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Internacional

¿Por qué Finlandia está en la cima de la felicidad?

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Una pareja camina en una calle cubierta de nieve en Jyvaskyla, Finlandia, el 18 de enero pasado. (Markku Ojala / EPA-EFE / REX).

(EFE)

Cuando el Informe de Felicidad Mundial de 2019 de la ONU se publicó el mes pasado, Finlandia se ubicó en el primer puesto por segundo año consecutivo. Finlandia es pequeña - aproximadamente el 75% del tamaño de California con sólo 5.5 millones de personas - barre constantemente a Estados Unidos y otras naciones desarrolladas en cuanto a índices de satisfacción con la vida, salud, seguridad, gobierno, comunidad y progreso social.

Como resultado, Finlandia ahora tiene una industria local al enviar a sus expertos a través del Atlántico para que aporten soluciones rápidas a los problemas de Estados Unidos. Pero esas soluciones realmente nunca se arraigan porque la razón subyacente a la que los finlandeses les está yendo tan bien es porque tienen una mentalidad diferente acerca del éxito, una que se basa en la equidad y la comunidad.

En Estados Unidos, la felicidad y el éxito se perciben como actividades individuales, de hecho, incluso competitivas. En Finlandia, el éxito es un deporte de equipo.

El sistema educativo finlandés es un microcosmos de esas diferencias. Muchos maestros de Estados Unidos han pasado el último año protestando por el mal pago, el exceso de trabajo y la infelicidad. Sin embargo, los profesores finlandeses, a pesar del tamaño promedio de clase un poco más grande y el salario promedio ligeramente más bajo, están bastante contentos. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, más del 90% informa estar satisfecho con su trabajo.

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Una diferencia importante es la formación rigurosa que reciben los profesores. Enseñar en Finlandia es una profesión altamente respetada y competitiva. El proceso de selección incluye un examen de ingreso, una entrevista y ser observado en alguna actividad de enseñanza. Sólo 1 de cada 10 logran llegar a un programa de maestría en educación.

Sin embargo, una vez que los maestros están certificados, se les otorga una gran autonomía para planificar las lecciones y dirigir sus clases. Las escuelas operan con un plan de estudios flexible y no están obligadas a centrarse en las pruebas estandarizadas. Los estudiantes en Finlandia sólo toman una de estas pruebas al final de su educación secundaria, el Examen Nacional de Matriculación.

Esto es muy diferente a las escuelas estadounidenses, donde los estudiantes reciben pruebas estandarizadas cada año y los resultados pueden afectar la carrera de un maestro o incluso la financiación de todo el distrito escolar. Eso ejerce una presión intensa e innecesaria sobre los maestros para lograr buenos resultados en las pruebas.

En Finlandia, la mitad de los maestros encuestados afirman que renunciarían si su desempeño laboral fuera determinado por los resultados de las pruebas estandarizadas de sus estudiantes. La investigación sobre educación de la OCDE también muestra que otorgar a las escuelas más autonomía sobre el currículo no sólo conduce a maestros más felices, sino también a mejores calificaciones de los estudiantes.

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En última instancia, el sistema educativo de Finlandia funciona porque su ética no es la responsabilidad individual de los maestros o la comparación entre escuelas, sino la equidad, la comunidad y el éxito compartido. De hecho, este tipo de éxito no necesariamente se correlaciona con la riqueza. Si bien Finlandia no tiene problemas financieros, su PIB per cápita es más bajo que el de los países nórdicos vecinos, y mucho más bajo que el de Estados Unidos. La diferencia es que, en palabras de Meik Wiking, del Instituto de Investigación de la Felicidad de Dinamarca, “los finlandeses son buenos para convertir la riqueza en bienestar”.

Sin embargo, un sistema educativo que se centra en la comunidad y no en las personas no está exento de problemas. Las escuelas finlandesas han sido criticadas por dar prioridad a la equidad a costa de la excelencia, ya que enfocan sus recursos en no dejar a nadie atrás en lugar de fomentar habilidades extraordinarias. Si bien, este enfoque podría frenar a grandes triunfadores, tradicionalmente, ha sido un intercambio que los finlandeses han estado dispuestos a hacer.

Cuanto más igual es una sociedad, más felices son sus ciudadanos. Está bien documentado que a medida que aumenta la desigualdad de ingresos, el bienestar general de un país disminuye. Finlandia se encuentra entre los 36 países con más igualdad de la OCDE. Esto respalda no sólo el sistema educativo finlandés, sino que ayuda a mantener altos niveles de confianza en el país. Los finlandeses confían entre sí, y quizá, de manera más impresionante, confían en que su gobierno apoyará a todos los ciudadanos vulnerables.

Finlandia gasta el 31% de su PIB en su estado de bienestar, el segundo más alto entre la OCDE. Y aunque los finlandeses pagan algunos de los impuestos más altos en todo el mundo, hay una transparencia al sistema finlandés de la que carecen muchos otros países.

Cada año, el gobierno hace públicos los datos fiscales de todos sus ciudadanos y corporaciones en lo que se conoce como el Día Nacional de la Envidia. En EE.UU, los ricos hacen grandes esfuerzos para mantener sus finanzas fuera del alcance del público y pueden presumir en privado de evadir impuestos, en Finlandia, la mayoría se avergonzaría si se los descubre sin pagar su parte justa. Por ejemplo, el CEO de SuperCell, una importante empresa de juegos para dispositivos móviles, dijo en 2014: “Hemos recibido mucha ayuda de la sociedad, y ahora es nuestro turno de pagar”. Este sentido de espíritu de comunidad y esfuerzo de colaboración logra evitar el resentimiento que los impuestos parecen fomentar en la mayor parte del resto del mundo. Si puedes ver lo que están haciendo los demás, quizá no te sientas demasiado mal.

La lección de Finlandia es que el éxito no tiene que ver con la riqueza, el poder o el prestigio individual, o incluso, con un alto PIB nacional o tecnología avanzada. Un país es exitoso cuando satisface las necesidades de sus ciudadanos y crea las condiciones para que las personas y las comunidades alcancen su máximo potencial.

Estados Unidos puede aprender mucho de cómo Finlandia dirige sus escuelas, pero más aún, de la actitud finlandesa que sustenta su éxito colectivo.

Jorma Ollila, ex director ejecutivo y presidente de la compañía de tecnología finlandesa Nokia, es coautor de “Against All Odds: Leading Nokia From Near Catastrophe to Global Success”.

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