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Huyó de su tierra porque creyeron que era un ‘niño maldito’ y terminó conquistando Hollywood

Federico Jiménez Caballero es un hombre de ascendencia indígena oaxaqueña. Sus antepasados
Federico Jiménez Caballero es un hombre de ascendencia indígena oaxaqueña. Sus antepasados lo inspiraron a desarrollar un talento innato para diseñador de joyas de plata y sin darse cuenta llegó a convertirse en un artista solicitado por las luminarias de La Meca del Cine.
(Nalani Hernandez-Melo/For Los Angeles Times en Español)

Federico Jiménez se inspiró en sus antepasados indígenas para darle forma a joyas de plata y su talento lo llevó a convertirse en un artista solicitado por las luminarias de la música y el cine

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Amenazas de linchamiento fueron los detonadores que lo obligaron a huir de su pueblo donde lo consideraban un niño “maldito”. Sin embargo esa situación no le arrebató sus sueños a este joyero indígena de nombre Federico Jiménez Caballero, cuyo espíritu de superación y sus ganas de encontrar bendiciones de ensueño, lo llevaron por un camino en el que se cruzó con el brillo de varias estrellas hollywoodenses.

Jiménez llegó a Estados Unidos en 1967 en pleno apogeo del movimiento hippie y pronto empezó a conquistar desde su joyería a muchos seguidores del movimiento. Nunca se imaginó que llegaría a estar diseñando para celebridades de renombre internacional como la actriz Elizabeth Taylor, las cantantes Cher y Beyonce, las luminarias Catherine Deneuve, Liza Minnelli, Brooke Shields, Joni Mitchell, Tom Cruise y Ali MacGraw, además de Woopi Goldberg, Natalie Wood, Robert Wagner, “El Boss” Bruce Springsteen y muchos más.

El también reconocido filántropo, promotor de la cultura y las artes y activista social, inició su camino por el país que lo recibió con los brazos abiertos mostrando sus diseños en un puesto al aire libre en el Swap Meet de Hollywood en los años 70.

“Era una época de los hippies, habían muchos seguidores de ese movimiento. Recuerdo que ahí llegó la cantante Cher en una oportunidad. Al principio no sabía quién era ella y por eso le rechacé un cheque de 900 dólares con el que quería pagarme. Empecé a escuchar a clientes y otros vendedores que era una cantante famosa, pero yo no quería recibir el cheque”, el oaxaqueño de 83 años de edad.

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Jiménez recuerda de esa ocasión que la reacción de la famosa cantante fue mover la cabeza de un lado a otro y sonreír al ver que el incrédulo artesano de la plata no quería recibirle el cheque. “Me vio, se rio y regresó por donde vino. Días después regresó y todo fue diferente. Llegó con dinero en efectivo, y yo ya estaba más enterado de quién era ella. Así que se convirtió en mi cliente por varios años”, recordó el oaxaqueño de ojos grandes y soñadores.

En esa época, los clientes que visitaban su negocio lo consideraban un indio americano por su físico indígena, su color de piel, el cabello largo negro azabeche y las piedras preciosas y turquesas que adormaban su humanidad.

Oaxacan jeweler and artisan, Federico Jimenez Caballero discovers ideas and points
El artesano oaxaqueño Federico Jiménez Caballero descubre ideas y puntos de inspiración a través de su creciente colección de libros en Venice, California, el jueves 9 de noviembre de 2023.
(Nalani Hernandez-Melo/For Los Angeles Times en Español)

“De hecho, Cher me siguió años después hasta en mi galería de Montana, en Santa Mónica, y le vendí el primer collar que hice para ese negocio. Nunca voy a olvidar que se lo vendí a mil 200 dólares y para entonces yo ya recibía cheques. Pero en el Swap Meet conocí a muchas estrellas más, a algunas las reconocía y a otras no, pero se eran celebridades por el alboroto que causaban al llegar”, comentó con sonrisa dibujada en el rostro.

Jiménez recuerda con mucho orgullo sus interacciones con Minnelli y también la relación que llegó a tener con Brooke Shields y su madre.

