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Una activista encarcelada fue obligada a asistir al funeral de su bebé esposada

Reina Mae Nasino's baby, River, lies in a white casket adorned with her photo, flowers, baby shoes and a ceramic bunny.
River, la hija pequeña de la activista filipina encarcelada Reina Mae Nasino, murió de neumonía el 9 de octubre pasado. El hecho provocó indignación por el trato a los trabajadores de derechos humanos.
(Aie Balagtas See / For The Times)

La niña yacía en un ataúd blanco adornado con flores moradas y amarillas, un conejito de cerámica y pantuflas rosadas.

Su nombre era River. Había nacido en la pobreza, como hija de Reina Mae Nasino, una activista de 23 años de edad en uno de los barrios marginales más desesperados de Manila, quien fue arrestada el año pasado como parte de la implacable represión del gobierno filipino contra los trabajadores de derechos humanos.

Poco después de nacer, River fue separada de su madre encarcelada. La pequeña murió de neumonía este mes, al cuidado de su abuela. Su difícil situación y el manejo de su funeral, la semana pasada, desataron la indignación en Filipinas, un país donde las condiciones de los defensores de los derechos humanos se deterioraron bajo la administración del presidente Rodrigo Duterte.

Nasino tuvo seis horas para salir de la cárcel y asistir al velorio y entierro de River en un cementerio de Manila, después de que un juez denegara su solicitud de una licencia de tres días.

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En imágenes que generaron acusaciones de crueldad por parte de defensores de los derechos y celebridades por igual, Nasino se vio obligada a asistir al velorio de River esposada y enfundada en un traje de materiales peligrosos, debido a las preocupaciones por el coronavirus en las cárceles de ese país. Más de tres docenas de guardias uniformados de la prisión, muchos de ellos armados con rifles automáticos, la rodeaban.

“Nos negaron la oportunidad de estar juntas”, se pudo escuchar a Nasino decir a través de su cubierta facial, mientras sollozaba sobre el ataúd de su hija. “Ni siquiera vi tu risa. Seré liberada y saldré de la cárcel siendo más fuerte”.

Nasino luchaba por enjugarse las lágrimas después de que le negaran quitarse las esposas. Cuando comenzó a responder preguntas de los periodistas dentro de la funeraria, los guardias de la prisión intentaron retirarla de allí a rastras. Los abogados y sus familiares intentaron retenerla. Siguió un tira y afloja entre ambas facciones.

“Las circunstancias son ridículas”, aseveró Josa Deinla, una de los abogadas de Nasino. “Les preocupa que Nasino sea ‘rescatada’. ¿Por qué una madre huiría de la oportunidad de enterrar a su hija?”.

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Reina Mae Nasino, in hazmat suit and handcuffs, is surrounded by prison guards at her daughter's wake.
Los guardias de la prisión filipinos se negaron a quitarle las esposas a Reina Mae Nasino en el velorio de su hija, en Manila.
(Aie Balagtas See / For The Times)

Xavier Solda, el portavoz de la Oficina de Gestión Penitenciaria y Penología, defendió el trato a Nasino, diciendo que había riesgo de fuga. También culpó a la “izquierda” de usar el velorio para crear un “espectáculo”.

El lunes, un portavoz de Duterte expresó que el presidente “respetó" las acciones tomadas por los funcionarios carcelarios para que la ceremonia fúnebre de River fuera segura.

Pero el trato a la madre doliente llamó la atención de la Comisión de Derechos Humanos de Filipinas, que admitió estar investigando el caso en busca de pruebas de encarcelamiento político. La organización también expresó preocupación por la forma en que River fue separada de su madre, una posible violación de las normas de las Naciones Unidas para el tratamiento de las reclusas, conocidas como las Reglas de Bangkok.

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Nasino había pedido permanecer detenida en un hospital o guardería de la prisión durante el primer año de la pequeña, pero ello le fue negado por un juez que afirmó que la cárcel carecía de recursos, según sus abogados.

