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Los maestros latinos son pocos y enfrentan prejuicios en las escuelas

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EFE

Con una población de estudiantes latinos que llega al 25 % del alumnado en Estados Unidos, los educadores hispanos son escasos y no muy bien apreciados por sus empleadores y colegas, según un informe divulgado hoy por The Education Trust.

Los autores del informe reclaman una mayor participación para los llamados “guardianes culturales” de la comunidad inmigrante tras hablar con 90 maestros latinos de escuelas públicas de cinco estados y el Distrito de Columbia, en su mayoría de primaria y algunos de ellos con 15 o más años de experiencia.

El resultado es la comprobación de que no hay más de un 8 % de maestros latinos en la fuerza docente del país, o el 6 % de directores escolares, y muchos estudiantes “jamás tendrán la posibilidad de tener al frente de la clase a alguien que los entiende”, señala.

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Las cifras oficiales indican que los maestros latinos son la población que más crece entre los docentes, con un aumento del 3 % al 8 % entre 1987 y 2012, pero también son los que más abandonan la profesión.

“Tienen que enfrentar muchos prejuicios, como probar constantemente que son buenos en lo suyo, que no son inferiores y pueden hacer mucho más que enseñar a niños que hablan español”, declaró a Efe Will del Pilar, vicepresidente de educación secundaria de esta organización sin fines de lucro que promueve la equidad educativa para los estudiantes de las minorías y bajos recursos.

Del Pilar, hijo de puertorriqueños y criado en California, dijo haber experimentado lo que llama de “impuesto invisible” que sufren los educadores hispanos y los expulsa de la profesión.

“Mis propios colegas no valoraban mi dominio del español, me preguntaban cuál era la moneda del país de mis padres y confundían la isla con una nación extranjera”, agregó.

“Muchos pensaban que era mexicano, que comía tortillas y picantes y que todos los latinos somos culturalmente iguales”, agregó.

Según Del Pilar, esa sería una de las razones por las cuales los maestros latinos optarían por dejar la profesión, al no sentirse valorados.

Otra de las frustraciones se produce cuando tratan de honrar la cultura latina en su pedagogía, incluyendo autores hispanos, su cultura e idioma, y “son percibidos negativamente”, dijo.

“Todo lo que se aparte de los estándares educativos provoca recelo”, señaló Del Pilar, como también ocurre cuando los maestros intervienen en los problemas de los estudiantes y sus familias.

“Sienten la necesidad de abogar por su comunidad pero son vistos como agresivos, y esto puede afectar su trayectoria profesional”, agregó.

Además, los maestros latinos tienen que colaborar muchas veces como traductores o intérpretes en reuniones con padres, conferencias u otro tipo de comunicaciones del Distrito.

“Es otro trabajo, además de enseñar”, dijo uno de los maestros consultados para el informe, quien todos los años es señalado como alguien que habla español y puede ser un recurso a utilizar por toda la escuela, agregó.

El informe, que sigue a otro sobre maestros afroamericanos, señala que “reclutar maestros de color” para la profesión no es suficiente.

También es importante retener y desarrollar a esos maestros, y en el caso de los latinos, darles una trayectoria profesional para desterrar el sentimiento de “Si no valoran mi trabajo, me voy a otro lugar”, dijo Del Pilar.

Ashley Griffin, autora del informe y directora de investigación en The Education Trust, dijo haber buscado marcar las similitudes y diferencias de los desafíos que enfrentan los maestros afroamericanos y latinos en las escuelas, aunque a veces las frustraciones confluyen.

Los maestros afroamericanos también se sienten “alienados y devaluados” en su profesión, porque en las escuelas parecen ser los únicos que pueden servir de mentores de los alumnos con problemas disciplinarios, expresó a la publicación “Education Week”.

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