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OPINIÓN: Dos tragedias, seis años y un océano: una reflexión en el mes del orgullo LGBT+

ARCHIVO - En esta foto del 28 de abril del 2015, manifestantes se congregan delante de una bandera de arcoiris
ARCHIVO - En esta foto del 28 de abril de 2015, manifestantes se congregan delante de una bandera de arcoiris frente a la Corte Suprema de Estados Unidos en Washington. Casi seis años después de que la Corte Suprema legalizó los matrimonios homosexuales en EE.UU, más de medio millón de hogares están formados por parejas casadas del mismo sexo, de acuerdo con cifras del Buró del Censo publicadas el jueves, 17 de septiembre de 2020.
(ASSOCIATED PRESS)

Dos privilegiados, Oscar Wilde e Ignacio de la Torre y Mier, los separa un océano, seis años sus desventuras. Wilde, dramaturgo, novelista y “socialité” en el Londres fin-de-siècle. Ignacio de la Torre y Mier, hacendado azucarero, cuñado del Marqués de Polignac, yerno de Porfirio Díaz. Ambos, ilusos, creyeron que el privilegio les hacía invulnerables. Uno osó acusar al Marqués de Queensberry, padre de su amante, de difamación. El otro organizó un baile de gays en plena Ciudad de México. Wilde terminó en la cárcel, el otro vigilado y aislado, luego en la ruina.

La película mexicana El baile de los 41 (2020, David Pablos, director, plataforma NETFLIX) recibe renovada atención en el mes del orgullo LGBT+ y con la presencia hispana en LA Pride (Orgullo gay Los Ángeles). Un informe revelado por la Thomson Reuters Foundation da a conocer una alarmante estadística: cuatro miembros de la comunidad LGBT+ mueren asesinados a diario en Hispanoamérica. De 2014 al 2019, tres países, México, Colombia y Honduras, registraron 1.300 homicidios por homofobia. El filme nos hace pensar en la larga trayectoria de persecución y abusos que es aún realidad en Iberoamérica.

Según las asociaciones SIN VIOLENCIA LGBT+ y TRANSSA ”los estados de la región continúan sin definir líneas claras y efectivas para prevenir, investigar y sancionar adecuadamente la violencia contra las personas LGBT+. Desconocen, una y otra vez, las reiteradas recomendaciones de organismos internacionales de derechos humanos y reclamos de la sociedad civil sobre esta problemática”.

Cine LGBT

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El retrato de la victimización y discriminación hacia la comunidad llegó a la pantalla en 1961 con The Children’s Hour. Audrey Hepburn y Shirley MacLaine representan a dos maestras en una escuela de niñas a las que se les sospecha de vivir una relación amorosa. Las murmuraciones de una comunidad cruel e hipócrita logran cerrar el plantel y poner en peligro su linda amistad.

En 1970, The Boys in the Band marca un hito en el cine gay americano. Myra Breckinridge del mismo año, basada en una novela de Gore Vidal, trajo a las pantallas al primer personaje transgénico. En 1971 un clásico, Muerte en Venecia, de Luchino Visconti basada en la novela de Thomas Mann narra el encuentro con la belleza ideal de un efebo y la imposible quimérica relación erastés/erómenos que arrastra al protagonista a la muerte.

En 1982 Rainer Werner Fassbinder dirigió Querelle basada en la obra de André Gide. Stephen Frears en 1985 estrenó la tan calurosamente recibida My Beautiful Laundrette. También en 1985 el genial actor puertorriqueño Raúl Juliá estrenó en Cannes con William Hurt y Sônia Braga El Beso de la mujer araña del director Héctor Babenco, filme basado en una novela de Manuel Puig. La película fue nominada al Palme d’Or y William Hurt recibió el premio Oscar por su actuación. En 1987 se estrenaron dos grandes cintas: Maurice de Merchant Ivory con Hugh Grant basada en una novela de E. M. Forster y La ley del deseo de Pedro Almodóvar con Antonio Banderas. Ya para 1993, el SIDA dio a Hollywood la oportunidad de elegir a dos actores de primera línea, Tom Hanks y Denzel Washington, para filmar Philadelphia. Hanks recibió el premio Oscar por su actuación.

El baile de los 41

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¿Qué trae El baile de los 41 al Mes del Orgullo LGBT+? En Hispanoamérica es necesario echar un vistazo a la historia de los conflictos y luchas de otras generaciones de gais y lesbianas. El guión de Monika Revilla muestra una minuciosa labor de investigación histórica. Milada Bazant del Colegio de México hubo de publicar en el 2005 “Crónica de un baile clandestino” en Tradiciones y conflictos. Historias de la vida cotidiana en México e Hispanoamérica, México. Filmado en la Mansión Rivas Mercado, el MUNAL, Santo Domingo de Guzmán, el Bar La Ópera y en Guadalajara, la exquisita cinematografía de Carolina Costa nos trasporta al refinado ambiente del México belle époque. Es impactante y memorable la coreografía del propio baile interrumpido por una redada policíaca.

