CRÍTICAS. Un superhéroe latino, unos perros maleducados y más estrenos en salas

Una escena de la cinta "Blue Beetle", protagonizada por el actor mexicoamericano Xolo Maridueña.
Una escena de la cinta “Blue Beetle”, protagonizada por el actor mexicoamericano Xolo Maridueña.
(Warner Bros. Picture)
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El verano no deja de lado su intensidad, del mismo modo en que lo hace la cartelera, reservada este fin de semana para la presentación de una de esas mega producciones sobre superhéroes que parecen asegurar el dominio de la taquilla, pero que, en este caso, maneja un planteamiento definitivamente particular. De todos modos, los espectadores que se inclinan hacia propuestas de otra clase tienen opciones para pasarla bien dentro de las salas oscuras.

BLUE BEETLE

Director: Ángel Manuel Soto

Reparto: Xolo Maridueña, Adriana Barraza, Damián Alcázar

Género: Superhéroes / Acción / Comedia

La primera versión para la pantalla grande de las aventuras de un superhéroe específicamente latino como protagonista -al menos en lo que se refiere al ‘mainstream’- llega a las salas del mundo entero para generar una mezcla de sensaciones que van desde el inevitable entusiasmo que produce una representación de esta clase hasta la decepción generada por la ligereza y el tratamiento profundamente comercial que se le ha dado al proyecto.

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Los lectores de cómics que tienen ya cierta edad -entre los que me incluyo- no están probablemente familiarizados con la versión más moderna de Blue Beetle, un personaje de DC que apareció inicialmente en las páginas ilustradas a fines de los años ‘30 y que fue anglosajón hasta su tercera encarnación, difundida a partir de mediados de los 2000. En ella, el protagonista pasaba a ser Jaime Reyes, un adolescente común y corriente que, luego de entrar en contacto con un artefacto alienígena, establecía involuntariamente una simbiosis con éste y adquiría por ello una serie de poderes extraordinarios.

En las historietas, Reyes era un residente de El Paso, Texas, evidentemente mexicoamericano (una de sus abuelas vivía en CDMX); pero no hemos notado que se profundizara nunca en sus raíces latinas. Aquí, en cambio, es oriundo de un lugar ficticio llamado Ciudad Palmera que luce decididamente tropical (los exteriores se filmaron en Puerto Rico), pero se encuentra rodeado de miembros de su familia que hablan frecuentemente en español con el empleo de modismos mexicanos y a los que les encantan los tacos.

No contentos con ello, los creadores de la cinta saturan la banda sonora con ‘hits’ en nuestro idioma de distintas procedencias, que van desde Calle 13 hasta Los Tucanes de Tijuana, pasando por Luis Miguel y Soda Stereo. Los esfuerzos para llamar la atención de la comunidad latina en su totalidad son tantos y tan forzados que lucen desesperados, y llevan a cuestionar la necesidad de contar con una representación tan genérica, además de afectar la verosimilitud del relato. A fin de cuentas, ¿no es acaso cierto que, en términos narrativos, lo más específico es lo que termina haciéndose universal?

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Sep. 7, 2022

La estrategia hubiera funcionado mucho más si el tono se hubiera inclinado completamente hacia la comedia de tintes farsescos, lo que no sucede debido a los numerosos momentos en los que los participantes aprovechan las pausas en las escenas de acción para ofrecer monólogos sentimentales que pretenden reemplazar el desarrollo correcto de sus personajes y que habría que adjudicar al guionista mexicano Gareth Dunnet-Alcocer (quien, para más señas, escribió la fallida adaptación en inglés de “Miss Bala” que se estrenó en 2019).

Por otro lado, se esperaba una puesta en escena más creativa por parte del director boricua Ángel Manuel Soto, quien fue capaz de imponer un estilo visual distintivo y de crear un retrato áspero y realista de la comunidad afroamericana de Baltimore en su excelente “Charm City Kings” (2020), pero cuyo uso de las imágenes en este caso podría haber sido realizado con IA, principalmente en las escenas de lucha, que lucen como si hubieran sido extraídas de un videojuego (de hecho, el mismo cineasta dice en las notas de prensa que se inspiró directamente en uno, llamado “Injustice 2”).

