto más tiempo permanezca el virus entre nosotros y más especies se infecten, aumentan las posibilidades de que circule en otros animales”, afirma Eman Anis, microbiólogo veterinario de la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad de Pensilvania.

Los humanos y sus mascotas pueden ser vacunados, dijo, pero “una vez que se abre paso en la naturaleza, sería difícil controlarlo”.

Para leer esta nota en inglés haga clic aquí

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