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EEUU

‘El hombre en la ventana’: cuando un arresto resucita la pesadilla para las víctimas

viola

Los residentes de Sacramento llenaron la cafetería de una preparatoria, en noviembre de 1977, para obtener información actualizada sobre la búsqueda policial del llamado ‘Violador del Área Este’. (Center for Sacramento History)

(Los Angeles Times)

Cuando comenzó a investigar el rastro del Golden Gate Killer (‘Asesino del Estado Dorado’), el año pasado, la reportera de The Times, Paige St. John, se dio cuenta rápidamente de que había un hilo que no tenía nada que ver con las violaciones y los asesinatos en sí.

St. John entrevistó a mujeres atacadas y encontró una sorprendente falla en la forma en que las autoridades trataban a las víctimas de violación en la década de 1970. Esto se convirtió en un hallazgo clave de su serie y podcast “Man in the Window” (El hombre en la ventana).

Lo que sigue es una sesión de preguntas y respuestas que realizó con Laura Beil, la presentadora de “Dr. Death”, un podcast creado por Wondery, el estudio de West Hollywood que trabajó con The Times para producir “Man in the Window”.

 

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Beil: Esta serie es mucho más que la espantosa historia del Asesino del Estado Dorado, para mí, como oyente. La verdadera conmoción fue comprender cómo se veía la violación en los años 1970 y 1980. Me dio la sensación de que era apenas un delito, lo cual para mí resultó asombroso.

St. John: Tuve la misma reacción cuando comencé a investigar. El material que descubría acerca de las violaciones en ese momento -las experiencias de las mujeres- no prestaba ninguna atención al trauma y dolor que sufrían las víctimas. ¿Ni siquiera podíamos considerar en California la violación como un daño corporal? Los delitos contra la propiedad tenían penas más duras. Así que fue muy importante volver a poner a la gente en ese momento.

 

Beil:  Me preguntaba, ¿cómo profundizar en un tema tan horrible como la violación, sin explotar también el dolor de estas mujeres?

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St. John: Tomó mucho tiempo. En todos esos casos, trabajé con esas mujeres durante un año. Quería asegurarme de que entendieran que mi intención era mostrar que esto no definía quiénes son. Que me interesaban como personas; remarcar que son de carne y hueso, que tienen sentimientos. El arresto de Joseph DeAngelo fue muy complejo para ellas; sacó a flote todo el trauma. Para ellas fue como la mañana siguiente al agravio. Inmediatamente los ataques de pánico y las pesadillas les regresaron.

 

Beil: Podríamos esperar que estas mujeres, al enterarse de que había un arresto, pensaran: “Oh bien, ahora hay justicia, hay un cierre”. Pero, entonces, ¿eso no fue lo que sucedió?

St. John: Fue exactamente lo contrario. Para ellas, la pesadilla ahora ha resucitado. Les pedí que consultaran con sus terapeutas y consejeros acerca de hablar conmigo, para tener en claro las señales de cuándo era demasiado traumático. Es muy importante que se les dé a las víctimas de ataques sexuales el control sobre su historia, porque lo que se les quita en una violación es precisamente ese control.

 

Beil: ¿Qué esperas que salga de este proyecto, y de contar esta historia?

St. John: Lo que realmente trato de hacer es crear un lugar donde se puedan tener conversaciones. No sólo para las mujeres que fueron entrevistadas, sino también para las mujeres y los hombres que escucharon el podcast, para que puedan dirigirse a sus madres, esposas, hijas, hijos, esposos y hablar sobre esto.

Yo misma comencé a tener un diálogo con mi madre. Ella fue violada en los años 1970. Vi cómo la trataban sus padres, el estigma por el que pasaba, las dificultades que tenía cuando presentó cargos criminales y llevó el caso a los tribunales. ¿Cómo te acercas a una mujer que tiene 87 años para comenzar a hablar sobre una violación? Estoy aprendiendo que necesito escuchar. Puede que ella no esté preparada para hablar, pero voy a dejar esa puerta abierta y estar lista para escuchar, si ella quiere.

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Ella no oculta su violación -y me permite que le cuente al mundo lo que sucedió- pero hasta que hice este podcast, nunca la había oído hablar sobre cómo eso la hizo sentir.

Otras personas se sinceraron conmigo durante este proyecto, para decir “a mí también me ocurrió”. Bonnie, quien era la novia de Joseph DeAngelo, me contó que siente que es muy importante que otras mujeres, especialmente aquellas que fueron atacadas por el llamado ‘East Area rapist’ (Violador del Área Este), sepan que ella misma fue violada más tarde en la vida, y pasó por las mismas cosas.

Esto es lo que me escribió recientemente, sobre por qué quiere hablar de su violación: “Creo que es empatía: conocimiento personal de la conmoción, humillación, dolor, secreto, vergüenza inmerecida (al principio) y, finalmente, aceptación de la experiencia para la cual nunca dimos consentimiento… Una hermandad a la que nunca pensé que me uniría”.

