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Camino de Santiago ayuda a poblados españoles a sobrevivir

Un peregrino recorre el "Camino de Santiago", el martes 31 de mayo de 2022,
Un peregrino recorre el “Camino de Santiago”, el martes 31 de mayo de 2022, hacia Santo Domingo de La Calzada, en el norte de España.
(Alvaro Barrientos / Associated Press)

TERRADILLOS DE LOS TEMPLARIOS, España (AP) — En medio de los vastos cultivos de granos de España se erige una iglesia medieval que monta guardia sobre un puñado de casas de adobe en las que habitan unas 50 personas, y donde pernocta el doble de viajeros durante su recorrido del Camino de Santiago.

Terradillos de los Templarios, y docenas de pueblos similares, fueron construidos para albergar a los peregrinos medievales que recorrían el trayecto de 800 kilómetros (500 millas) que atraviesa España hacia la tumba del apóstol Santiago en Santiago de Compostela. El paso de los peregrinos actuales está evitando su desaparición.

“Esto es vida para los pueblos”, dijo Nuria Quintana, que administra uno de los dos hostales para peregrinos en Terradillos. “En invierno, cuando no pasan peregrinos, puedes dar 200 vueltas y no ves a nadie”.

En este caserío —que lleva el nombre de una orden medieval fundada para la protección de los peregrinos_, y a todo lo largo del trayecto, el regreso de los viajeros tras las restricciones implementadas por la pandemia de COVID-19 está ayudando a restaurar el sustento y la vitalidad de los poblados, los cuales estuvieron perdiendo empleos, población e incluso su tejido social.

“Si no fuese por el Camino, no habría ni un café. Y el bar es adonde se encuentra la gente”, dijo Raúl Castillo, un agente de la Guardia Civil, la agencia española encargada de vigilar los caminos y poblados. Castillo tiene 14 años apostado en Sahagún, a 13 kilómetros (8 millas) de distancia, desde donde los agentes resguardan 49 aldeas.

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“Los pueblos al lado, sin el Camino, te echan a llorar. No ves a nadie, casas caídas, la hierba por las aceras”, añadió.

Desde los Pirineos en la frontera con Francia, y a lo largo de cientos de kilómetros de planicies españolas bañadas por el sol, hasta las colinas cubiertas de niebla de Galicia que dan hacia el Atlántico, los alguna vez prósperos poblados de campo y ganadería comenzaron a sufrir una hemorragia de población en las últimas décadas.

La mecanización redujo drásticamente la necesidad de jornaleros. A medida que los jóvenes se mudaban, las tiendas y cafeterías comenzaron a cerrar.

A menudo, también cerraron las majestuosas iglesias repletas de arte invaluable, la herencia de artistas medievales y renacentistas que fueron traídos por los burgueses, señaló Julia Pavón, historiadora de la Universidad de Navarra, en Pamplona, la primera gran ciudad del Camino.

Pero a partir de la década de 1990, el Camino recuperó la popularidad internacional, y decenas de miles de visitantes lo recorren a pie o en bicicleta cada primavera, verano y otoño. Después de un descenso drástico durante la pandemia en 2020, y el inicio de la recuperación con peregrinos casi exclusivamente españoles en 2021, el 2022 se siente como el año de “por fin”, como lo llama Quintana, con más de 25.000 visitantes tan sólo durante mayo sobre la ruta más tradicional, el “Camino francés”.

Con los visitantes diarios superando en proporción de 10 a 1 a los residentes en las aldeas más pequeñas, el impacto es enorme.

“Ahora mismo lo que funciona es la hospitalería”, dijo Óscar Tardajos, quien nació en una granja ubicada junto al Camino. Durante 33 años ha administrado un hotel y restaurante en Castrojeriz, un pueblo de montaña de construcciones de piedra que fue centro del comercio de lana hace siglos, cuando fueron erigidas sus seis iglesias.

El Camino ayuda a crear empleos y a mantener la herencia cultural, dijo Melchor Fernández, profesor de economía de la Universidad de Santiago de Compostela. “Frena la despoblación”, señaló, la cual es 30% mayor en los poblados gallegos que no están sobre el Camino.

Aunque la mayoría de los peregrinos no gasta más de unos 50 euros diarios, el dinero se queda en los poblados.

“El pan del bocadillo del peregrino no es Bimbo, es de la panadería al lado”, dijo Fernández, refiriéndose a la compañía multinacional mexicana.

