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OPINIÓN: AMLO no entiende el T-MEC

En esta foto de archivo tomada el 4 de abril de 2019, una vista aérea de camiones de carga
En esta foto de archivo tomada el 4 de abril de 2019, una vista aérea de camiones de carga alineados para cruzar a Estados Unidos cerca de la frontera México-Estados Unidos en el puerto de cruce de Otay Mesa en Tijuana.
(GUILLERMO ARIAS/AFP/Getty Images)
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En 2018, en el punto más alto de su poder político, Donald Trump impulsó una revisión del tratado de libre comercio entre México, Estados Unidos y Canadá. Lo había anunciado desde su campaña y lo llamaba el peor acuerdo comercial que había firmado su país.

En su perspectiva, ese tratado no le convenía, le quitaba empleos y favorecía sobre todo a México que aportaba mano de obra barata a la región y atraía inversiones estadounidenses que abandonaban su país. En esa lógica la negociación evidentemente era para favorecer a Estados Unidos y en una especie de “suma cero” México y en menor medida Canadá deberían hacer concesiones.

AMLO, en su calidad de presidente electo, aun sin haber tomado posesión, como parte de ese proceso que muchos aun no entendemos y según el cual Peña Nieto entregó gustoso todo, fue invitado a hacerse cargo de la negociación. Nombró a un representante que en la práctica es quien tomaba todas las decisiones mexicanas. Si hoy lo considera un mal acuerdo o que pone en riesgo la soberanía mexicana, aquí no puede culpar a los gobiernos anteriores, ni decir que se lo heredaron. Él y su equipo negociaron y acordaron todo. En su momento lo presentaron como un éxito de negociación.

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Se cometieron varios errores. El primero de ellos fue el de negociar directamente con Estados Unidos haciendo a un lado a Canadá. Si algo se aprendió en la negociación del tratado original era que siempre había que sumar a Canadá, no solo porque consumía muchos productos mexicanos o porque hubiera inversiones canadienses en México, sino esencialmente porque políticamente esa inclusión representaba un contrapeso en las negociaciones con Estados Unidos. Ni AMLO ni su equipo entendieron eso y en esa subordinación-miedo que siempre le tuvo o aun le tiene a Donald Trump, sin Canadá en la mesa, concedió todo, aun aquello que era imposible de cumplir o que él mismo ya sabía que no cumpliría.

Otro error fue considerar que se trataba de un acuerdo meramente político, muy a lo AMLO, de principios, de generalidades, de “foto”, sin expresiones concretas y cuyo cumplimiento, como lo cree de las leyes mexicanas, es opcional. Por eso introdujo vía su representante frases y obviedades del tipo “los recursos naturales de México son de los mexicanos” y todavía argumenta que México puede modificar sus leyes porque es soberano. Como si el tratado o su revisión cuestionaran esa facultad o él fuera el encargado de interpretarlo. Por supuesto que el tratado tiene un componente político, pero también tiene reglas muy claras y específicas y no aplicarlas tiene consecuencias.

En esta semana dos de esas cuestiones específicas se hicieron presentes entre los dos países. Los cuestionamientos estadounidenses y canadienses sobre la política energética mexicana que favorecen a PEMEX y CFE y los convierte casi en monopolios apoyados desde el gobierno, algo que es contrario a lo acordado en el T-MEC y la importación del maíz transgénico que México prohíbe. Ambas posiciones perjudican a los inversionistas y agricultores estadounidenses.

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Para continuar con la discusión del primero de esos temas se reunieron en Washington la flamante secretaria de economía de México y su equipo con la representante comercial de Estados Unidos. Después de la reunión, cada uno salió a declarar por su lado. Mala señal.

La delegación mexicana por instrucciones de AMLO sigue con el argumento de que México es soberano y en su ejercicio puede apoyar como quiera a PEMEX o CFE. Esa no es la discusión. El momento de argumentar eso, fue cuando se negoció el tratado y no ahora en medio de un proceso que es muy claro: consultas (ya iniciadas)-panel-sanciones. La posición mexicana es tan absurda que por eso renunció la anterior secretaria de economía.

En la práctica solo se ha conseguido alargar la etapa de consultas, ahora hasta la reunión con Biden en enero del próximo año. Como si en una plática con el presidente de Estados Unidos éste fuera a decir que se desiste del panel. Como si estuviera realmente en sus manos esa decisión o la reunión fuera para eso. El presidente mexicano cree que todos los presidentes deciden como él, sin analizar, sin consultar, atendiendo a la corazonada, a la chispa política.

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Ya sabemos lo que AMLO ofrecerá. El control y contención de los flujos migratorios en territorio mexicano. Pero esa oferta puede ser insuficiente porque lo otro que AMLO no entiende son las presiones que sus posiciones le generan a Joe Biden. Sus enemigos políticos y los inversionistas estadounidenses afectados usarán toda su capacidad de cabildeo para presionar a Biden y a su partido. Lo presentarían como un presidente blando frente a un gobierno populista como el de AMLO. Ya muchos lo dicen y Biden no lo puede permitir porque lo que está en juego son las elecciones estadounidenses de 2024.

Así, el gobierno mexicano se dirige hacia un callejón sin salida, sin soluciones viables y a su pesar, muy probablemente el gobierno de Biden recurrirá al panel y a las sanciones que el propio tratado contempla.

Lo peor es que AMLO, como diría el clásico: “no entiende que no entiende”.

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Jorge Santibáñez es presidente de Mexa Institute

www.mexainstitute.org

TW @mexainstitute


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