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Política

Se buscan candidatos para el peor trabajo en Washington: Secretario de Seguridad Nacional

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El presidente Trump y Kirstjen Nielsen, cuando el mandatario anunció, en 2017, la nominación de la secretaria de Seguridad Nacional. La funcionaria duró en el cargo cerca de 20 meses (Mandel Ngan / AFP-Getty Images).

(Getty Images)

SE BUSCA: líder flexible para un departamento federal grande y disfuncional. Debe administrar 240.000 empleados descontentos, en un entorno de caos de alto nivel.

Los candidatos ideales deberán aceptar metas inalcanzables en plazos imposibles: poner fin a la inmigración ilegal, disuadir a los solicitantes de asilo de no viajar al norte e impedir todo tráfico de drogas. Además, en su tiempo libre, deberá trabajar en la prevención de ataques terroristas, la capacidad de proyectar “dureza” les da puntos extra, incluida la disposición a separar a niños de sus padres.

Conocer la ley federal y el rol de supervisión del Congreso es opcional. El ejercicio del trabajo probablemente sea desagradable, brutal y breve. Interesados, dirigirse a la Oficina de Personal de la Casa Blanca.

¿Alguien en su sano juicio querría este empleo?

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En las mejores circunstancias, el secretario de Seguridad Nacional tiene una tarea ingrata. A él o ella le toca supervisar un imperio de agencias desordenadas, desde la Guardia Costera (fundada en 1790) hasta la Agencia de Seguridad de Infraestructura Cibernética (2018). La misión es mantener a Estados Unidos a salvo de los terroristas; al menos esa fue la idea cuando el Congreso creó el Departamento de Seguridad Nacional, en 2002, después de los ataques del 11 de Septiembre.

Pero el presidente Trump se ha centrado en una sola parte de la vasta tarea del departamento: hacer cumplir las leyes de inmigración, en medio de una oleada repentina de solicitantes de asilo. Y ha logrado que sea prácticamente imposible para cualquier secretario hacerlo con éxito.

El presidente quiere que sus subordinados pongan fin a todos los ingresos no autorizados en Estados Unidos de la noche a la mañana, pero no hay una forma práctica de lograrlo.

Su primera solución era construir un “gran muro hermoso” en la frontera, aunque no pudo persuadir al Congreso -de mayoría republicana- de que pague por ello.

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También se propuso desechar la ley que garantiza a los solicitantes de asilo una audiencia en la corte, pero eso exigiría una nueva legislación y tal como se ha demostrado reiteradas veces, el mandatario no puede lograr que el Congreso apruebe nuevas normas.

Ahora, sus asesores proponen nuevas regulaciones que permitirían al gobierno retener a los menores por más tiempo y deportar a los solicitantes de asilo más rapidamente, pero todas esas nuevas reglas enfrentarán desafíos judiciales. En los últimos dos años, los magistrados han bloqueado regularmente planes similares.

Ningún futuro líder de Seguridad Nacional “logrará cumplir sus objetivos, porque el presidente no sabe qué significa ‘arreglar’ la frontera”, consideró Juliette Kayyem, ex secretaria adjunta de Seguridad Nacional.

El resultado ha sido el caos, y no sólo en la zona limítrofe.

El fin de semana pasado, Trump despidió a Kirstjen Nielsen, la funcionaria intransigente que había llevado a cabo su política de separar a los niños de sus padres. Pero la brecha de liderazgo es mucho más profunda y alarmante.

No hay subsecretario confirmado por el Senado -el puesto número dos-, ni subsecretario de administración -el puesto número tres-. No hay comisionado de Aduanas y Protección Fronteriza, no hay director de Inmigración y Control de Aduanas, no hay director del Servicio Secreto, no hay administrador de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias.

Incluso antes de los últimos despidos, Seguridad Nacional tenía reputación de ser una de las porciones más disfuncionales del gobierno federal. En las encuestas de satisfacción de los empleados, ocupa el último lugar en una lista de 17 departamentos.

Es difícil medir la efectividad de una agencia federal, especialmente cuando se trata de resolver un problema tan complejo como el terrorismo.

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Pero aquí hay una métrica: como uno de sus primeros actos en el cargo, Trump ordenó a Seguridad Nacional la contratación de 15.000 agentes fronterizos y de inmigración extras. Dos años más tarde, los niveles de personal siguen estáticos. La Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza, que debía ampliarse en 5.000 personas, pagó a una empresa de reclutamiento $19 millones y sólo logró efectuar 58 nuevas contrataciones.

A los ex funcionarios de Seguridad Nacional les preocupa que el enfoque del presidente sobre la inmigración haya debilitado la atención del departamento a otras amenazas.

Es un caso de “miopía en la frontera”, afirmó Kayyem. “Lo irónico es que las amenazas no fronterizas son las que representan el mayor desafío... el cambio climático, las pandemias, los ataques cibernéticos y el terrorismo”.

Al parecer, una de las razones por las que Nielsen fue destituida es que no invertía todo su tiempo en cuestiones de inmigración. Esa no es una buena lección para su sucesor, suponiendo que hay uno. “Todo este caos va a disuadir el interés de cualquiera en la ‘lista A’ de candidatos”, expresó otro ex funcionario. “Y de la ‘lista B’ también. ¿Por qué alguien soportaría toda esa molestia si podría ser despedido en cualquier momento?”.

Entonces, ¿quién podría querer el puesto?

Stephen Miller, el principal asesor de Trump en temas de inmigración, no parece desear el puesto. Él ya tiene un lugar mejor en la Casa Blanca, que le da poder sin responsabilidad.

Rick Perry, el secretario de Energía, fue mencionado como posible, pero es de Texas, por lo tanto sabe demasiado sobre la frontera para respaldar las soluciones descabelladas de Trump. En la última campaña presidencial, Perry declaró que un muro era una idea tonta y advirtió que Trump tenía un “malentendido fundamental” sobre la inmigración.

La elección más segura podría ser Kevin McAleenan, el actual secretario interino. McAleenan también es de línea dura -administró la política de separación familiar del año pasado- pero tiene relaciones cordiales con los demócratas en el Congreso.

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O si el presidente quiere un agitador, podría elegir a Kris Kobach, el ex vicepresidente de una comisión nombrada por el primer mandatario, que intentó insatisfactoriamente hallar pruebas de lo que el presidente insistía en llamar un “fraude electoral generalizado” en las elecciones de 2016.

Kobach, quien perdió la candidatura a la gobernación de Kansas el año pasado, ha hecho prácticamente campaña en Fox News para conseguir el empleo de Seguridad Nacional, donde ofreció ideas al estilo de Trump, como establecer campos de detención para albergar a miles de migrantes en remolques de la Agencia de Manejo de Emergencias (FEMA).

Al menos estaría en sintonía con el presidente, pero casi con seguridad fallará. Y que nadie diga que no se le advirtió.

 Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí


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