Algo falta de profundidad a la relación entre Ignacio de la Torre y Evaristo Rivas, no son personajes empáticos. Se representan en forma esquemática: reconocimiento de identidad, encuentros furtivos, besos, pasión desencadenada, conflicto y tragedia. No es así con Amada Díaz que surge como la verdadera protagonista. Amada, hijastra de Porfirio Díaz, es el producto de una relación con una “indígena soldadera” según los documentos históricos. Ella misma recuerda: “todos saben que mi madre es una india”.

La tragedia de la mujer engañada se explicita cuando dice a Ignacio: “solo te tengo a ti y a mi papá”. Es aquí donde el filme explora el drama de la mujer víctima de un matrimonio de conveniencia. Vemos el paralelo con Oscar Wilde y su esposa Constance Lloyd, madre de sus dos hijos. Fueron los recursos de la esposa que mantuvieron el hogar en condiciones de comodidad financiera hasta que llegó el éxito literario.

El baile de los 41, dibuja con detalle el conflicto de Amada, su personaje central. Trata de evitar el escándalo que afectaría a su padre y al marido a quien desea y que la engaña. La profundidad de su lucha tiene gancho y así conviene. Este es un armario que ahoga a dos. La historia echa injustamente a un lado el sufrimiento de la mujer que convive con la mentira y la duplicidad de un cónyuge gay, la esposa usada como pasaporte social. Al mostrar ese drama, el filme plantea una visión feminista dentro del drama LGBT. La mujer utilizada no es culpable de la homofobia, se convierte en una víctima colateral. La crítica y comentarios de la película – ámbito al parecer blanco y patriarcal—no han reparado en el rol de las Amadas manipuladas. Se pasa por alto también el status subalterno de un personaje mestizo, aún siendo hijastra de Porfirio Díaz. Muy bien manejado dramáticamente el trato hipócrita que recibe por parte de la élite blanca.

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Feminización

Perspicaz, David Pablos se adentra en la dinámica gay. Nos lleva al Club de los 41 donde nos topamos con travestimo y la feminización de muchos personajes. Oscar Wilde viene a la mente. Es cierto que el cliché se usa a menudo para caricaturizar a la comunidad. También como modalidad de conducta se ha estudiado por Shinsuke Eguchim, Deborah Borisoff, J. M. Bailey y es el tema del filme Do I Sound Gay? Dentro de la construcción social del homosexual (palabra reciente, nace en la Alemania del siglo XIX y pasa al ámbito clínico), no hay nada que apunte a este tipo de conducta como condición intrínseca a la orientación sexual.

En Occidente, tengamos claro, la expresión y forma de convivir antes de su condena por el cristianismo institucionalizado, viene con el mundo romano pagano y se esparce entre las filas de soldados, autoridades provinciales del imperio y los comerciantes. La homosexualidad era aceptada en Roma. Nerón se casó con dos hombres. El rol pasivo indudablemente tenía un status inferior, a veces considerado femenino. Con Teodosio y con la influencia cristiana, la práctica homosexual quedó totalmente prohibida salvo en los ritos de adelphopoiesis en el Primer Cristianismo.

En una escena tragicómica de El baile de los 41 presenciamos a un corpulento bigotudo desentonar “Der Hölle Rache”, aria cantada por la Reina de la Noche en la mozartiana ópera La Flauta Mágica. ¿Cómo se explica? La orientación gay no es, ni por mucho, disforia de género. A lo que apunta el filme es que muchos gays internalizan el rechazo al que son sometidos. Con la represión, el miedo y la constante condena, se puede desarrollar la baja autoestima e incorporarse la primitiva noción machista que la orientación es el deseo reprimido de ser mujer. Puede que una minoría oprimida y excluida se conduzca con los cánones impuestos por el opresor. ¿Puede existir una homofobia internalizada que se manifieste de esta forma? En la Universidad de California en Los Ángeles, Adam Fingerhut y Letitia Peplau investigan esta tendencia que denominan teoría de rol social y estereotipos de género.

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Promiscuidad

El acceso al club de los 41, copiando un modelo que existe aún en Ciudad México, es a través de un negocio intrascendente. La cámara nos lleva por entre una bacanal. Aclaremos, la promiscuidad no es monopolio de la orientación gay. Los estudios realizados durante la epidemia del SIDA nos muestran una marcada tendencia a la diversidad de parejas sexuales como producto de actividades en saunas, bares, discotecas especializadas (para utilizar el galicismo), espacios yermos para el sexo anónimo y el protocolo “hookups” (estudios de Deirdre Bowen, Corey Cook, Ralph Boltonga y las estadísticas recopiladas por el CDC, Sara Glick y Martina Morris). Esta característica se ha utilizado como arma de segregación y rechazo. Dar cara a este fenómeno coloca la problemática fuera de las ideologías.