“Brooke llegaba con su mamá. Recuerdo que veían las joyas una y otra vez. Compraban algunas, pero lo que más disfrutaban era sentarse en el suelo con mi mama a comer tacos. Quien se hubiera imaginado que se trataba de personas tan sencillas y agradables”, recordó.

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“Un día Tom Cruise llegó a mi galería a comprar regalos que iba a entregar en Navidad. Estaba usando la chaqueta. Empezamos a platicar, y de la nada se la quitó y me la regaló”.

— Sobre una de sus anécdotas con Tom Cruise

Así como Jiménez recuerda momentos inolvidables con esta celebridades, también vienen a su mente anécdotas agridulces, como las que vivió con la cantante Joni Mitchell, con quien tuvo una bonita relación de amistad. “Me comunicaba muy seguido con ella, hasta me prestaba su carro, un Mercedes”, dijo con entusiasmo y luego su mirada cambió por completo cuando reveló que “algunos pensaban” que ellos tenían una relación más allá de la amistad.

“Y eso nunca me gustó porque yo realmente la respetaba, entonces me aparté de ella para no dañarla de algún modo, pero cuando quise retomar mi amistad con ella, ya no se pudo. La he buscado, y nada mas no responde”, confesó con cierta melancolía.

A pesar de todas esa celebridades con las que mantenía una constante comunicación, estaba la que el oaxaqueño consideraba como una de sus clientas más distinguidas, actriz de películas como “Una mujer marcada” y “El árbol de la vida”, y ganadora del Oscar de la Academia, Elizabeth Taylor.

“Al principio, ella mandaba a su secretaria a comprar aretes, luego ella misma iba a comprar algunas cosas”, recuerda Jiménez. “Desgraciadamente a mi no me llamaba la atención tomarme fotos con las estrellas de Hollywood, mi hermano Juan era el que se alborotaba y pedía tomarse fotos. Yo lo que tengo son fotos con políticos y personajes del ámbito cultural”.

Federico Jiménez muestra con orgullo la prenda que le obsequió el actor de Hollywood
Federico Jiménez muestra con orgullo la prenda que le obsequió el actor de Hollywood Tom Cruise en una de sus visitas al almacen para comprar regalos de Navidad.
(Cortesía de la autora)

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Pero hay que sí conserva el diseñador de joyas como un tesoro,una chaqueta que le regaló el mismísimo actor de Misión Imposible, Tom Cruise.

“Un día Tom Cruise llegó a mi galería a comprar regalos que iba a entregar en Navidad. Estaba usando la chaqueta. Empezamos a platicar, y de la nada se la quitó y me la regaló. Me dijo que la usó durante la filmación de la película ‘Days of Thunder’. Lo que más me gustó de su visita, es que se llevó mucha mercancía para sus regalos”, recordó con una sonrisa.

En el ámbito cultural, Jiménez ha formado parte de las mesas directivas de los museos South West de Los Angeles, CA (2006), National Center of American West, Los Angeles, CA (2006), Millicent Rogers, Taos, Nuevo México (2006) y de la Fundación México Americana para la Defensa Legal y la Educación (MALDEF) (2006).

Además, es uno de los fundadores junto a Gloria Molina, de La Plaza de la Cultura y las Artes (2011), de donde todavía sigue activo como miembro de la mesa directiva. También es autor del libro “One Man’s remarkable Journey From Tututepec to Los Angeles”.

Pese a la mala experiencia que vivió en su natal Oaxaca, en el 2008 el diseñador fundó junto a su esposa Ellen el Museo Belber-Jiménez en el centro histórico de la capital del estado del que salió huyendo en busca de una mejor calidad de vida en los Estados Unidos.

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Expulsado del pueblo

Antes de vivir en la capital de Oaxaca, Jiménez tuvo una niñez muy infeliz a por causa de la discriminacion, el bullying, el clasismo y el racismo del que fue objeto en su pueblo Tututepec, el cual estaba dividido entre mestizos e indígenas y de donde tuvo que huir debido a dos escándalos que provocó su inocencia en contra la Iglesia católica.

