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El uso de la mascarilla no detuvo la propagación del coronavirus, pero muestra por qué se necesita su uso

Commuters wear face masks at Union Station in Los Angeles.
Los viajeros usan mascarillas en Union Station en Los Ángeles. Un ensayo clínico sobre la capacidad de las cubiertas faciales para combatir el coronavirus no tuvo resultados concluyentes, pero los investigadores dicen que refuerza el caso de su uso universal.
(Irfan Khan / Los Angeles Times)

En los primeros días de la pandemia de COVID-19, los investigadores de Dinamarca decidieron realizar un experimento habitual para probar el poder de las mascarillas para combatir infecciones de la misma forma que evaluaría una posible vacuna o fármaco.

En ese momento, las autoridades sanitarias danesas no recomendaban el uso de mascarillas y menos del 5% de los residentes las usaban fuera de los entornos hospitalarios. Esas condiciones hicieron posible realizar el primer y único ensayo controlado de las cubiertas faciales.

Los investigadores reclutaron a más de 6.000 voluntarios de todo el país que pasaban al menos tres horas al día con personas de otros hogares y no usaban mascarillas para sus trabajos. Aproximadamente la mitad de estos voluntarios fueron elegidos al azar para recibir 50 mascarillas quirúrgicas y se les pidió que las usaran cada vez que salieran de casa durante el próximo mes. La otra mitad no las recibió y sirvió como grupo de comparación.

En general, 95 de los 4.862 voluntarios que llegaron al final del estudio se infectaron con el SARS-CoV-2, el coronavirus que causa el COVID-19. Esa es una tasa de infección de poco menos del 2%.

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Pero no importa cómo los investigadores recopilaron sus datos, no pudieron encontrar una señal evidente de que los voluntarios en el grupo de la mascarilla estuvieran más protegidos que sus contrapartes en el grupo de control.

En un ensayo clínico típico, este es el punto en el que los investigadores dirían que su intervención no funcionó. Pero en este caso, los investigadores fueron al revés.

El problema, dijeron, no era con las mascarillas. El problema era que la gente no las usaba lo suficiente.

Los resultados del estudio “no deben usarse para concluir que una recomendación para que todos usen mascarilla en la comunidad no sería efectiva para reducir las infecciones por SARS-CoV-2", escribió el equipo dirigido por investigadores del Hospital Universitario de Copenhague.

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Un trío de editores actuales y anteriores de Annals of Internal Medicine, la revista que publicó el estudio, fue más allá.

“Es probable que la mayoría de las personas, si no todas, deban usar mascarillas para reducir las tasas de infección en la comunidad”, escribieron. “Los resultados de este ensayo deberían motivar su uso generalizado para proteger a nuestras comunidades y, por lo tanto, a nosotros mismos”.

No es que no haya razón para creer que las mascarillas pueden prevenir la propagación del COVID-19. Los científicos dicen que el coronavirus se mueve de una persona a otra principalmente a través del aire, ya sea en gotitas respiratorias o en partículas más pequeñas en aerosol. Si cualquiera de estos se abre camino hacia el tracto respiratorio, una infección puede ocurrir.

Las personas con infecciones activas son más contagiosas durante los primeros días después de la exposición, a menudo antes de que desarrollen síntomas. Es por eso que la Organización Mundial de la Salud, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE.UU y otras autoridades de salud pública dicen que es importante usar una mascarilla siempre que esté en contacto cercano con gente de otros hogares, incluso si no se siente enfermo.

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Se atribuye al uso generalizado de mascarillas haber mantenido el número de muertos por COVID-19 en dos dígitos en lugares como Nueva Zelanda (25 muertes hasta la fecha), Singapur (28 muertes) y Vietnam (35 muertes). En Taiwán, donde los funcionarios aumentaron la producción de cubiertas faciales solo unas semanas después de que la OMS anunció la existencia del coronavirus, solo siete personas murieron a causa del COVID-19.