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A pesar de lo dicho, “Blue Beetle” tiene momentos que se disfrutan plenamente, sobre todo cuando el humor funciona, aunque lo haga a costa de esos clichés que pretende supuestamente evitar. Y no deja de ser emocionante ver a talentos tan grandes de origen mexicano como Damián Alcázar (“Un mundo maravilloso”) y Adriana Barraza (“Babel”) en papeles que, sin ser del todo convincentes, les ofrecen una oportunidad inmejorable de lucimiento a nivel mundial.

Por otro lado, la cinta se encuentra llena de detalles que merecen probablemente un segundo visionado, como sucede durante una escena de discusión entre la villana Victoria Kord (Susan Sarandon) y su sobrina Kenny (Bruna Marquezine), que sentí inicialmente acartonada y falsa, pero que, de pronto, me pareció intencionalmente extraída de una de esas telenovelas latinoamericanas que tanto se menciona a lo largo del filme.

También hay comentarios sumamente interesantes y directos sobre las secuelas del imperialismo y la Escuela de las Américas, la organización militar de los Estados Unidos en la que se entrenó a muchos soldados latinoamericanos responsables de cometer crímenes contra las poblaciones civiles de sus propios países. Ojalá que la cinta entera tuviera la misma garra.

STRAYS

Director: Josh Greenbaum

Voces: Will Ferrell, Jamie Foxx, Isla Fisher

Género: Comedia

“Strays”, que se encuentra ya en cartelera, es una de esas cintas que ofrecen exactamente lo que prometen; y lo que esta ofrece estaba ya casi completamente delineado en el trailer que se proyectó a lo largo de varias semanas en las salas de cine, y que tuve la mala fortuna de ver.

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Cuando hablo de mala fortuna me refiero al hecho de que el bendito avance no contaba solo el argumento, sino que presentaba prácticamente todas las bromas efectivas que aparecen en la película, lo que terminó por afectar la experiencia de ver el trabajo completo, que se encuentra lejos de ser una maravilla, pero que complacerá sin duda a los espectadores que gustan de las comedias irreverentes dirigidas a un público adulto.

Porque, claro, esta es una película para mayores, lo que podría causar confusión en vista de que se trata de una propuesta de acción real protagonizada por perros. Pero no hay que equivocarse: más allá de que los animales presentados no se ven involucrados en acciones físicas completamente ajenas a las que podrían tener en la realidad, los diálogos que salen de sus hocicos -porque, sí, todos ellos hablan, aunque los humanos solo escuchan ladridos- son constantemente explícitos, lo que va de la mano con las numerosas escenas que los muestran involucrados en actos de tinte sexual o escatológico.

En ese sentido, el gusto o el disgusto que se sienta por esto dependerá en gran medida de la sensibilidad de cada espectador y de la capacidad que éste tenga para enfrentarse a una propuesta que, a grandes rasgos, podría ser comparada con una versión canina de “The Hangover” (2009), en el sentido de que exhibe a sus personajes en medio de situaciones crudas e incómodas que no dejan de lado el consumo de drogas (en este caso, el de hongos psicodélicos, como parte de una escena que resulta sumamente divertida).

Visualmente, el director Josh Greenbaum (“Barb and Star Go to Vista Del Mar”) no ofrece nada sorprendente, con excepción de la secuencia arriba descrita; pero es indudable que tuvo que trabajar intensamente para que la combinación de animales reales y efectos digitales funcionara, mientras se ponía al mando de un guión ajeno -lo escribió Dan Perrault- en el que se cuenta la historia de un border terrier abandonado por su dueño que decide vengarse del humano con la ayuda de varios perros callejeros.

LA MEMORIA INFINITA (THE ETERNAL MEMORY)

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Directora: Maite Alberdi

Género: Documental

Luego de meternos en un hogar de ancianos para seguir a un espía inesperado en “El Agente Topo” (2020), la directora chilena Maite Alberdi nos introduce en el hogar de Augusto Góngora y Paulina Urrutia, una pareja indudablemente ilustre (él es un periodista reputado, ella una actriz reconocida) que se enfrenta a un drama especialmente complicado: el Alzheimer que afecta al primero, y que va debilitando cada vez más sus innegables cualidades intelectuales.