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“Soy de una familia indígena, hijo de campesinos muy pobres. A los ocho años empecé a sentir la discriminacion, pero yo quise romper esa barrera e incorporarme a los niños mestizos, pero fue muy difícil. Ellos se burlaban de mí porque vestí la misma ropa hasta por cinco días en la escuela y siempre tenía hambre.

“A veces mi mamá me mandaba a comprar la pata de la vaca para hervirla todo el día y preparar un caldo. Esa era mi comida”, contó con recelo . “Porque mis padres nunca tuvieron dinero para comprar pan o carne”, agregó.

El diseñador recordó que el comportamiento de esos niños hacia él fue muy duro y que sufrió mucho por sus crueles acciones.

El artesano oaxaqueño Federico Jiménez Caballero posa para un retrato en el estudio de su casa en Venice
El artesano oaxaqueño Federico Jiménez Caballero posa para un retrato en el estudio de su casa en Venice, California, el jueves 9 de noviembre de 2023.
(Nalani Hernandez-Melo/For Los Angeles Times en Español)

“Llegó un momento en que el pueblo y yo casi nos enfrentamos porque hice cosas por inocencia y otras para llamar la atención. Cosas que ni mis padres ni el pueblo soportaban”, agregó. “Fui muy golpeado por mi padre porque iban con la queja que yo le pegaba a los niños mestizos, porque los niños grandes me pegaban a mi, y mi papá me pegaba porque me dejaba que me pegaran. Todo era contra mí, parecía que todos estaban en contra de mi”, dijo en tono de pesar.

Las inocentes acciones que emprendió tuvieron consecuencias que marcaron su destino. “Hice cosas lamentables que no aceptaron los habitantes en mi pueblo porque me acusaron de hacerlas y me querían linchar”, dijo mientras perdía su mirada en el infinito y su semblante se entristeció por unos minutos.

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Explicó que al provenir de una familia pagana, a los ocho años no estaba familiarizado con los rituales de la Iglesia católica y eso le provocó grandes problemas.

“Un Jueves Santo vi que todos los niños de la escuela caminaban hacia la Iglesia. Los seguidores. Cuando entré a la Iglesia vi que les estaban dando algo como galletas, eso pensé que era. Entonces me formé hasta que llegó mi turno.

“Me dieron una ‘galleta’, que en realidad era la hostia, entonces los niños empezaron a gritar: ‘no te la tragues, no te la tragues porque es pecado’”, dijo. “Yo me confundí, me dio miedo y la escupí. Toda la congregación se quedó estática por lo que hice, pero lo hice por confusión. Es uno de los escándalos y las consecuencias fueron muy duras”, recordó.

Dos años después, Jiménez fue protagonista de otro acontecimiento que provocó la furia de los habitantes de su pueblo, quienes lo empezaron a considerar un “niño maldito”.

Detalles del taller del joyero y artesano oaxaqueño Federico Jiménez Caballero en Venice,
Detalles del taller del joyero y artesano oaxaqueño Federico Jiménez Caballero en Venice, California, el jueves 9 de noviembre de 2023.
(Nalani Hernandez-Melo/For Los Angeles Times en Español)

Contó que a los 10 años participó en una posada como pastorcito del Niño Dios y descubrió lo que considero todo un fenómeno: Las luces de bengala.

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“Vi por primera vez en mi vida esas luces y para mi eran como un fenómeno. Le dieron una a cada niño, pero a mí no. Estaba muy sorprendido y como cualquier niño, quería tener esa experiencia de sostener una luz de bengala, pero nadie me la prestaba y cuando se la pedí al niño que representaba a El Ángel me dijo que no, y le pegue en el brazo y la luz de bengala cayó sobre el aserrín y prendió el altar, luego se prendió una casa y otra casa”, recordó.

Al llegar la procesión a la Iglesia, todos se percataron que el Niño Dios estaba quemado y de inmediato se escucharon las campanas de la Iglesia anunciando que había sucedido una tragedia.

