Armando Espitia se olvida de los prejuicios en el drama LGBTQ de inmigración ‘Te llevo conmigo’

Armando Espitia (izq.) y Christian Vázquez en una escena de "Te llevo conmigo".
(Alejandro Lopez Pineda)
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Esta cinta de directora anglosajona se aproxima con ternura al romance prohibido entre dos hombres mexicanos

Se dio a conocer por su participación estelar en “Heli” (2013), la contundente y desoladora cinta sobre el fenómeno del narcotráfico dirigida por el aclamado Amat Escalante, y hace poco, destacó en la pantalla grande gracias a “Nuestras madres” (2019), un drama social sobre el genocidio indígena de Guatemala en manos de militares que lo mostró en el papel de un joven antropólogo.

Este viernes, Armando Espitia (30) regresará a las salas reabiertas de los Estados Unidos con el estreno de “Te llevo conmigo” (“I Carry You With Me”), un drama de Sony Pictures Classics que fue dirigido por la reconocida cineasta estadounidense Heidi Ewing, pero que se encuentra casi completamente hablado en español y tiene una temática muy mexicana (se estrenará en tierras aztecas el 8 de julio).

En la cinta, Espitia interpreta a Iván, un joven gay con sueños de chef que no ha salido del closet y que se enamora de Gerardo (Christian Vázquez), un profesor de la misma zona con el que no puede hacer público el romance debido a los prejuicios de la sociedad en la que viven (la historia se desarrolla en la ciudad de Puebla a mediados de los ’90), lo que los obliga a emigrar.

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“Te llevo conmigo” se inspira en una historia auténtica y cuenta de hecho con la presencia de los protagonistas reales en los momentos en que estos aparecen reproduciendo momentos recientes o actuales, en consonancia con la escuela original de Ewing, quien había hecho hasta ahora solo largometrajes documentales (entre ellos “Jesus Camp”, que fue nominado al Oscar en 2007) pero que, en el presente trabajo, combina esta clase de esfuerzos con una línea narrativa de ficción que termina resultando ciertamente conmovedora.

En la entrevista que nos ofreció hace unos días, y que puedes encontrar también aquí en su versión de video, Espitia, oriundo del área popular de Iztapalapa, habla de lo que significó ser parte de este importante proyecto, de los retos mayores de la producción y de lo que representa contar estas historias para la comunidad LGBTQ.

Armando, parece que los productores de esta película han estado usando a la vez el nombre de la misma en inglés y español, y eso habla también del hecho de que esta es una película con directora estadounidense pero con muchísimo talento mexicano.

Cuando se pensó en el título de la película, se pensó en algo que funcionara en los dos idiomas, porque la naturaleza de la película es esa. Los personajes reales, Iván y Gerardo, que viven en Nueva York, son amigos de Heidi, y me parece que la creación de la película es un símil de los valores que retrata esta historia, sobre hacer cosas juntos en lugar de separarnos por las diferencias que tengamos. Si no me equivoco, la editora, la productora, Heidi y el que hizo la música son los únicos estadounidenses en el ‘crew’. Esto habla de un verdadero espíritu de colaborar y de decir que podemos hacer muchas más cosas juntos que separados.

Joven de carrera y de edad, Armando Espitia ya coquetea con Óscares y Globos de Oro.

Y la banda sonora tiene a grandes artistas mexicanos como La Sonora Santanera y Pedro Infante, además de la argentina Amanda Miguel, que se infiltra en una escena realizada dentro de un club de ‘drag queens’ mediante la presentación de uno de sus éxitos. La directora logró empaparse mucho del espíritu latinoamericano pese a ser anglosajona.

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También está Natalia Lafourcade, en los créditos. Heidi habla perfectamente el español, ha estado muchas veces en México y conoce muy bien nuestra cultura y nuestra Historia. No es una directora anglosajona que dice, ‘voy a hacer una película con mi perspectiva sobre algo que no conozco’. Sabe mucho más de mezcal que yo; tiene un montón de arte mexicano en su casa, es una gran apasionada de la cultura, y es por eso que ha podido hacer una película como esta.

Sé que ella misma empezó a trabajar en esta historia seis años antes de filmarla. ¿Cuándo se involucraron tú y Christian?

Yo me involucré tres o cuatro meses antes de empezar el rodaje, y Christian creo que dos meses antes. Heidi y quienes la ayudaron a escribir el guion trabajaron durante mucho tiempo en los personajes, en la estructura de la historia, y eso es algo que se agradece.

La película cuenta la historia de amor entre dos hombres mexicanos, tanto en Puebla como en Estados Unidos, y está basada en hechos reales. ¿Cuáles fueron los retos más grandes para ti en el proceso entero?

