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Las dos caras de la explotación maderera ilegal en la Amazonía peruana

La ingeniera forestal Tatiana Espinosa y su equipo de Arbio junto a la base de un milenario shihuahuaco.
(Michael_Tweddle/TweddleFoto.com)

Enzo Duarte surca la densidad de la selva amazónica dando pasos acelerados. Conforme camina, kilómetros y kilómetros hacia adentro de la manigua —laberinto misterioso y peligroso que es la jungla— busca árboles maderables altísimos cuyas copas sobresalen por encima de la bóveda.

El censor, como se llama al individuo que recorre la jungla en busca de árboles maderables, guía a los talamontes con sus motosierras hacia el punto en el que ha marcado la presencia de un monumental shihuahuaco; uno de los árboles emergentes más representativos del bosque y uno de los más valorados por los taladores furtivos. Su tasa de crecimiento es muy lenta y por ello, su madera es muy dura y apreciada por la industria de pisos parquet. Solo para crecer medio metro de diámetro demora más de 300 años. El problema es que, si continúa su depredación, para el 2025 ya no quedará ninguno en pie.

Troncos recién talados son apilados en un aserradero improvisado en los bosques de Las Piedras, Madre de Dios.
(Michael Tweddle .)

“Desde el año 2001 hasta el 2003 me dediqué a sacar caoba en la cuenca del río Los Amigos, uno de los tributarios más importantes del río Madre de Dios”, recuerda Duarte de 45 años, desde una pizzería en Puerto Maldonado. “Vinimos al río de Las Piedras y empezamos a cruzar al río Los Amigos por atrás, no había carreteras, todo era por río. Un pie de caoba costaba 12 soles y en aquella época era bastante rentable. Todos estaban como locos con la fiebre de la caoba. Ahora se buscan especies de madera dura como la del shihuahuaco. Yo he trabajado en ambos lados de la moneda. He sido depredador y también conservacionista”.

Duarte pasó de trabajar como talador ilegal a ser guardabosques junto a una organización no gubernamental. Sin embargo, no duró mucho dedicándose a la conservación de los bosques y apenas se convirtió en padre de familia, no dudó en sumergirse en la jungla —pero esta vez—, como censista e informante de los madereros. “Esta región es rica en recursos naturales, pero pobre en educación y cultura. Es difícil conservar cuando eres pobre”, afirma Duarte. Cada vez es más difícil encontrar especímenes de la edad y dimensiones apropiadas para realizar un buen negocio. Pero, mientras más árboles cortas la ganancia es mayor.

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La tala ilegal ha impactado los bosques de la Amazonía peruana por años. Según cifras publicadas por el portal Mongabay, “el año 2020 ha sido devastador para la Amazonía peruana. La deforestación llegó a 203. 272 hectáreas, una cifra que supera en 54.846 la cantidad de bosques perdidos el año anterior”. Sin duda la pérdida de bosques en Perú ha tenido las cifras más altas en lo que va de este siglo y la mayor parte de la proporción de deforestación —como indica el mismo portal— es consecuencia de la actividad ilegal.

Un mono aullador, una de las varias especies de primates que viven en los bosques de la Amazonía peruana
Un mono aullador, una de las varias especies de primates que viven en los bosques de la Amazonía peruana, reposa sobre las ramas de un árbol en Madre de Dios.
(Michael Tweddle.)

La madera extraída ilegalmente es vendida como tablillas de parquet, madera pulida o aserrada, tanto de forma doméstica, como a través de exportaciones a China (71%), Europa (13%) México (3%), entre otros. Los expertos indican que la pérdida de bosque amazónico se acelera cada día más. Según la ingeniera forestal Tatiana Espinosa quien protege los bosques de Las Piedras junto a la ONG que dirige, Arbio, el bosque de la Amazonía está llegando a un punto de no retorno debido a la deforestación y degradación; es decir, un punto en el que el ecosistema podría colapsar. “Cuando se degrada la selva, esta se sabaniza, se seca y deja de brindar servicios ecosistémicos como la creación de ríos voladores, fuente de agua para millones de habitantes y de industrias”, afirma.

Y es que cuesta comprender que el bosque amazónico es un complejo sistema de organismos que han evolucionado juntos y que una especie tan antigua como el shihuahuaco cumple un rol fundamental en el equilibrio; almacenando toneladas de carbono en sus troncos y ayudando a mitigar el cambio climático. Para poner en práctica acciones realmente sostenibles y poder restaurar el ecosistema hace falta imitar la estructura del bosque y la diversidad siguiendo el desarrollo natural. “Plantando árboles no se detendrá la deforestación y mucho menos el calentamiento global”, asegura Espinosa.

La mayoría de las personas dedicadas a las actividades ilegales carecen de formación y no encuentran otras alternativas para sostenerse. Muchos de ellos son migrantes que se instalan para dedicarse a la agricultura en predios rurales y bosques de producción. Según Duarte, la corrupción está tan enquistada en el sistema que es imposible frenarla. “La torta está partida en muchos pedazos. El dinero corrompe todo, no solo en el Perú, sino en todos lados. A veces lo haces innecesariamente. Piden firmas a cambio de una propina”, lamenta.

Así empieza, si recibes una vez, se pasan la voz y ya no puedes parar. Quién no quiere un dinero extra. Hay gente ambiciosa y peligrosa. Te lo dicen de frente, si no quieres problemas o me dejas o te metes en un lío. En esa interacción, sacan las armas. ¿Qué haces? ¿Renuncias a tu trabajo o aceptas? Está la policía, el jefe, el del gobierno regional, todos están implicados. De qué sirve negarse, si igual va a pasar”.

Un milenario Shihuahuaco se levanta en medio de la concesión de Arbio.
Un milenario Shihuahuaco se levanta en medio de la concesión de Arbio.
(Michael_Tweddle/TweddleFoto.com)

La realidad es que toda acción ha resultado insuficiente para detener el saqueo de la madera que se extrae de Las Piedras. En el caso del milenario shihuahuaco, el Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (SERFOR) aún no actualiza la lista de flora amenazada desde el año 2006; cuando debería actualizarse cada cuatro años. A pesar de los pedidos de la comunidad científica por proteger esta especie, las presiones comerciales de la industria maderera parecen inclinar la balanza.

Como indica Duarte, antes de sumergirse nuevamente en la espesura de la selva, dentro de pocos años la selva entera estará tomada y ya no quedará ningún árbol valioso; ni quinilla colorada, ni lupuna, ni estoraque y menos shihuahuaco.

“Yo tengo registro de todas las especies que pueden encontrarse en Las Piedras. Cubro 350 hectáreas en ocho días. Hago mi informe y básicamente identifico al árbol, registro su diámetro, altura y coordenadas y le pongo su placa. Yo tengo toda la información y puedo decir con certeza que los shihuahuacos han disminuido tremendamente. No hay forma de que lleguen a 10 años más. Y cuando acaben con él, irán tras los otros”.

*Esta cobertura ha sido posible gracias al apoyo del Rainforest Journalism Fund & Pulitzer Center


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