La violación de Bonnie fue en 2005. Ella fue atacada, violada y golpeada por un desconocido mientras estaba en Roma y regresaba a su apartamento después de un partido de fútbol. No tenía idea de dónde ir, no hablaba el italiano lo suficiente como para buscar ayuda. Terminó viajando en dos autobuses públicos para llegar a un hospital, durante una huelga médica nacional, y se encontró entre una gran multitud esperando para ingresar a la sala de emergencias.

Tenía costillas rotas, la cara magullada, grandes secciones de pelo arrancados. Ella denunció su ataque a la policía en Roma, pero no llamó a su esposo en Estados Unidos para contarle lo que había sucedido… Esperó para darle la noticia a su regreso al país

Esa no ha sido la primera vez que escucho ese tipo de reacción.

 

Beil: La serie es muy explícita. ¿Cómo tomaste la decisión sobre el discurso utilizado?

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St. John: Esa parte del caso fue una de las cosas que me sorprendieron... la cantidad de veces que en un informe policial sobre el ataque del Violador del Área Este me encontraba con la palabra “amable”. Estamos hablando de un hombre que apuntaba un arma en la cabeza de la gente o les ponía un cuchillo en la garganta; que agredió sexualmente a mujeres ocho veces, en ataques terriblemente brutales. Y sin embargo, la policía utilizaba la palabra ‘amable’.

Recurrí a los detectives que manejaron el caso en ese momento, incluyendo a Carol Daly, quien tomó las declaraciones de la mayoría de las víctimas que habían sido violadas.

La respuesta de Carol me remarcó que no tenemos un lenguaje apropiado para las violaciones. Hablamos de eso muy poco. Incluso hoy en día nos faltan las palabras. No dijeron en los periódicos de ese momento cuántas veces estas mujeres habían sido agredidas sexualmente. Nunca usaron el término ‘sodomía’. Nunca usaron la palabra ‘masturbación’. Nunca hablaron sobre lo que realmente les sucedió en esas habitaciones o salas de estar a estas mujeres.

El término “amable” en realidad aparece en cuatro de los informes de violación escritos por los oficiales en ese momento. En todos los casos, el esposo o novio de la víctima también se encontraba en la casa; estaba atado y amenazado de muerte -o con la muerte de sus hijos-. En casi todos estos sucesos, el violador sollozaba: una mujer le contó a la policía que él gritaba: “Lo siento, mamá. Mamá, por favor, ayúdame... ". Pero él sodomizaba y violaba a estas mujeres repetidamente.

 

Beil: Uno se pregunta qué tan explícito puedes ser. Para que, alguien que está experimentando eso o lo está reviviendo, no tenga una recaída por ello.

San Juan: Sé que esa es una pregunta difícil. Definitivamente me mantengo alejada de todo lo que creo que es voyeurista o que de alguna manera explota eso. Pero quería asegurarme que la gente entienda el horror y la brutalidad que las mujeres soportaron.

 

Beil: Una de las cosas que señala el proyecto es que en realidad había otros violadores en serie en ese momento. No recibieron atención pública como el Violador del Área Este, pero atacaron a tantas mujeres o más. ¿Por qué ocurrió eso?

St. John: Había como seis violadores en serie activos en Sacramento en ese momento, tal como el Violador del Área Este. Uno de ellos, Early Bird, violó a 42 mujeres sin que apenas fueran mencionadas en las noticias.

Esas mujeres fueron atacadas en barrios pobres. Eran personas de color o que vivían solas en apartamentos. Así, se sugería que habían ‘invitado’ el ataque de alguna manera, o que llevaban vidas más riesgosas. Cuando un violador ataca en un suburbio de clase media, mayormente blanco, entonces todo el mundo se pone histérico.

También vi mucho interés político en encubrir estos crímenes. Mentir al público sobre lo que sucedía, incluso afirmando que las mujeres habían dejado sus puertas abiertas, y que entonces de alguna manera eran responsables de sus ataques. En ese momento, teníamos sheriffs que hacían campaña sobre la seguridad de los vecindarios.

 

Beil: ¿De qué crees que aún no se ha hablado sobre este caso?

St. John: Creo que hemos dejado a los hombres fuera de escena casi por completo. Los varones eran atados con una pistola en la cabeza y obligados a escuchar mientras su esposa o novia eran arrastradas a otra habitación para ser violadas. Presenciaron y experimentaron un gran trauma. Sin embargo, no fueron tratados como víctimas. Ahora estoy empezando a escuchar a los hombres sobre lo que pasaron, y cómo esa ira y rabia todavía está dentro de ellos.

El individuo acusado de los asesinatos y secuestros por este caso, Joseph DeAngelo, aún no fue juzgado ni se ha declarado culpable. Él y sus abogados declinaron hacer comentarios en este artículo.

 Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí


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