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El caso de O.J. Simpson obligó a reconocer la violencia doméstica e impulsó un movimiento

ARCHIVO - O.J. Simpson y su esposa, Nicole Brown Simpson, acuden a la apertura del Harley-Davidson Cafe
ARCHIVO - O.J. Simpson y su esposa, Nicole Brown Simpson, acuden a la apertura del Harley-Davidson Cafe en Nueva York, el 19 de octubre de 1993. Simpson ha fallecido en Las Vegas. Tenía 76 años.
(Paul Hurschmann / Associated Press)
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Hace 30 años, cuando las defensoras de los derechos de las mujeres trabajaban para aprobar en Estados Unidos la Ley de Violencia Contra las Mujeres en 1994, la violencia doméstica todavía era un tema silenciado.

Entonces, la muerte de Nicole Brown Simpson lo obligó a estar en el centro de atención. Los estadounidenses, fascinados por la investigación al superastro del fútbol americano O.J. Simpson, quien murió el miércoles a los 76 años, conocieron detalles sorprendentes y dolorosos del abuso que su exesposa dijo haber sufrido a manos de él antes de ser asesinada.

“Debimos haber tenido 20 camiones de medios de comunicación en Hollywood Boulevard para hablar con nosotros”, recordó Patti Giggans, directora ejecutiva de la organización sin fines de lucro Peace Over Violence, con sede en Los Ángeles, quien dijo que el interés por el tema explotó de la noche a la mañana.

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“Porque era O.J. — era famoso, un atleta, guapo y todo el mundo amaba a O.J. — comenzamos a tener conversaciones de lo que pasa por la mente de un agresor”, dijo Giggans. “Pudimos mantener esa conversación a lo largo de ese período de dos años (del caso). Creo que cambió el movimiento”.

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NOTA DEL EDITOR: Este artículo aborda temas de violencia doméstica. Si usted o alguien que conoce necesita ayuda llame al 1-800-799-7233 en Estados Unidos.

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Dado que las víctimas, entonces y ahora, a menudo ocultan su abuso, muchas personas asumían que sólo le sucedía a mujeres pobres o marginadas. Pero luego vieron que ni el privilegio de Nicole Simpson ni sus llamadas anteriores a la policía habían sido suficiente para protegerla.

“Era hermosa, era blanca, era famosa, era rica. Entonces, existía la sensación de que, si le podía pasar a ella, le podía pasar a cualquiera”, dijo Rachel Louise Snyder, profesora de American University quien exploró el tema en su libro de 2019, “No Visible Bruises” (Sin moretones visibles).

En una carta sin fecha que salió a la luz después de su muerte, Nicole Simpson reveló que su esposo, el astro de la NFL convertido en celebridad, la veía “disgustado” cuando subió de peso en su primer embarazo en 1988 y la “golpeó infernalmente” al año siguiente, aunque la pareja dijo en un laboratorio de rayos X que se había caído de una bicicleta.

En octubre de 1993, un año después de divorciarse, ella llamó al 911 cuando Simpson se presentó en su casa “despotricando y delirando”.

“Está en una camioneta Bronco blanca, pero lo primero que hizo fue romper la puerta trasera para entrar”, dijo. ”Él es O.J. Simpson. Creo que conoces su historial”.

Ocho meses después, ella y su amigo Ron Goldman, que había pasado a devolverle unos anteojos que había olvidado en un restaurante esa noche, fueron apuñalados fatalmente afuera de la casa de Nicole en Brentwood. Los dos hijos pequeños que tuvo con Simpson estaban dentro de la casa. Ella tenía 35 años, Goldman apenas 25.

“Este fue un caso absolutamente decisivo”, dijo Snyder, quien dijo que las muertes del 12 de junio de 1994 ayudaron a impulsar el apoyo a la Ley de Violencia Contra la Mujer, que el Congreso aprobó a finales de ese año. “Estimuló una conversación nacional, un ajuste de cuentas nacional”.

Simpson fue absuelto por el doble asesinato en el sensacional juicio del año siguiente, pero un jurado diferente lo declaró responsable de sus muertes en un juicio civil de 1997. Simpson fue condenado a pagar 33,5 millones de dólares a las dos familias, dinero que intentaron cobrar en vano.

En los años transcurridos desde entonces, la Ley de Violencia Contra la Mujer ha financiado más de 9.000 millones de dólares en subvenciones para combatir la violencia doméstica, desde capacitación policial hasta servicios sociales y el lanzamiento en 1996 de la Línea Directa Nacional contra la Violencia Doméstica. La línea recibió 75.000 llamadas ese primer año. El año pasado, manejó más de 400.000 llamadas, mensajes de texto y chat.

Los funcionarios de la línea directa, en un comunicado en respuesta a la muerte de Simpson, dijeron que las cifras reflejan “la creciente necesidad entre los sobrevivientes de una defensa compasiva y sin prejuicios, así como la omnipresencia de la violencia doméstica en Estados Unidos”.

Con el tiempo, los defensores han cambiado su enfoque hacia las señales de advertencia de que la vida de alguien podría estar en peligro. Las víctimas son más vulnerables cuando intentan obtener ayuda o poner fin a la relación abusiva, y en el año posterior más o menos. (El divorcio de los Simpson se concretó a finales de 1992). Cualquier intento de estrangular a la víctima, o ponerle las manos en el cuello, puede ser una escalada final antes de que la situación se vuelva mortal. Y la presencia de un arma de fuego aumenta en gran medida el riesgo de ser asesinada.

Sin embargo, comprender el ciclo de violencia no siempre es suficiente para frustrarlo. Justo cuando se conocía la noticia de la muerte de Simpson el jueves, cerca de Filadelfia se lamentaba la muerte por apuñalamiento de una mujer de 57 años. Había presentado cargos y obtenido una orden de restricción el mes pasado después de que su esposo, de quien estaba separada, presuntamente la agrediera y tratara de estrangularla. La policía cree que el hombre pateó un aire acondicionado de ventana para irrumpir en su casa la madrugada del miércoles.

“Este caso para los defensores es insoportable”, dijo Stacy Dougherty, subdirectora de la organización local sin fines de lucro Laurel House, que brinda vivienda y servicios a las víctimas en el condado de Montgomery.

“Cuando tienes a alguien que hace todo lo que se supone que debe hacer: llama a la policía, obtiene la orden de protección, cambia sus cerraduras, busca ayuda, hace todas esas cosas. Y a pesar de todo ocurre esto”.

La crisis de vivienda, dijo, ha hecho que sea aún más difícil para las víctimas dejar a los abusadores, al igual que la decisión de tener hijos y el temor de compartir la custodia.

“Hay tantas barreras que las víctimas de violencia doméstica encuentran cuando intentan irse”, dijo Dougherty.

Y, sin embargo, dijo Giggans, el caso Simpson “nos dio la oportunidad de enseñar sobre el ciclo de la violencia, la dinámica de las relaciones no saludables, lo que significa el poder y el control”.

“Y lo qué merecen las mujeres”, agregó.

A Giggans le preocupa que si los fondos federales disminuyen se pueda obstaculizar el trabajo de su grupo, que incluye no sólo servicios directos para víctimas y abusadores, sino también programas escolares sobre relaciones saludables.

“Eso salió a la luz a lo grande en la época de O.J., porque los estudiantes universitarios, los estudiantes de secundaria, todos admiraban a O.J., ¿verdad?

“Fue una revelación sorprendente que él estuviera involucrado en esto”, dijo. “Mucha gente no quería creer que lo hizo, hasta el día de hoy”.

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