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El “cinturón bíblico” y escéptico de la covid-19 en Países Bajos

El "cinturón bíblico" y escéptico de la covid-19 en Países Bajos
EFE/EPA/SEM VAN DER WAL/Archivo

El “cinturón bíblico” de Países Bajos, una franja que concentra una mayoría calvinista, registra los peores datos de vacunación de todo el territorio neerlandés por una cuestión mayormente religiosa y ahora está emergiendo en el mapa de la covid-19 con el mayor aumento de contagios en el país.

La zona conforma una línea inclinada que cruza el centro de Países Bajos de suroeste a noreste, desde Zelanda hasta Overijssel, aunque fuera de esa región también hay más congregaciones cristianas ortodoxas, como el pueblo de pescadores de Urk, uno de las más tradicionales del país y separado del “cinturón” por un pólder desde hace ochenta años.

Son hogares compuestos por familias numerosas, unidos por la iglesia, y donde las visiones liberales nacionalmente aceptadas tienen más dificultades de encajar, como la eutanasia, el aborto, los derechos de los homosexuales o la donación de órganos, según datos oficiales y recuentos de la agencia nacional de estadísticas (CBS).

Lo que también tienen en común es su rechazo a todas las vacunas, que ven como una señal de falta de confianza en Dios: ahora centran los peores datos de vacunación contra la covid-19, pero ya fueron foco de varios brotes de sarampión en los años 2000 y 2013, lo que llevó a algunos vecinos a vacunarse en secreto con ayuda de las juntas de sanidad local.

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También registraron otro brote de rubeola en 2013 e incluso una epidemia en 1993 de la polio, una enfermedad peligrosa que se cobró la vida de varios y dejó secuelas físicas a muchos niños que hoy lidian con tetraplejias. La alta tasa de vacunación en el resto de país hace que no sea tan fácil para los vecinos del cinturón bíblico contagiarse con los virus.

“Sabemos que una gran parte de la población no está vacunada por objeciones religiosas. Por lo tanto, hay que utilizar otros medios alternativos para proteger a la población (…) medidas que hayan funcionado bien”, instó el epidemiólogo Arnold Bosman, de un equipo de expertos que ofrece asesoramiento no solicitado sobre la política contra el coronavirus.

Aboga por reinstaurar la distancia social e introducir medidas locales, y no nacionales, por la naturaleza de la zona: su importante población joven se encuentra con frecuencia en clubes y bares, y sus vecinos se reúnen en sus visitas a la iglesia, donde el acceso no está determinado por el “pase covid” por una cuestión de libertad religiosa.

Fueron precisamente los templos el punto de controversia entre estos municipios y el gobierno central: Una iglesia de Urk abrió sus puertas completamente a los fieles, en pleno confinamiento, preocupada por su “bienestar espiritual”.

Si no tenían síntomas de covid-19, eran bienvenidos al templo sin mascarillas, ni distancia interpersonal, y a pesar de que el gobierno recomendaba máximo 30 personas en el interior, esta iglesia aceptaba hasta 500.

La objeción bíblica a la vacunación, que cogió fuerza entre los teólogos a finales del siglo XVIII con el descubrimiento de la cura para la viruela y sus graves efectos secundarios, se suma a la distribución en redes sociales de las teorías de la conspiración que afirman cuestiones tan dispares como el uso de restos de fetos abortados para producir las vacunas.

El partido protestante fundamentalista SGP, que defiende un gobierno basado en los ordenamientos de Dios “revelados en las Sagradas Escrituras”, obtuvo la mayoría absoluta de los votos en Urk en las elecciones generales del pasado marzo, un hecho poco común en un país con un sistema político fragmentado entre 17 partidos políticos.

En diciembre pasado, nueve de los mayores diez focos de coronavirus de Países Bajos fueron clasificados como áreas “cristianas” por el Instituto de Salud Pública (RIVM).

Las juntas de sanidad locales confirman ahora un aumento de contagios en la zona y piden hablar con líderes regionales para buscar formas de “motivar” a la población a aceptar medidas, o vacunarse, pero el cinturón se opuso siempre a las restricciones: Urk fue cuna de violentas protestas contra el toque de queda, donde incluso quemaron un centro de test.

Mientras casi el 83 % de adultos en Países Bajos ya ha recibido la pauta completa, en Urk solo se ha vacunado el 30 % de la población. En la mayoría de las iglesias conservadoras, como las Congregaciones Reformadas, el porcentaje de personas vacunadas es inferior al 25 %, mientras que dentro de las iglesias moderadas se ha vacunado entre el 50 y el 60 %.

Imane Rachidi


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