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Internacional

BARCELONA: Cuando entendí que el coronavirus estaba en la puerta de mi casa

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Fue hasta que se entendió la gravedad de la situación, que las calles de la bulliciosa ciudad de Barcelona se empezaron a quedar solas.
(Arlene Bayliss)

El 11 de marzo cenamos en casa sobre las diez de la noche. A las 12 sabía que me esperaba una sorpresa con velas para soplar, así que durante la cena se me ocurrió proponer un adelanto al reloj para cenar con postre cumpleañero. Para las doce seguramente ya estaríamos en cama medio dormidos. ¡Se notó que cumplí 38 años!

Esa misma tarde cancelamos el viaje que teníamos previsto. Una escapada a la montaña de Barcelona, que está a 30 minutos en auto, de pronto parecía irresponsable. El coronavirus se estaba volviendo cada vez más hostil y como efecto dominó desde China, Corea, Italia, España... En Madrid y País Vasco este día cerraron las escuelas.

Y hoy se declaró pandemia mundial. Pero ¿alguien sabe qué significa esto?

Fue extraño cuando el reloj marcó las doce de la noche, celebramos dentro de una nube de desconcierto y reflexión. No teníamos ni las preguntas claras. Había silencios.

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El 12 de marzo, lo primero que hicimos después de desayunar fue ir al supermercado. Las fotos de estanterías vacías de supermercados ya habían circulado por las redes sociales, lo mismo que los memes y el efecto papel del baño en México y Estados Unidos, también pasó en España aunque a otra escala. Pero no, esa mañana de viernes sí había papel, servilletas y toallitas húmedas. Pero no había frijoles, ni garbanzos, ni lentejas, ni arroz. Tampoco había leche. Se había terminado el gel que uso para el cabello, pero las estanterías de las mandarinas estaban repletas.

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“Tomé unas cuantas fotografías y se las mandé a algunos amigos de aquí y allá. Les decía que nunca me imaginé que en España... ¡me dejarían sin frijoles!”
(Arlene Bayliss)

Regresamos a casa cargados de las compras, guardamos todo y preparamos unas tortas o bocatas de jamón con queso, lechuga, tomate, salsa chipotle y aguacate. Una botella abierta de vino blanco, cuatro croissants en un tupper, café con Baileys en un termo pequeño, agua, servilletas y todo directo a la mochila.

Desde casa en el barrio Camp de l’Arpa en Barcelona al Parque de Guinardó son veinte minutos caminando. Hacía un día increíble, con mucho sol que en invierno en Europa siempre es bienvenido. Un jueves tranquilo que parecía normal: con el comercio abierto, madres llevando a sus hijos en el carrito, parejas de abuelos sentados en una banca, pero también farmacias que anunciaban por medio de un cartel que no tenían gel desinfectante o personas con cubre boca por las calles.

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“Del Parque Guinardó llegamos a los Búnkers del Carmel. Es la punta más alta en una montaña que ofrece unas vistas de 360 grados impresionantes de Barcelona”.
(Arlene Bayliss)

Al medio día ya estábamos entre los árboles. Lo mismo, vida normal. Una madre con su hijo en la fuente, una vecina paseando a su perro, un señor en bicicleta de montaña. Unos chicos turistas veinteañeros tomando fotos a las vistas de la ciudad, grupos de amigos escuchando música...

Durante otros veinte o treinta minutos estuvimos entre la sombra de los árboles y el sol de los espacios abiertos. Caminando, paseando. ¡Barcelona a nuestros pies! Y es que desde la montaña puedes ver el mar y si estiras el brazo puedes tocarlo.

Del Parque Guinardó llegamos a los Búnkers del Carmel. Es la punta más alta en una montaña que ofrece unas vistas de 360 grados impresionantes de Barcelona. Y aunque no había demasiada gente, la había, ¡todas las terrazas cercanas estaban llenas! Ninguna silla desocupada. Me confundía ver que el turismo estuviera tan tranquilo, ¿no deberían estar preocupados por regresar pronto a casa?

Seguimos nuestro camino buscando un espacio abierto y despejado dónde comer.

¡Qué comida! Era mi cumpleaños, así que mi bocadillo era sencillamente perfecto, totalmente a mi gusto. Sentados a la sombra, con las vistas y un café aún caliente. El día era tan bueno que me quité la sudadera. ¡Nos tomamos fotos y hablamos del coronavirus!

¿Ya supiste de las conspiraciones? ¿Viste el meme tal? Mira este video. Daniela ya no va al cole el lunes, hay que decirle a Susana si quiere que le ayudemos con ella. ¿Ya le hablaste a tu mamá? ¿No te han dicho nada en el trabajo? ¡Ya me preocupa abril!

Nos acabamos el vino.

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Seguimos la ruta por los senderos hasta la parte más alta de Park Güell. El parque más famoso de Barcelona estaba abierto, como un jueves cualquiera. Mientras más nos acercamos, más personas, una escuela, turistas, música, vendedores ambulantes… ¡Vámonos otra vez! Pero esta vez de regreso a casa.

Pasaban de las cinco de la tarde. Había tanta normalidad en la calle que me pregunté: ¿podría ser que estuviera exagerando? Justo ahora que creía entender que lo más importante era aislarnos. Pero, ¿por qué Madrid cierra los colegios y el resto del país no lo hace también? Si cancelar la escapada no era suficiente, reducir la actividad del día a día y activar el teletrabajo como una recomendación tampoco. ¡Todos estábamos en la calle!

Este sentimiento de incertidumbre que me invadió por el coronavirus lo sentí con la misma fuerza un mes antes, con la cancelación del Mobile World Congress de Barcelona que se celebraría entre el 24 y el 27 de febrero. No podía creer que un evento tan importante se cancelara, me hizo pensar que el problema era realmente serio. No se reprogramó, se canceló. Fue la primera vez que me preocupe. Investigué qué era, cómo empezó todo en China, cómo creció en Europa, cómo invadió Italia; lo hablé con mis amigos.

En México mis amigos me decían: acá no ha llegado, esperemos que no lo haga, cómo están allá porque dicen que está fea la cosa.

Los veía y me hacían sentir la lejanía. ¡Allá! Lejos como cuando yo vi la noticia del coronavirus en China. Tan lejos como pensar que en un abrir y cerrar de ojos llegué a los 38 años y ahora todo está aquí en la puerta de mi casa.

¿Sin avisar?

El 13 de marzo toda la mañana estuve en pijama en el sillón con la computadora, la televisión y el celular viendo las noticias, leyendo artículos, al tanto de los directos, los tuits. Instagram… no podía parar en whatsapp. El coronavirus tenía semanas presente en las noticias de todos los medios cada día, pero de pronto todo cambió. Iba a mayor demasiado rápido.

Estábamos comiendo en casa y el gobierno español anunció que se limitaban los viajes, que sólo podrías salir en caso de fuerza mayor. Poco a poco se habló de cancelaciones, de cierres de comercios y restaurantes hasta nuevo aviso. La palabra confinamiento llegó a España.

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¿Confinamiento?

Se terminó la semana y mi cumpleaños parece tan lejos. Por lo visto tuve suerte de cumplir años al aire libre, incluso me parece ya un recuerdo lejano. Me pregunto: ¿habremos hecho bien en haber salido el jueves por la mañana? ¿Cómo es posible que en dos años cumpliré 40? ¿Mi cumpleaños 38 será el recuerdo del día que entendí la fragilidad del sistema del que formo parte? Ojalá el coronavirus también se convierta pronto en un recuerdo lejano.


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