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El pesimismo acerca de la vejez podría ser un factor causante de demencia

Las personas que son pesimistas sobre cómo es la vida durante la vejez podrían estar ayudando a que sus miedos se hagan realidad.

Un nuevo estudio descubrió que los estadounidenses mayores con creencias negativas sobre el envejecimiento tuvieron significativamente más probabilidades de desarrollar demencia que sus pares que abrazaron sus años maduros con entusiasmo.

La diferencia no fue nada trivial: los participantes del estudio que tenían presunciones positivas sobre la ancianidad mostraron un 44% menos de probabilidades de desarrollar demencia en los próximos cuatro años que sus contrapartes con convicciones negativas.

Incluso después de que los investigadores dieran cuenta de otros factores de riesgo para la demencia, incluidos el tabaquismo, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares, aún encontraron que las probabilidades de la enfermedad eran más bajas entre aquellos con una actitud positiva hacia la vejez.

También llama la atención que los aparentes beneficios de la positividad fueran aún mayores entre el subgrupo de adultos cuyos genes los ponen en mayor riesgo de demencia. De hecho, destacaron los investigadores, una actitud positiva hacia el envejecimiento podría esencialmente borrar la desventaja asociada con llevar una variante riesgosa del gen APOE.

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Los hallazgos, publicados el miércoles en la revista PLOS One, sugieren que combatir los estereotipos negativos sobre el tema podría tener amplios beneficios para la salud pública.

Una serie de investigaciones anteriores muestra que las actitudes sobre la ancianidad pueden influir en el rendimiento cognitivo, muy probablemente porque afectan los niveles de estrés. Incluso hay alguna evidencia de que los cerebros de las personas pesimistas tienen más probabilidades de tener las placas amiloides y los ovillos neurofibrilares asociados con la enfermedad de Alzheimer.

Los estereotipos no son fáciles de superar. Pero teniendo en cuenta que no existen tratamientos que puedan curar la demencia (o que incluso disminuyan su proceso), los investigadores están ansiosos por detectar cualquier factor de riesgo que las personas realmente puedan modificar.

Para la nueva investigación, un equipo dirigido por Becca Levy, de la Escuela de Salud Pública de Yale, utilizó los resultados de la encuesta del Estudio de Salud y Jubilación, que lleva a cabo cada dos años el Instituto de Investigación Social de la Universidad de Michigan.

Levy y su equipo se enfocaron en una cohorte de 4,765 estadounidenses mayores (su edad promedio era de 72 años) que respondieron cinco preguntas sobre sus actitudes hacia la vejez. Por ejemplo, se les preguntó a los participantes si eran tan felices ahora como cuando eran más jóvenes, si sentían que las cosas mejoraron o empeoraron con la edad y si se habían sentido menos útiles a medida que avanzaron sus años.

El estado cognitivo de los participantes en el estudio se evaluó mediante una prueba estándar realizada por teléfono. Entre otras cosas, se les pidió que contaran hacia atrás desde 20, nombrar al presidente y al vicepresidente, y recordar una lista de 10 elementos. Solo las personas que no tenían demencia cuando ingresaron al estudio fueron incluidas en el análisis. Los participantes volvieron a tomar la prueba cada dos años.

Finalmente, la mayoría de los participantes proporcionaron muestras de saliva que fueron enviadas a los Institutos Nacionales de Salud para ver si tenían una versión del gen APOE, que coloca a su portador en mayor riesgo de contraer la enfermedad de Alzheimer. Entre quienes fueron evaluados, el 26% tuvo una variante e4 del gen, que hace que la enfermedad sea más probable.

En los cuatro años posteriores a su incorporación al estudio, el 4,6% de los adultos con creencias negativas sobre la ancianidad desarrolló demencia. Lo mismo ocurrió con el 2.6% de las personas con creencias positivas.

Entre aquellos con una variante e4 del gen APOE, el 6.14% de los adultos con creencias negativas sobre el envejecimiento desarrollaron demencia, en comparación con el 2.7% de aquellos con convicciones positivas.

Ambas diferencias se mantuvieron estadísticamente significativas después de que los investigadores controlaron la edad, el sexo, el historial educativo, el rendimiento cognitivo inicial, las condiciones de salud y otros factores que influyen en el riesgo de demencia. En todo el grupo, tener una actitud positiva hacia la vejez se asoció con un riesgo reducido de demencia del 19%; en el grupo de alto riesgo, aquellos con una actitud positiva tuvieron un 31% menos de probabilidades de desarrollar demencia.

“Las creencias sobre la edad tienden a ser internalizadas temprano en la vida y luego se mantienen estables a lo largo del tiempo, sin intervenciones”, escribieron Levy y sus colegas. “Nuestro hallazgo podría proporcionar un fundamento para crear una campaña de salud pública que combata las fuentes sociales de convicciones negativas sobre la edad”.

El estudio fue financiado por el National Institute on Aging.

Traducción: Valeria Agis

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí


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