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Colombia teme un resurgimiento del terror después del bombardeo que causó 21 muertos

Colombia teme un resurgimiento del terror después del bombardeo que causó 21 muertos
Las fuerzas de seguridad montan guardia en el sitio del bombardeo de la academia de policía en Bogotá, Colombia, el 17 de enero (Juan Barreto / AFP / Getty Images). (Getty Images)

Los colombianos esperaban que las décadas de conflictos civiles hubieran quedado atrás; sin embargo, una gran explosión que dejó 21 muertos renovó los temores de una vuelta a la violencia terrorista.

El gobierno anunció el viernes 18 de enero el arresto de un sospechoso afiliado a uno de los últimos grupos rebeldes de izquierda que quedaban en el país, por cargos derivados de la explosión de un coche bomba en una academia de policía, en la ciudad capitalina de Bogotá. Además de los 21 fallecidos, 68 personas resultaron heridas en la explosión, que ocurrió el jueves 17 por la mañana.

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En 2016, el gobierno firmó un acuerdo de paz con el grupo rebelde más grande del país, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), pero aún enfrenta el desafío de dos facciones más pequeñas, incluida la responsable del ataque a la academia de policía: el Ejército de Liberación Nacional (ELN).

El presidente colombiano, Ivan Duque, pidió a los ciudadanos que se unan para repudiar el terrorismo y para ayudar a las fuerzas armadas a llevar a los responsables del atentado ante la justicia. El mandatario también anunció refuerzos policiales y del ejército en las regiones donde la presencia del ELN es más fuerte.

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En una conferencia de prensa en el palacio presidencial, el ministro de Defensa colombiano, Guillermo Botero, afirmó que los investigadores vincularon tanto al conductor como al vehículo cargado de bombas con el ELN, agrupación enfrentada con el gobierno desde los años 1960.

Según las autoridades, el conductor murió en la explosión, ocurrida en la Academia de Policía Francisco de Paula Santander. El hecho fue el ataque más mortífero en el país en los últimos 15 años.

El fiscal jefe Néstor Martínez identificó al conductor como José Aldemar Rojas, de 56 años, un reputado miembro del ELN conocido como Mocho Kiko. Según los informes, Martínez perdió un brazo manipulando explosivos durante una larga carrera clandestina con una célula del ELN ubicada cerca de la frontera con Venezuela.

El Ministerio de Defensa identificó a Rojas como miembro del frente Domingo Lain Sáenz, del ELN, que funciona en la provincia oriental de Arauca extorsionando empresas, secuestrando a trabajadores de campos petroleros y perpetrando ataques con bombas en la red de oleoductos.

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Las autoridades también anunciaron el arresto en Bogotá de otro hombre, Ricardo Carvajal Salgar, e informaron que este admitió estar involucrado con el atentado, aunque se negaron a dar detalles sobre el papel que supuestamente desempeñó.

"Todas las pruebas recopiladas en las primeras 22 horas después del ataque apuntan claramente al ELN como el autor de este acto criminal", aseveró Botero, quien describió el atentado como un ataque cobarde contra cadetes desarmados, de entre 18 y 22 años de edad.

Una cadete ecuatoriana, Erika Chico, está entre los fallecidos, y varios ciudadanos panameños resultaron heridos.

"Este acto deplorable es una flagrante violación a los derechos humanos", remarcó Botero.

Por ahora, los colombianos se preguntan si el ataque presagia el resurgimiento de la violencia que azotó al país durante décadas.

"Espero que no, pero todo indica un regreso al terror", expresó William Gil, dueño de una firma de manufactura de ropa, con sede en Bogotá. "La verdad es que somos hijos de la guerra. Tengo 52 años y he experimentado la violencia toda mi vida".

La explosión desmembró los cuerpos, y solo siete de los muertos fueron identificados efectivamente hasta el momento, señalaron las autoridades.

Los investigadores estimaron que la bomba contenía 180 libras del poderoso explosivo pentolita, y estaba colocada a bordo de una camioneta. El vehículo estalló en medio de una multitud de cadetes de la policía, reunidos para una asamblea de honores en la academia, localizada en el sur de Bogotá. La fuerza de la explosión desintegró el camión e hizo estallar ventanas en varias cuadras a la redonda.

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Rojas condujo el vehículo Nissan modelo 1993 a través de la entrada principal de la academia, y corrió junto a los guardias después de que los perros de la policía indicaron la presencia de explosivos en su camioneta, afirmó a los reporteros el comandante de la Policía Nacional, Oscar Atehortua. La bomba explotó a 100 yardas de la puerta.

"Podemos verificar legalmente que el actor material de este acto terrorista es un miembro del ELN", aseveró Martínez, el fiscal principal, en la conferencia de prensa. El procurador señaló que los dueños anteriores del vehículo también tenían vínculos con el grupo rebelde. El camión había sido adquirido y reparado por última vez en Arauca.

Las negociaciones de paz con el ELN, que comenzaron hace dos años durante el gobierno del antecesor de Duque, Juan Manuel Santos, probablemente sean suspendidas formalmente debido al ataque. Las conversaciones se habían paralizado ya con Santos, y Duque se negó a reunirse con negociadores rebeldes hasta que el grupo liberara a los secuestrados y renunciara a sus actividades criminales, incluidos el narcotráfico y la extorsión, medidas que el ELN se negó a tomar.

Desde que Duque asumió el cargo, en agosto de 2018, los guerrilleros del ELN han sido responsables de nueve secuestros y 63 ataques con bombas contra el segundo oleoducto más grande de Colombia, desde Caño Limón hasta Coveñas, afirmó ante los reporteros el comisionado presidencial de paz, Miguel Ángel Ceballos.

"No hay espacio para el diálogo con un grupo que sigue con actividades delictivas. No cedemos y no negociamos", aseguró Ceballos, y agregó que Duque "reactivó" las órdenes de arresto de 14 líderes del ELN, que habían sido suspendidas durante los diálogos de paz.

Desde que fue fundado, en 1964, por colombianos que estudiaban en Cuba, el ELN se comprometió a derrocar al gobierno mediante la lucha armada para instalar un liderazgo comunista. Hasta los últimos años, su accionar fue financiado principalmente por la extorsión a empresas y mediante el cobro de rescates de los secuestrados.

Desde que las FARC desarmaron y abandonaron los negocios ilícitos, el ELN intentó llenar el vacío asumiendo las operaciones del narcotráfico y la producción de drogas de su rival.

El grupo ha sido culpado por 5,700 secuestros desde 1996, y por 328 atentados con gasoductos desde 2012, afirmó el consultor de seguridad Orlando Hernández, de Agora Consulting, firma con sede en Medellín. Entre las víctimas de secuestros recientes se encuentran tres hombres, tripulantes de un helicóptero interceptado en enero mientras transportaba efectivo en la zona rural del norte de la provincia de Santander. Los rebeldes destruyeron el aeronave.

Con el paso de los años, las filas del ELN han aumentado y disminuido, pasando de unos 9,000 a principios de la década de 1990, a 1,500 en 2015, precisó Hernández. En el último bienio, el ELN sumó hasta 1,000 exrebeldes de las FARC que se negaron a entregar sus armas, lo cual marca un total actual de 2,500 miembros, afirmó.

Kraul, corresponsal especial, reside en Bogotá. La agencia Associated Press contribuyó con este artículo.

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Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí.

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