Al hablar de promiscuidad hay que mirar a la falta de espacio social para la pareja gay. No existía una sanción positiva ni aprobación para la convivencia, menos aún la unión civil. La inestabilidad y el secreto eran el destino de todo posible enlace. La orientación era clasificada psicopatológica en los manuales de psiquiatría. Los “pacientes” se sometieron a todo tipo de remedios y curas, en ocasiones electrochoques. Hasta hace poco se permitían centros de tratamiento para una alegada “conversión”. Aún en la actualidad, la iglesia, el islam, los partidos conservadores y ciertas culturas rechazan la orientación y el concepto de matrimonio igualitario.

Según un sondeo publicado en The Guardian, los hombres gay y heterosexuales en la actualidad resultan casi empatados en número de visitas a sitios de citas, encuentros casuales o para buscar parejas estables en la red. En una generación primermundista que va creciendo con la posibilidad de unión civil y la presencia LGBT+ en los medios de comunicación, la promiscuidad es tópico de discusión solo para llevar a los jóvenes al sexo seguro y a relaciones saludables y duraderas. La adopción y las opciones de reproducción asistida nos hablan de estabilidad en las parejas del mismo género.

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El 17 de mayo ha sido designado por la ONU como Día Internacional contra la Homofobia y la Transfobia. Los líderes de las Naciones Unidas han hecho un llamado a los gobiernos de todo el mundo a proteger los derechos de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales, así como a eliminar leyes discriminatorias contra personas de este segmento de la población.

Oscar e Ignacio

Seis años y una pesadilla, ambos casados. El baile de los 41 nos pone en contacto con las víctimas, el privilegio y la mujer herida por el engaño, si se quiere por el machismo gay. Recuerda un hecho que fue caricaturizado por Posada en La Gacetilla Cajellera y un titular con la palabra grosera (aceptada a finales del siglo XIX por la Real Academia) impropia en el estilo de cualquier periódico, mal empleada además si se examina su etimología. Su uso demuestra el machismo y homofobia imperantes.

La película nos hace reflexionar áreas incómodas dentro de la historia reciente de la orientación gay que si bien se estudian en ensayos académicos no pasan a la prensa ni a los activistas que responden a los continuos y ahora reanudados ataques homofóbicos y delitos de odio. Se recuerda este año el quinto aniversario de la matanza en el club Pulse.

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Con la película coincide la publicación de un nuevo y revolucionario libro póstumo de Christopher Chitty, Sexual Hegemony: Statecraft, Sodomy, and Capital in the Rise of the World System, su tesis doctoral para la Universidad de California, Davis. Donde quedó Michel Foucault, toma las riendas el erudito californiano. Dibuja la hegemonía sexual planteada por los centros de poder capitalista. Traza su ruta desde la Florencia y los Medici hasta la actualidad. Regular la sexualidad era una técnica del dominio burgués en su acumulación de capital. Fue una técnica de control a la clase proletaria en su afán de mantenerla subordinada y confiable, factor en fin en los procesos de producción. Solo entendiendo la sexualidad como un campo de batalla social y sitio de lucha de clases, sostiene Chitty, podemos comenzar una política que destruya la sexualidad como herramienta y efecto del poder y abrir de esta forma la posibilidad de la liberación. El sujeto “queer” podría ser cualquiera que impugne o rechace los beneficios sociales de ser “normal”. En otras palabras, la otra cara de la hegemonía sexual es un nuevo tipo de liberación sexual, donde las categorías mismas de identificación están en juego.

El mes del orgullo LGBT+ recuerda la manifestación ocurrida frente al bar Stonewall. Los bares no son el centro de reunión y de Stonewall se pasó al activismo político de Harvey Milk en San Francisco y de allí a ActUp, la National Gay and Lesbian Task Force y al Marriage Equality que benefició a much@s hispanoamerican@s en legítimas relaciones de amor con norteamerican@s. Este mes, fuera de los desfiles y bailes, ha de ser un recuerdo de las tragedias y el heroísmo que a veces se pasan por alto con las fiestas, el consumismo, los premios y los despliegues de músculos. Los veteranos de la lucha se quejan que muchos han adoptado el paradigma del capitalismo, antes opresor. Este mes se le abren las puertas al calabozo de Oscar Wilde y los 41 del club de la Calle Paz. Este mes se celebra en Norteamérica la libertad de declarar el “amor que no osa decir su nombre”.

*Justo J. Sánchez, analista cultural, se ha desempeñado como periodista en Nueva York y como profesor universitario en Estados Unidos e Italia.


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