“Y cuando llegamos a El Zócalo, la gente preguntaba quién era el responsable del incendio, y alguien dio mi nombre. ‘Fue Federico’ dijeron”, recordó. “Tras eso ya nadie quería hablarme, me consideraron un ‘niño maldito’ para siempre. Y hasta me querían linchar”.

Los habitantes decidieron enviarlo a la cárcel una vez que tuviera edad legal.

“Como a mis 14 años, el doctor del pueblo se enteró de mi situación y me sacó del pueblo y me puso en un internado en la capital del estado”, añadió. “Por primera vez dormí en una cama, una experiencia bastante bonita, pero no duró mucho porque a las dos semanas me echaron del internado porque tenía una infección en la cabeza y era contagiosa”. Jiménez había contraído tiña, una enfermedad de la piel causada por un hongo que puede afectar el cuero cabelludo, la piel, los dedos, las uñas de los pies o los pies.

Con la lucha frente a esa infección, Jiménez fue obligado a dormir en plazas y a lavar carros, vender periódicos, limpiar casas y patios.Pero no había mal que por bien no viniera.

El atractivo de sus piezas le han permitido al diseñador Federico Jiménez Caballero
El atractivo de sus piezas le han permitido al diseñador Federico Jiménez Caballero compartir con celebridades de la música y el cine de talla mundial.
(Nalani Hernandez-Melo/For Los Angeles Times en Español)

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“Por que finalmente junté dinero para curarme y regresé por unos años al internado, donde, para mi mal, también sufrí de bullying, aunque podía salir los fines de semana a trabajar ya que mi sueño era ir a la Universidad. Una señora me dio un petate para dormir, era lo único que tenía. Empecé a trabajar día y noche para mis estudios. Al final lo logré”, dijo emocionado.

La suerte de Jiménez cambió cuando un turista de Florida le ofreció una beca de 20 dólares al mes. “Todo era sorprendente. Con ese dinero pagaba mi renta, comida y libros. Ya era un estudiante normal”, comentó.

Sin embargo, de nueva cuenta empezó a sentir la miseria cuando tuvo que recibir en su cuarto a toda su familia que llegó a la capital. “Invadieron mi espacio, mi vida. Éramos una familia pobre en una ciudad grande y los 20 dólares ya no alcanzaba para mucho”, dijo.

Pero no todo estaba perdido porque la suerte volvió a tocar a su puerta. Con un sonrisa de oreja a oreja comentó que por azares del destino llegó a una reunión con antropólogos en la que conoció a quien hoy es su esposa, Ellen Belber.

El joyero y artesano oaxaqueño Federico Jiménez Caballero diseña piezas personalizada que han
El joyero y artesano oaxaqueño Federico Jiménez Caballero diseña piezas personalizada que han conquistado los gustos exigentes de algunas celebridades.
(Nalani Hernandez-Melo/For Los Angeles Times de Español)

“Ella es de origen judío y por supuesto que tuvo problemas con su familia por casarse conmigo, y yo tuve problemas con mi familia, pero defendimos nuestro amor y nuestra relación duró 53 años, pero lamentablemente Ellen falleció hace un año”, expresó consternado.

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Hoy viviendo con el recuerdo de Ellen a cuestas y recordando lo que ha sido el carrusel de emociones de su vida, Jiménez sigue diseñando joyas y participando en actividades culturales y filantrópicas, rodeado de personalidades del ambiente. Quizás ya no ve a Cher, ni a Beyonce, pero igualmente sigue escribiendo su historia y labor en Estados Unidos como un indígena oaxaqueño que ha vivido superando obstáculos, estrechandole la mano a famosos y siendo objeto de reconocimientos.

El próximo 16 de noviembre el gobierno mexicano condecorará a Jiménez con la medalla “Mexicanos Distinguidos 2023” en la Plaza de la Cultura y las Artes y con esta escena escribirá el final de un capítulo en su historia de película y seguramente le dará paso al siguiente donde segura, mete sus diseños de plata serán los protagonistas.

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