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Consumo de noticias violentas pueden generar estrés

Consumo de noticias violentas pueden generar estrés
Policías con sus armas en mano escuchan una segunda explosión, en el maratón de Boston 2013. La primera derribó a un corredor cerca de la línea de meta (Boston Globe, a través de Getty Images). (Getty Images)

En una era de noticias que se prolongan las 24 horas y de aplicaciones de redes sociales omnipresentes, los eventos violentos que ocurren a miles de millas de distancia parecen cada vez más cerca de casa.

Entonces, tal vez no debería sorprender que la cobertura de hechos caóticos en los medios de comunicación genere estrés postraumático a quienes la consumen.

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Un nuevo estudio que evaluó a miles de estadounidenses después del atentado en el maratón de Boston, en 2013, y el tiroteo en el club nocturno Pulse, en 2016, detectó que para muchos de quienes habían sentido una angustia inicial por uno de esos eventos, ver muchas noticias sobre el tema se asoció con más síntomas de estrés traumático (TEPT) seis meses después.

Y ese no fue el fin de su pesar. Aquellos que pasaron más horas comprometidos con siete formas diferentes de cobertura mediáticas acerca de un evento mostraron más probabilidades de preocuparse por eventos futuros. Luego, ante otro hecho traumático a nivel nacional, esas mismas personas tendían a buscar más cobertura sobre el tema.

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El resultado final de este círculo vicioso es la profundización de los niveles de angustia.

"Las respuestas de aflicción a grandes traumas colectivos pasados (por ejemplo, ataques terroristas) pueden sensibilizar a algunas personas sobre la cobertura mediática de tragedias masivas posteriores, exacerbando así los niveles de angustia en consecuencia", escribieron los autores del estudio en la revista Science Advances. "Este proceso de sensibilización puede alimentar un ciclo de angustia".

Ello, agregaron los autores, es un problema de salud pública, ya que quienes experimentan trastorno de estrés postraumático y angustia crónica tienen más probabilidades de sufrir ataques cardíacos, accidentes cerebrovasculares y otros problemas cardiovasculares.

Los investigadores, pertenecientes a la UC Irvine, analizaron el consumo de noticias y publicaciones en redes sociales por parte de 4.165 adultos de todo el país, también rastrearon sus estados psicológicos durante tres años, después de dos eventos violentos principales: los atentados del maratón de Boston -donde murieron tres personas y cientos resultaron heridas-, y el tiroteo de masas en el club nocturno Pulse en Orlando, Florida, que dejó 49 muertos y 53 heridos.

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Seis meses después de los atentados en Boston, la cantidad de cobertura mediática a la que estuvo expuesto un participante del estudio fue un buen pronóstico de la cantidad de síntomas de TEPT que exhibió, incluidos pensamientos invasivos o recuerdos sobre los atentados, hipersensibilidad a señales potencialmente temerosas, insensibilidad y abstinencia de recordatorios. Aquellos con niveles más altos de exposición a los medios de comunicación también expresaron mayor preocupación por futuros eventos violentos dos años después de los atentados.

A su vez, después del ataque al club nocturno Pulse, los participantes del estudio que tenían altos niveles de estrés y se preocupaban por los eventos futuros tenían también más probabilidades de reportar tasas más elevadas de exposición a los medios en relación con el tiroteo en Orlando y más estrés agudo derivado de la masacre.

Es ampliamente sabido que algunas personas tienen más probabilidades de desarrollar TEPT, incluidas aquellas con antecedentes de depresión, ansiedad o exposición a la violencia. Pero incluso después de tener en cuenta esta variación en la vulnerabilidad, el equipo de UC Irvine descubrió que un mayor seguimiento de noticias en relación con un evento hace que las personas sufran una mayor aflicción y luego un mayor consumo de coberturas noticiosas de un evento posterior.

Estos resultados se relacionan con un creciente consenso entre los investigadores de este síndrome, afirmó el Dr. David Spiegel, un psiquiatra que dirige el Centro de Stanford para el Estrés y la Salud. "La exposición al trauma, incluso a distancia, provocará la reacción que se podría experimentar cuando se ha presenciado un evento de primera mano", explicó.

El hecho de que uno experimente los acontecimientos a través de una pantalla y no esté en peligro inmediato puede mitigar los efectos de los vívidos sonidos, las imágenes y los relatos del trauma, indicó Spiegel. "Pero tenemos grandiosos cerebros, que nos permiten imaginar cómo es estar allí", remarcó el especialista, y añadió que cuando se trata de procesar imágenes en bruto que llegan a nuestros televisores, computadoras portátiles y dispositivos, nuestra rica imaginación puede evocar sentimientos reales de peligro inmediato.

Para los autores del estudio, sus hallazgos contienen lecciones para los medios de comunicación y las empresas de medios sociales, así como para sus audiencias.

Las organizaciones de medios "deben reconocer el papel vital que desempeñan en la difusión de la angustia", escribieron. En medio de la "presión para generar clics y acciones", los proveedores de contenido relacionado con noticias deben resistir las tentaciones del sensacionalismo y adoptar un enfoque "más imparcial", agregaron.

Pero los consumidores de noticias también deben "entender cómo pueden poner en riesgo su salud mental y física a largo plazo al seguir de cerca los traumas colectivos" a medida que se desarrollan, agregaron los autores.

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Spiegel coincide en que los adictos a las noticias -especialmente aquellos con antecedentes de traumas- deben ser conscientes de su propensión a angustiarse y, en consecuencia, limitar ese hábito. Los padres deben estar atentos a poner límites a la exposición de sus hijos a las imágenes y los sonidos del caos. "Todo en su mundo está vinculado para ellos", explicó. "Así que estos eventos se entrelazan en la historia de su narrativa personal, y ello podría hacerlos aún más perjudiciales".

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí

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