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EEUU

La crueldad hacia los niños migrantes no debería ser una cuestión partidista

Los migrantes centroamericanos

Los migrantes centroamericanos esperan comida, en marzo, en una jaula erigida por la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos en El Paso, Texas, para procesar una oleada de familias migrantes y menores no acompañados. (Cedar Attanasio / Associated Press)

Niños recluidos en celdas superpobladas durante semanas. Menores que duermen en pisos de concreto porque no hay suficientes colchones. Chicos con ropa sucia y sin duchas, jabón o cepillos de dientes. Los pequeños que son menores de ocho años se encargan de los bebés porque no hay nadie que los cuide.

No hay ningún misterio sobre por qué nuestros campamentos de detención para niños inmigrantes - financiados por los contribuyentes- son un desastre tan cruel y espantoso. Están dirigidos por agencias que nunca fueron creadas para atender menores, y supervisadas por una administración dispuesta a castigar a los migrantes no autorizados para producir un supuesto efecto disuasivo.

Pero las explicaciones no justifican los horribles detalles que se hicieron visibles a pesar de los esfuerzos de la administración Trump por esconderlos.

Primero se conocieron informes de abogados acerca de las instalaciones de la Patrulla Fronteriza en Clint, Texas, que decían que a los niños en celdas superpobladas se les negaba el jabón y los cepillos de dientes. El secretario interino de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés), Kevin McAleenan, rechazó esas versiones por considerarlas “acusaciones sin fundamento sobre una sola instalación de la Patrulla Fronteriza”.

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Excepto que no lo eran. Sólo unos días después, el organismo de control interno de su departamento informó que los problemas eran generales. “Los niños en tres de las cinco instalaciones de la Patrulla Fronteriza que visitamos no tenían acceso a duchas y se limitaban a un cambio de ropa”, escribió el inspector general. El hacinamiento en los centros para adultos y menores “representa un riesgo inmediato para la salud y la seguridad de los agentes del DHS”, agregó.

Las historias de terror siguen llegando. Un pediatra de Texas que visitó un almacén con más de 1.000 niños afirmó que “un bebé había sido alimentado con el mismo biberón sin lavar durante días; los menores muestran signos de malnutrición y deshidratación, y existe un saneamiento deficiente que equivale a causar intencionalmente la propagación de enfermedades”.

La alta comisionada de las Naciones Unidas para los derechos humanos, Michelle Bachelet, remarcó que está “profundamente conmocionada de que los niños se vean obligados a dormir en el piso en instalaciones superpobladas, sin acceso a atención médica o alimentos adecuados”, y agregó que las condiciones pueden violar el derecho internacional.

Un abogado del Departamento de Justicia argumentó en la corte que el gobierno federal no está legalmente obligado a proporcionar a los menores detenidos jabón, ropa seca o descanso.

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Algunas de estas versiones pueden resultar exageradas. El presidente Trump, naturalmente, las descartó como “un engaño”. Pero nadie refutó los informes del inspector general del Departamento de Seguridad Nacional, que enumera minuciosamente las violaciones de los estándares del gobierno. “Mi explicación es que se trata de una situación extraordinariamente desafiante”, consideró McAleenan esta semana.

Eso no es una gran explicación. Aquí hay otras:

Primero, la oleada de inmigrantes no autorizados y solicitantes de asilo, incluidos entre ellos miles de niños, no ha terminado. Los oficiales de la Patrulla Fronteriza dicen que sus instalaciones de detención pueden albergar a 4.000 personas a plena capacidad. A finales de junio, tenían un estimado de 12.000.

En segundo lugar, la política de “separación familiar” de la administración, que Trump canceló públicamente en medio del alboroto bipartidista generado el año pasado, ha continuado en modo sigiloso.

Los niños ya no son separados rutinariamente de sus padres, pero aquellos que viajan con otros parientes (hermanos o abuelos, por ejemplo) sí lo son. “Simplemente no conforman una unidad familiar”, consideró el jefe de la policía de la Patrulla Fronteriza, Brian Hastings, en una audiencia reciente en el Senado.

Tercero, la Patrulla Fronteriza es una agencia de cumplimiento de la ley, no un proveedor de custodia para infantes. Se supone que debe procesar a los niños dentro de las 72 horas y luego entregarlos a los familiares o enviarlos a instalaciones de cuidado infantil administradas por el Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS).

Pero el HHS dice que no tiene espacio, y la administración no quiere entregar a los menores a sus familiares, motivo por el cual están atrapados en celdas de detención, tiendas de campaña y almacenes de la Patrulla Fronteriza.

Algunos agentes de la Patrulla Fronteriza actuaron heroicamente en esta crisis, pero otros se unieron a un grupo de Facebook que publicó contenidos racistas y sexualmente degradantes, la última señal de problemas en una agencia que durante mucho tiempo estuvo plagada de corrupción y mala gestión.

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Aún así, esta crisis no es principalmente culpa de la Patrulla Fronteriza. Es responsabilidad de los superiores que advirtieron sobre un riesgo creciente, pero que no lograron manejarlo bien.

Trump, naturalmente, culpó a los demócratas en el Congreso por el desastre, principalmente porque tuvieron el descaro de exigir cambios en las políticas antes de votar por gastar más dinero en detener a inmigrantes o construir su muro.

Pero los demócratas no idearon la estrategia declarada públicamente por Trump, de empeorar notablemente las condiciones para los migrantes a fin de disuadirlos. De cualquier modo, eso no ha impedido que sigan llegado familias que huyen de las guerras de pandillas en Guatemala, El Salvador y Honduras, temiendo por sus vidas.

Finalmente, esto no debería ser un debate partidista, incluso en una temporada de elecciones, pero, por supuesto, lo es. “Las malas leyes de inmigración de los demócratas, que podrían solucionarse fácilmente, son el problema”, tuiteó Trump.

Por otro lado, los candidatos presidenciales demócratas se han estado superando mutuamente en el apoyo a la indulgencia para los inmigrantes que ingresan sin permiso al país.

No obstante, esto no se trata de qué política de inmigración es la preferida. Se puede proponer un muro fronterizo, la deportación familiar y la “tolerancia cero”, como lo hace Trump, pero eso no justifica la crueldad hacia los niños, ya sea generada por incompetencia o a propósito.

En el Día de la Independencia, el primer mandatario pronunció un discurso alabando a las fuerzas armadas y exaltando la sabiduría de los padres fundadores. Habría sido mejor que prestara atención a Thomas Jefferson: “Tiemblo por mi país cuando pienso que Dios es justo”.

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí.

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