“El uso de mascarillas ha surgido como una herramienta poderosa para reducir los daños económicos y de salud de la pandemia”, dijo el Dr. Thomas Frieden, ex director de los CDC que ahora dirige la iniciativa de salud sin fines de lucro Resolve to Save Lives, y su colega, el Dr. Shama Cash-Goldwasser, quien escribió un comentario que acompañó al estudio.

Si las mascarillas funcionan tan bien, ¿por qué hicieron tan poca diferencia en Dinamarca? Los autores del estudio y sus aliados ofrecen múltiples explicaciones.

El ensayo se llevó a cabo en dos oleadas, con el primer grupo probando mascarillas entre el 14 de abril y el 15 de mayo y el segundo grupo probándolas entre el 2 de mayo y el 2 de junio. Durante la mayor parte de ese tiempo, hasta el 18 de mayo, los restaurantes y cafés del país fueron cerrados. Las tiendas estaban abiertas y el transporte público se encontraba en funcionamiento, pero se aconsejó a los clientes que mantuvieran el distanciamiento social. Además, hubo límites en las reuniones sociales, así como las visitas a hospitales y hogares de ancianos.

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Con todas estas medidas implementadas, el beneficio adicional de usar mascarillas podría ser insignificante cuando la prevalencia comunitaria del virus es baja, escribieron los investigadores. (En el momento del estudio, la incidencia diaria de nuevas infecciones era cuatro veces menor en Dinamarca que en EE.UU)

Se cree que las mascarillas ayudan de dos maneras. Aunque pueden proteger a los usuarios de los gérmenes entrantes, su principal beneficio es su capacidad para evitar que los gérmenes del usuario se propaguen a otros.

Dado que pocos residentes daneses usaban mascarilla durante el período de estudio, los voluntarios estuvieron expuestos principalmente a personas sin cubierta facial que podían propagar un virus fácilmente, y eso fue cierto independientemente de si se les asignó al azar para usar un cubreboca o no.

Otro problema es que las personas asignadas a usar mascarillas a menudo optaron por no usarlas. Solo el 46% de los voluntarios en el grupo de las cubiertas faciales les dijo a los investigadores que seguían todas las reglas sobre su uso en público, el 47% dijo que usaban “predominantemente” sus mascarillas y el 7% dijo que no seguían las reglas.

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En otras palabras, señalaron los editores de la revista, “el estudio examinó el efecto de recomendar el uso de mascarillas, no el efecto de usarlas realmente”.

También existe la posibilidad de que las personas que usaban mascarillas sintieran una falsa sensación de seguridad y bajaran la guardia de otras formas que aumentaran su riesgo de infección.

Dadas estas diversas deficiencias, es posible que sospeche que los editores de Annals of Internal Medicine se sintieron tentados a rechazar el estudio para que no terminara en manos de opositores cada vez más expresivos a los mandatos de las mascarillas.

“Con una feroz resistencia a las recomendaciones del uso de cubrebocas por parte de los líderes y el público en algunos lugares, ¿es irresponsable que Annals publique estos resultados, que fácilmente podrían ser mal utilizados por quienes se oponen a las recomendaciones de uso de mascarillas? Creemos que no”, escribió la Dra. Christine Laine, editora en jefe de la revista, junto con el Dr. Eliseo Guallar, el editor adjunto de estadísticas, y el Dr. Steven Goodman, ex editor sénior de estadísticas de la revista.

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Enterrar los hallazgos de un estudio bien realizado que no resultó como se esperaba sería peor, escribieron.

“Necesitamos reunir muchas piezas de evidencia para resolver el rompecabezas de cómo controlar la pandemia del SARS-CoV-2”, explicaron. “Por esta razón, pensamos que era importante publicar los hallazgos y destacar cuidadosamente las preguntas que el ensayo responde y no responde”.

Frieden y Cash-Goldwasser coincidieron en que los investigadores aún tienen trabajo por hacer.

Pero mientras tanto, escribieron, la conclusión es clara: “Si todos usan una mascarilla cuando están cerca de otros, todos están más seguros”.

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