Nasino fue arrestada en noviembre junto con otros dos activistas y acusada de posesión ilegal de armas de fuego y explosivos, un delito no sujeto a fianza. Ella y sus partidarios señalan que la evidencia fue plantada debido a su afiliación con Kadamay, un grupo contra la pobreza que se enfrentó con las autoridades en 2017, después de que los miembros ocuparan un espacio de viviendas públicas al norte de Manila construido para los pobres, que era reclamado por soldados y policías. Duterte había advertido al grupo que sus miembros serían fusilados por resistirse al arresto.

La disidencia en Filipinas ha sido reprimida violentamente por el presidente, de 75 años de edad, que ha convertido a los activistas y defensores de la sociedad civil en el blanco frecuente de ejecuciones extrajudiciales al etiquetarlos como terroristas y comunistas.

Al menos 248 trabajadores de los derechos humanos, periodistas, abogados y sindicalistas fueron asesinados durante su administración, según la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

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“El presidente Duterte le ha dado poder a la impunidad de la policía, no solo en relación con la responsabilidad ante la ley, sino también con la decencia humana básica”, destacó Phil Robertson, subdirector para Asia de Human Rights Watch.

La activista filipina encarcelada Reina Mae Nasino tuvo que usar un traje para manejo de materiales peligrosos y esposas en el velorio de su propia hija pequeña.

Jailed Philippine activist Reina Mae Nasino in a hazmat suit and handcuffs at her baby's wake.
La activista filipina encarcelada Reina Mae Nasino tuvo que usar un traje para manejo de materiales peligrosos.
(Aie Balagtas See / For The Times)

La licencia de tres días que le rechazaron a Nasino puso de relieve las desigualdades en el sistema penal, alegan sus partidarios. Políticos bien conectados, como la ex presidenta Gloria Macapagal Arroyo, acusada de corrupción, tuvieron un permiso de dos días fuera de prisión para celebrar la Navidad, el Año Nuevo y su cumpleaños. “Reina Mae Nasino recibe un trato cruel, degradante e inhumano, especialmente si uno lo compara con el que reciben los personajes VIP, que fueron acusados y están en prisión”, comentó Cristina Palabay, secretaria general de Karapatan, un grupo de derechos humanos con sede en Manila. “Esto se debe a que el estado etiqueta a los activistas como Nasino como ‘enemigos’ o ‘terroristas’”.

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Un tribunal inicialmente le concedió a Nasino tres días como duelo por su hija fallecida, a partir del 14 de octubre hasta el entierro de la pequeña, programado para el viernes. Pero la decisión fue revocada después de que funcionarios de la cárcel de la ciudad de Manila dijeron que no tenían suficiente personal para vigilar a Nasino durante tres días. El sector femenino de la prisión alberga casi cuatro veces la población para la que fue diseñada, según los registros judiciales.

Nasino está en la cárcel desde febrero, poco después de enterarse de que estaba embarazada. Sus partidarios afirman que se le negó la atención prenatal adecuada.

River nació en julio, con un peso inferior al normal de 5.5 libras. Un médico le dijo a Nasino que la amamantara. A pesar de eso, un tribunal ordenó que madre e hija fueran separadas, un mes después. Los fiscales habían argumentado que el uso suplementario de fórmula de Nasino era evidencia de que el bebé no necesitaba ser amamantado.

River fue entregada a la madre de Nasino, Marites Asis, el 13 de agosto. Fue la última vez en que la activista vio a su bebé; los derechos de visita de los detenidos se habían suspendido desde marzo para evitar la propagación del COVID-19.

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La niña fue diagnosticada con neumonía menos de seis semanas después y trasladada a una unidad de cuidados intensivos en el Hospital General de Filipinas. El 9 de octubre murió. Un abogado llamó a Nasino a la cárcel para compartir la noticia. “Ambos lloraron y lloraron”, dijo Deinla. “No sé cuánto duró la conversación porque solo lloraban”.

Nasino volvió a la cárcel de la ciudad de Manila, donde está en cuarentena durante 21 días en lugar de los 14 habituales. Sus abogados no saben por qué. Se preocupan por su salud mental, ante el largo aislamiento. “Tenía la esperanza de poder reunirse con River una vez que estuviera libre”, enfatizó Deinla. “Pero eso ya nunca pasará”.

Pierson, redactor de planta de The Times, informó desde Singapur y el corresponsal especial Balagtas See desde Manila.

Para leer esta nota en inglés haga clic aquí

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