En Cirauqui, un poblado ubicado en la cima de una colina de Navarra, la única panadería logró sobrevivir porque docenas de peregrinos hacen una escala allí a diario, dijo Conchi Sagardía mientras le servía un pan y jugo de frutas a un peregrino de Florida.

Fuera de los peregrinos, los principales clientes de estos comercios son los adultos mayores de los poblados, donde viven muy pocos adultos jóvenes.

“De verano las abuelas se sientan a mirar pasar los peregrinos”, dijo Lourdes González, una paraguaya que durante 10 años ha sido la dueña de un café en Redecilla del Camino, un pueblo cuya única calle es el Camino.

Su preocupación —compartida ampliamente a lo largo del trayecto— es mantener vivo ese ánimo único de los peregrinos ya que la popularidad del Camino fomenta la actividad económica.

Los ejemplos más frecuentes son las distintivas flechas amarillas que conducen hacia bares o establecimientos de masaje de pies y no al Camino. Hace poco en la mañana en la localidad de Tardajos, Esteban Velasco, un pastor retirado, estuvo parado en una intersección indicando la ruta correcta a los peregrinos.

“El Camino no tendría razón de ser sin peregrinación”, afirmó Jesús Aguirre, presidente de la Asociación Amigos del Camino de Santiago de Burgos. “Uno lo puede hacer por varios motivos, pero se va empreñando de algo”.

Para muchos se trata de una búsqueda espiritual o religiosa. El incentivo de mantener abiertas las iglesias a los peregrinos también revitaliza a las parroquias, dada la veloz secularización de España.

La Basílica de Santa María en Los Arcos, de 900 años de antigüedad, es una de las más magnificas en los pueblos del Camino, debido a su elevado campanario y su retablo finamente esculpido. Los peregrinos suelen duplicar el número que asiste a las misas de la semana, dijo el reverendo Andrés Lacarra.

En Hontanas, donde existen varias casas de piedra que se ven de inmediato en una hondonada tras un recorrido por las amplias planicies de Castilla, sólo hay misa dominical, que es el mismo caso donde un solo sacerdote sirve para diversas parroquias.

Sin embargo, un miércoles reciente en la noche, las campanas de la iglesia sonaron intensamente porque el reverendo Jihwan Cho, sacerdote de Toronto que efectuaba su segundo peregrinaje, se preparaba para celebrar la Eucaristía.

“El hecho de que pudiera celebrar una misa… me hizo en verdad feliz”, afirmó.

Los peregrinos internacionales como él han vuelto a algunas localidades cada vez más cosmopolitas.

En Sahagún, el maestro de inglés ordena a la hija de Nuria Quintana y a sus compañeros de clase pegarse a los peregrinos y practicar su idioma.

En la pequeña Calzadilla de la Cueza, “la gente se ha hecho mucho más sociable”, dijo César Acero.

Los habitantes como él lo llamaron “loco” cuando en 1990 abrió un hostal y un restaurante donde hace poco en la tarde a dos agricultores con sus tractores les despacharon rápidamente café al lado de un grupo de ciclistas que procedían de Holanda y se dirigían a Santiago.

“Hoy ves gente que de pequeña yo no veía, de todas nacionalidades”, dijo Loly Valcárcel, propietaria de una pizzería en Sarria. Se trata de una de las localidades de intensa actividad en el Camino porque se ubica a poco más de la distancia necesaria para obtener el “certificado” de finalización en Santiago.

Un número menor de peregrinos toma el antiguo camino romano por la Calzadilla de los Hermanillos, donde de niña Gemma Herreros ayudaba a alimentar a las ovejas que su familia crió por generaciones.

Herreros tiene un establecimiento que ofrece alojamiento y desayuno con su esposo cubano, un experegrino, cerca del museo al aire libre de la localidad que describe la historia de esa antigua calzada. Herreros confía en que el poblado siga prosperando pero sin perder por completo la “libertad absoluta y solidaridad” que conoció de niña.

En Hornillos del Camino, un poblado de casas de piedra color miel y una sola calle, Carmen Rodríguez comparte esperanzas similares.

Un pequeño grupo de peregrinos vino cuando ella era niña. Ahora, “de la cantidad de gente casi da miedo salir a la calle”, dijo Rodríguez cuando salía del restaurante de su propiedad para comprar pescado a un camión, que sustituye a tiendas de comestibles en muchos poblados.

Pero explicó rápidamente: “Sin el camino, volveríamos a desaparecer”.

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La cobertura religiosa de The Associated Press recibe apoyo mediante su colaboración con The Conversation US, que tiene financiación de Lilly Endowment Inc. La AP es la única responsable del contenido.


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