Esta es una enfermedad devastadora, y como era de esperarse, el documental, que se grabó a lo largo de casi cinco años, tiene momentos dramáticos y dolorosos. Pero logra escapar del miserabilismo al que parecía estar condenado no solo por el modo en que se encuentra estructurado, sino por la calidad humana y los antecedentes de Góngora y Urrutia, quienes, a pesar de sus marcadas diferencias de edad, se involucraron en diferentes causas sociales a lo largo de sus vidas.

Esto es particularmente evidente en el caso de Góngora, quien cumplió un papel decisivo en la difusión clandestina de noticias durante la dictadura pinochetista y que se dedicó luego a promover la necesidad de la memoria colectiva con la finalidad de no repetir errores del pasado, lo que establece un contrapunto fascinante con su propia pérdida paulatina de la memoria individual. Todo esto se muestra con el empleo de material de archivo que se encuentra correctamente editado e insertado.

Pero la cinta no deja nunca de lado ni los esfuerzos monumentales que tuvo que hacer Urrutia para hacerse cargo de su esposo cuando la enfermedad se encontraba ya avanzada, ni sus propios aportes a la sociedad chilena, plasmados no solo en sus trabajos como intérprete teatral y televisiva, sino también en la labor que desempeñó como Ministra de Cultura durante el primer gobierno de Michelle Bachelet.

De ese modo, y de la mano de Alberdi, “La Memoria Infinita” (lanzada en salas selectas de Estados Unidos con el nombre de “The Eternal Memory”) se convierte en un tributo que no se limita a las virtudes de Góngora, recientemente fallecido, sino que se extiende a las de Urrutia, quien tuvo que encargarse de hecho de la cámara ante la llegada de la pandemia, cuando la directora no podía ingresar a la casa de la pareja. Más allá de cualquier comentario político, esta es una historia de amor que, ahora, ha quedado registrada para siempre.

BIRTH/REBIRTH

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Directora: Laura Moss

Reparto: Marin Ireland, Judy Reyes, A.J. Lister

Género: Terror

Hey, “Talk to Me”, escúchame: ya tienes competencia en lo que respecta a la mejor película de terror del año. Pese a tener un perfil mucho más bajo y a no haber contado con una campaña promocional precisamente intensa, “Birth/Rebirth”, que se estrena este jueves de manera limitada, es una de las cintas de género más impactantes de los últimos tiempos, y llega acompañada por una impronta femenina que no se muestra nunca concesiva.

Se trata, además, de una película claramente inspirada en la mitología de Frankenstein que, sin embargo, encuentra caminos expresivos ciertamente novedosos al trasladar la premisa del relato gótico ubicado en el siglo 18 a un ambiente urbano contemporáneo y otorgarle el protagonismo a dos mujeres muy distintas: Celie (Judy Reyes), una enfermera latina y madre soltera que trata con esmero a sus pacientes, y Rose (Marin Ireland), una doctora anglosajona que parece estar dispuesta a todo con tal de llevar a buen puerto el experimento revolucionario que tiene entre manos.

Una muerte inesperada hará que las dos se conozcan y se vean obligadas a trabajar juntas de manera clandestina, provocando con ello un cambio sustancial en la conducta de Celie, quien se muestra inicialmente como una persona de corazón inmenso, pero cuyo lento deterioro moral es digno de verse. Puede decirse lo mismo de Rose, cuya obsesión por el trabajo que desempeña la ha convertido prácticamente en un espectro andante y que tiene varios esqueletos en el clóset, a veces de manera casi literal.

Al adaptar la historia a un mundo de mujeres, Moss, que escribió el guión al lado de Brendan O’Brien (“Neighbors”) y que debuta con esto en el área del largometraje, tiene la oportunidad de hacer comentarios sobre temas de maternidad, responsabilidad social y tratamiento ético que no se encuentran en otras versiones de la obra de Mary Shelley.

Pese a los extremos a los que llega eventualmente la historia, Moss se las ingenia también para que todo resulte verosímil, respaldada por las actuaciones excepcionales de Reyes y de Ireland y por una puesta en escena que, en desmedro de las evidentes limitaciones de presupuesto, aprovecha los espacios cerrados para incrementar la tensión y no deja nunca de lado a sus intérpretes en sus ingeniosas composiciones de encuadre.