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Sexo, drogas y virus: las élites venezolanas siguen de fiesta, pese a la pandemia

Un sospechoso arrestado por asistir a una fiesta de varios días se presenta en una conferencia de prensa, el 31 de marzo en Caracas, Venezuela.
(Associated Press)

Pasaron la semana en una fiesta llena de sexo y drogas: bailando en playas de arena blanca y retozando en una isla caribeña con prostitutas de Europa; algunos se tomaron selfies con famosos artistas de reggaeton.

Pero sin el conocimiento de varios jóvenes de la élite gobernante de Venezuela, el coronavirus se estaba extendiendo entre ellos.

Para algunos de los “bolichicos” -venezolanos que son la descendencia privilegiada de la revolución socialista- la fiesta no cesó en medio de la pandemia cada vez más seria, en un país ya afectado de antemano por la crisis.

Hasta la fecha, el virus se cobró sólo siete muertes confirmadas en Venezuela. Pero existe un gran potencial de que la pandemia desborde un sistema de salud paralizado hace tiempo, donde los hospitales carecen de agua, electricidad y suministros.

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No está claro cuántas personas se enfermaron el mes pasado en el archipiélago de Los Roques. Pero una fiesta estridente que derivó después en un grupo de infecciones generó preocupaciones en el nivel más alto del gobierno y desató la condena general de los venezolanos, que llevan semanas encerrados en sus hogares.

“Hubo una fiesta, en una isla, y prácticamente todos los que asistieron dan positivo”, afirmó el asediado líder Nicolás Maduro, el 20 de marzo pasado, en la televisión estatal.

Tres días después, cuando las vergonzosas publicaciones de Instagram se filtraron bajo el hashtag #CoronavirusParty, le restó importancia. “¿Quién va a criticar una fiesta? No sabían que estaban enfermos”, remarcó Maduro, quien fue acusado por Estados Unidos el mes pasado por cargos de narcóticos.

Así sean las atestadas playas de Miami durante las vacaciones de primavera, o los raves clandestinos en España e Italia en los primeros días de la pandemia, las fiestas entre los jóvenes y los ricos han sido difíciles de aplacar.

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En América Latina, la región más desigual del mundo, se culpa a las élites del jet set por importar el virus. En México, por ejemplo, se descubrió que casi 20 personas estaban infectadas al volver de un viaje de esquí a Vail, Colorado. Pero son los pobres, que carecen de atención médica y luchan por mantener sus trabajos informales, quienes resultan más afectados.

En Venezuela, envuelta por una escasez de alimentos y medicamentos que forzó a huir a cinco millones de ciudadanos, las lujosas celebraciones son aún más escandalosas. Tales centros de riqueza también son más difíciles de ver en medio de la propaganda incesante que ensalza a los trabajadores pobres.

Las festividades en Los Roques fueron organizadas por varios empresarios vinculados al gobierno, según dos personas familiarizadas con la cuestión, que hablaron bajo condición de anonimato por temor a represalias.

Si bien ninguna de las dos fuentes que hablaron con Associated Press estuvieron en la celebración, asistieron a otras reuniones con el mismo grupo y están en contacto con varios de los invitados.

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Entre los jóvenes juerguistas se encontraba Jesús Amoroso, hijo del principal funcionario anticorrupción de Maduro, que fue sancionado por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos por socavar presuntamente la democracia de Venezuela.

Las dos personas relataron que las prostitutas de Madrid y Londres fueron trasladadas justo antes de que se cerrara el transporte aéreo a España, una de las naciones más afectadas por la pandemia.

Un grupo más pequeño se cruzó con dos famosos artistas de reggaeton puertorriqueño, Zion y Justin Quiles, a quienes se ve con Amoroso en una lancha eléctrica en fotos y videos subidos a las redes sociales.

Una portavoz señaló que Zion y Quiles estaban en las islas para filmar un videoclip y que no asistieron a ningún evento social. Ambos dieron negativo por el virus.

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En una nación plagada de miseria, Los Roques es un oasis para los pocos que pueden pagarlo, incluidos los asistentes y familiares de altos funcionarios, que viajan en avión privado al conjunto de pequeñas islas. Las fiestas allí se han vuelto más populares, especialmente cuando Miami, Madrid y Nueva York quedaron descartadas después de las sanciones de Estados Unidos, que cortaron el acceso a cuentas bancarias extranjeras y los viajes fáciles. Entre quienes las han visitado se encuentran los hijos de Maduro, según las dos personas consultadas, aunque ninguno había asistido a esa última fiesta.

Por lo general, las celebraciones cuentan con drogas psicodélicas 2C-B, conocidas como “cocaína rosa” por su alto precio y por tratarse de una sustancia rosada en polvo, agregaron ambas fuentes.

Una de ellas proporcionó un video de la velada reciente, que muestra a mujeres en bikini bailando, el pasado 11 de marzo, en una casa frente al mar rentada a un banquero venezolano exiliado.

Según una tercera persona familiarizada con la situación, al día siguiente un séquito más grande partió en varios botes a un lugar popular que los lugareños llaman “Cayo Corrupto”. No sabían que el virus se estaba propagando.

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“Ciertamente, una de las chicas ya tenía el virus, y nadie lo sabía”, comentó un residente local y asistente a la fiesta, en un mensaje de audio filtrado en las redes sociales. El individuo, cuya autenticidad fue verificada por una de las dos fuentes que solían asistir a estas celebraciones, contó cómo él y su novia debieron ser evacuados, con fiebre alta. También agregó que las pruebas de seis personas fueron positivas.

La fiesta terminó con resaca: todos fueron sometidos a pruebas y algunos, avergonzados, cerraron sus cuentas de redes sociales. Otros defendieron su accionar. “Jódanse, chismosos”, escribió Amoroso en Instagram con una foto que lo muestra frente a un SUV de lujo y con los dedos medios levantados.

La semana pasada, la policía arrestó a varias personas que estaban en Los Roques, incluida la presunta madame de las prostitutas de élite, después de terminar una fiesta de varios días en una casa de lujo en Caracas. Los agentes encontraron una pistola, píldoras de éxtasis y a ocho mujeres pertenecientes a una presunta red de prostitución, según el informe policial.

De los 18 arrestados por violar la prohibición de Maduro para realizar grandes reuniones, dos dieron positivo por el virus, según la policía.

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El escándalo todavía irrita a la gente en el pobre barrio caraqueño de Petare. Miguel Rengifo, quien conduce una moto-taxi, está horrorizado por los informes de las ricas fiestas mientras el país está bloqueado. “Estamos luchando para comer, pero ellos corren libres, beben y persiguen chicas sin pensar dos veces en el resto de nosotros”, afirmó el hombre, de 38 años. “Aquí, literalmente estamos luchando para sobrevivir”.

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