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EEUU

Mientras el reloj avanza hacia otro posible cierre del gobierno, Trump culpa a los demócratas

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El presidente Trump pronuncia su discurso sobre el Estado de la Unión en una sesión conjunta del Congreso, observado por el vicepresidente Mike Pence, a la izquierda, y la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi (D-San Francisco). Ante la posibilidad de un nuevo cierre del gobierno, Trump culpa a los demócratas (Andrew Harnik / AP).

(Associated Press)

En medio de conversaciones polémicas sobre la seguridad fronteriza, el presidente Trump procuró el 10 de febrero culpar preventivamente a los demócratas si un impasse sobre su pedido de erigir un muro fronterizo redunda en un segundo cierre parcial del gobierno a mitad de mes.

La financiación provisional de aproximadamente un tercio del gobierno expirará a la medianoche del 15 de febrero, y las negociaciones del Congreso sobre seguridad fronteriza y otros temas relacionados con la inmigración se han estancado, según los participantes.

De perdurar, el problema podría presagiar otro cierre, aunque un cierto grado de pose de ambos lados no es inusual en tales circunstancias, ya que ninguno de los dos desea parecer demasiado dispuesto a hacer concesiones importantes.

En diciembre pasado, Trump dijo públicamente que estaría “orgulloso de cerrar el gobierno”. Esa observación lo atormentó durante los 35 días de cierre que siguieron, hasta que finalmente se vio obligado a abandonar temporalmente su pedido de $5,700 millones para su anhelado muro fronterizo.

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El domingo 10, apeló a Twitter para pintar a los demócratas como el partido responsable en esta ocasión.

“En realidad, creo que quieren un cierre”, escribió en Twitter. El mandatario además sugirió que los demócratas buscan desviar la atención de temas como la compleja pelea en Virginia sobre si el gobernador Ralph Northam y el vicegobernador Justin Fairfax, ambos demócratas, deberían renunciar por escándalos que involucran conductas racistas y acusaciones de conducta sexual inapropiada.

"¡Quieren un tema nuevo!”, tuiteó Trump, cuya semana estuvo marcada por la aparición en el Congreso —ampliamente ridiculizada— de su procurador general interino, Matthew Whitaker, quien evadió las preguntas sobre si Trump intentó sofocar algunas de las múltiples investigaciones que lo rodean.

También la semana pasada, el presidente pronunció un discurso combativo del Estado de la Unión, durante el cual la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi (D-San Francisco), coronó su llamamiento aparentemente incongruente al “compromiso y el bien común” con aplausos sarcásticos.

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El jefe de gabinete interino de Trump, Mick Mulvaney, afirmó en una entrevista transmitida el domingo en “Meet the Press”, de NBC, que otro cierre “no puede ser totalmente descartado”, aunque muchos de los aliados del partido republicano de Trump en el Congreso dejaron en claro que esperan evitar tal escenario.

En “Fox News Sunday”, Mulvaney sugirió otra salida cuando indicó que el presidente “tomará el dinero que el Congreso acuerde asignar para las barreras fronterizas” y luego “irá y buscará fondos en otro lugar, legalmente”.

El prometido muro fronterizo de Trump “se construirá, con o sin el Congreso”, destacó.

Uno de los principales negociadores del partido republicano en el Congreso, el senador Richard Shelby, de Alabama, describió las conversaciones como “estancadas en este momento”. “Espero que podamos ser decisivos”, agregó, también en Fox, “porque el tiempo se está acabando”.

Los negociadores remarcaron que, dado el tiempo requerido por las reglas de la Cámara de Representantes y el Senado para aprobar la legislación, deben tener un acuerdo terminado para el lunes, en pos de garantizar la aprobación para el viernes 15.

El presidente se mantuvo insistente en su pedido de $5,700 millones para las barreras fronterizas, mientras que los demócratas, que ahora controlan la Cámara, remarcaron que no ofrecerán más de $2,000 millones.

Las dos partes también están en desacuerdo sobre el número de camas en los centros de detención de inmigrantes. Los republicanos están impugnando una iniciativa demócrata para reducir el número de detenciones por parte de la Oficina de Inmigración y Aduanas.

“Un límite en las camas de detención de ICE obligará a la administración Trump a priorizar la deportación para los delincuentes y las personas que representan amenazas reales a la seguridad, no a los inmigrantes respetuosos de la ley que contribuyen con nuestro país”, remarcó en un comunicado la representante Lucille Roybal-Allard (D-Downey), una de las principales negociadoras demócratas.

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El senador demócrata Jon Tester, de Montana, otro miembro del comité de la conferencia, afirmó tener “muchas esperanzas” de que los negociadores puedan llegar a un acuerdo con “sentido común”.

“Es una negociación; las negociaciones rara vez se llevan a cabo sin problemas”, consideró en Fox. “Es un dar y recibir, es un compromiso, es la forma en que se supone que funciona el gobierno”.

En Twitter, el presidente dio a entender que los dirigentes Pelosi y el líder de la minoría del Senado, Charles E. Schumer, de Nueva York, estaban impidiendo a los negociadores demócratas del Congreso hacer concesiones sobre lo que él consideró un “muro fronterizo que se necesita desesperadamente”. “No creo que sus líderes permitan a los demócratas en el Comité Fronterizo hacer un trato”, escribió Trump en esa red social.

Antes del cierre anterior, las dos partes habían llegado a un acuerdo, pero el presidente lo saboteó.

Los demócratas que participan en las negociaciones están diciendo en voz alta lo que sus contrapartes republicanos no pueden: la fidelidad de Trump a la idea de un muro, que convirtió en un tema central de la campaña, sigue siendo el principal comodín en las conversaciones.

Subrayando eso, Trump viajaría el 11 de febrero a El Paso para un mitin al estilo de campaña, que se concentrará en su pedido de una barrera fronteriza.

El representante John Yarmuth, demócrata de Kentucky, afirmó en ABC “This Week” que creía que las conversaciones convocadas por Mulvaney en el retiro presidencial de Camp David podrían haber alcanzado un acuerdo “en menos de un día” si el jefe interino del gabinete fuera presidente.

“Creo que el gran problema aquí es que esto se ha convertido en una negociación del ego”, reflexionó Yarmuth. “Esto realmente no se trata del contenido”.

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Los republicanos también siguen sugiriendo que Trump podría intentar burlar al Congreso con una declaración de emergencia sobre el muro, un paso que seguramente enfrentará un fuerte desafío legal.

El representante Tom Graves, un republicano de Georgia, aseveró en ABC que Trump tenía “derecho a tener planes de contingencia” para avanzar, en caso de un continuo estancamiento. “Va a tener algunos planes en marcha”, adelantó Graves.

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí.


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