Las escenas de cruce del desierto, que es una experiencia de terror, porque caminas en la soledad del lugar en busca de tus sueños, siguiendo una dirección que no sabes si es la correcta, muchas veces en la oscuridad. Las hicimos en una reserva natural que está entre Veracruz y Puebla. La manera de filmar de Heidi, al estilo documental, hizo que estuviéramos lejos y solos, con la cámara alejada, empleando un lente muy largo. Pasamos dos o tres noches trabajando en esas caminatas, y pensar que eso está sucediendo constantemente, que hay personas que lo hacen en la vida real, da miedo.

Tu personaje atraviesa esos momentos, pero una vez que llega a Nueva York, se enfrenta al drama de ser indocumentado, lo que le impide visitar México y ver al hijo pequeño que dejó por allá. ¿Qué hiciste para ponerte en la piel de alguien así?

Yo crecí en un lugar del que ha partido mucha gente a los Estados Unidos, y donde hay mucha gente que trabajó ya por allá. Muchas familias en esa misma comunidad están partidas por este efecto de la migración. Ya lo había conocido, pero había que traerlo a mí. Tuve que abrir los oídos, preguntar, escuchar historias de las personas que habían atravesado algo así y encontrar en qué parte de mi cuerpo se encontraba esa nostalgia, en qué parte de mi memoria. Pensar en la imposibilidad de regresar pese a estar en un lugar que te da muchas oportunidades me sirvió muchísimo.

¿Llegaron a conocer a Iván y a Gerardo antes de empezar el rodaje?

Hicimos toda la parte de México y los conocimos después, cuando nos tocó hacer lo de Nueva York. La construcción de los personajes la hicimos nosotros a través del guion y con Heidi. No había un intento de recrearlos exactamente como son, sino de encontrar la esencia de esa historia y contarla a través de todos los mecanismos del cine, porque se trataba de hacerle honor a sus memorias. Y es que creo también que esta película habla del modo en que recordamos las cosas, de qué es lo que es recordamos, y el ejercicio cinematográfico es justamente eso.

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Sé que ustedes son actores profesionales, ¿pero cómo fue interpretar a dos hombres gay que participan en escenas apasionadas, más allá de la identidad sexual que pueda tener cada uno? ¿Fue complicado?

En este caso, no. Las escenas de intimidad siempre generan dudas y curiosidad en cualquier clase de espectador, porque no estamos acostumbrados a ver lo que pasa en esa intimidad. A mí me gustan las películas con historias humanas, profundas, y eso incluye la sexualidad. Todo eso forma parte de nuestras relaciones, y los actores estamos justamente entrenados para habitar el mundo del personaje, por lo que, si tienes que hacer una escena así, no lo piensas; al menos yo no lo hago, y creo que Christian tampoco.

El actor mexicano en otro momento de la cinta.
(Alejandro Lopez Pineda)

Yo trato siempre de ser muy respetuoso en este tipo de escenas, y le pregunto a la actriz si se siente cómoda, o cuál sería para ella la mejor manera de hacerlo. Quería hacer lo mismo con Christian, pero él no me dejó preguntarle nada. Me dijo: ‘Vamos a hacerlo. Relájate y dejemos que esto suceda sin poner prejuicios en la escena’. Y me parece que, en función del respeto, de cuidarnos y de estar siempre para el otro, se lograron unas escenas que me parecen muy elegantes y muy bonitas.

Están basadas en la ternura que se tienen los personajes, en la sensualidad y el erotismo que siente el uno por el otro, pero también en el amor y la admiración que experimentan. Va mucho más allá del hecho de ser dos hombres, porque es un encuentro íntimo, que es esencialmente el descubrimiento y el darte a otra persona.

Tú has participado en muchos proyectos de tinte social y arriesgado, mientras que Christian es mayormente conocido por comedias ligeras del ‘mainstream’, tanto en el cine como en la televisión. ¿Crees que eso marca una diferencia en la aproximación a esta clase de papeles? Siendo que en México sigue habiendo mucho machismo, ¿sientes que los actores de allá están mucho más dispuestos a interpretar roles así en la actualidad que en el pasado?

Yo he aprendido mucho de Christian. Me sorprendió que viniera, con la carrera tan brillante que tiene en las cosas comerciales, a arriesgarse en esta película. Vino con toda la humildad a esforzarse y a trabajar. Este personaje necesitaba a un actor de mi edad, y creo que los actores mexicanos de mi generación, más allá de su identidad de género, están abiertos [a esas interpretaciones]. Son historias que se están contando y que se tienen que contar. Evidentemente, habrá alguien que diga, ‘no, yo no quiero hacer un personaje homosexual’, pero son los menos; y algo así tendría más que ver con un cuidado de sus carreras que con una homofobia generalizada.

Para la gente de mi edad, las cosas están avanzando, aunque claro, hablo desde el privilegio de mi profesión y desde la Ciudad de México, porque hay sectores en el país que se encuentran mucho más afectados por la discriminación y las represiones en todos los sentidos. Todavía hay trabajo que hacer, y parte de ese trabajo consiste en llevarle esta película a la gente.