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‘Mis dos hermanas están encadenadas’: el juez escuchó la llamada al 911 de una adolescente en el presunto caso por abuso de menores

‘Mis dos hermanas están encadenadas’: el juez escuchó la llamada al 911 de una adolescente en el presunto caso por abuso de menores
Louise Turpin (izq.), y David Turpin (der.) en su audiencia preliminar, el miércoles, en Riverside. La pareja, de Perris, se enfrenta decenas de cargos relacionados con el presunto maltrato de sus 13 hijos (Irfan Khan / Los Angeles Times). (Los Angeles Times)

La joven que llamó al 911 tenía 17 años, y la voz de una niña pequeña. Apenas se animaba a salir de la casa de sus padres, le dijo al operador, y se esforzaba por comprender la diferencia entre un código postal y una dirección. Pero tenía claro por qué había salido por una ventana esa mañana de enero, con un teléfono celular desconectado, y había llamado a la policía.

"Mis padres son abusivos", le dijo al operador. "Nos maltratan; mis dos hermanas pequeñas ahora están encadenadas".

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Sus hermanas, agregó más tarde, "se despiertan por la noche y comienzan a llorar. Ellas querían que yo llameara a alguien y dijera esto".

El 20 de junio, los padres de la joven, David y Louise Turpin, se sentaron estoicamente en el banquillo de la defensa, en un tribunal del condado de Riverside. Los fiscales reprodujeron la llamada al 911 al comienzo de una audiencia en la que un juez decidirá si hay evidencia suficiente para que la pareja sea sometida a juicio por decenas de delitos relacionados con el supuesto abuso, cautiverio y la tortura de sus 13 hijos, durante varios años.

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La pareja fue arrestada poco después de la fuga de su hija, cuando los agentes que respondieron la llamada al 911 descubrieron que ella y sus 12 hermanos parecían haber estado viviendo durante años en condiciones abusivas y sórdidas, en una casa de Perris. Tres de los hermanos habían estado encadenados a sus camas durante semanas, afirmaron los oficiales. La pareja se declaró inocente de todos los cargos.

La audiencia ante el juez de la Corte Superior del condado de Riverside, Bernard Schwartz, que se espera concluya este jueves, fue un vistazo a las horribles condiciones que los hermanos Turpin describieron a los investigadores después de ser rescatados de la casa.

Por primera vez, los investigadores también ofrecieron detalles sobre cómo algunos de los hermanos describieron la vida de la familia en Texas, antes de que se mudaran a California, hace unos ocho años.

Uno de ellos, de 25 años, le dijo a Wade Walsvick, un investigador de la oficina del fiscal del distrito de Riverside, que sus padres los abandonaron en gran parte durante tres o cuatro años, dejándolos vivir en un remolque mientras ellos residían en un departamento, no muy lejos. Él y su hermana mayor se quedaron a cargo del resto, comentó Walsvick.

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Los padres, sin embargo, continuaron comunicándose con los hermanos por teléfono y forzando a los dos mayores a castigar a los demás, relató el investigador. Esos castigos incluían encerrar a los niños en jaulas y en un criadero de perros, dijo Walsvick, según el relato del hermano de 25 años.

Según el investigador, el joven acordaba infligir los castigos porque estaba aterrorizado de lo que sus padres les harían a todos si él los desafiaba. "Elegí tomar el camino correcto y tratar de mantener vivos a mis hermanos", le confesó al investigador.

Cuando se encontraron con las autoridades, los hermanos sabían poco sobre el mundo exterior y les costaba incluso comprender y pronunciar palabras básicas. La joven de 17 años le dijo a los agentes que a menudo dormía al menos 15 horas al día; a veces se despertaba a las 11 de la noche y se iba a dormir nuevamente a las 3 de la mañana.

Solía pasar 20 horas al día en la habitación que compartía con tres de sus hermanas, y se le permitía salir solo para comer, usar el baño y cepillarse los dientes, declaró el ayudante del sheriff Manuel Campos, del condado de Riverside.

Para hacer algo de ejercicio, la niña le dijo a Campos que caminaba dando vueltas en su habitación.

Los niños llamaban a sus progenitores "Madre" y "Padre", porque "era más parecido a los días de la antigüedad bíblica", afirmó Campos. Y cuando estos los descubrían desobedeciendo las reglas, eran encadenados y comparados con el diablo.

Los investigadores testificaron sobre numerosos casos de abuso infligido por Louise Turpin, un hecho en el cual los abogados de David Turpin parecieron enfocarse durante el careo.

Pero Campos también testificó que la joven de 17 años le dijo que, cuando tenía 12, David Turpin le bajó los pantalones y la puso sobre sus rodillas, incluso cuando ella le pidió que se detuviera. La joven logró alejarse de él cuando escucharon que Louise Turpin se acercaba, le contó la chica al sheriff. La joven también reconoció ante los investigadores que su padre había intentado besarla en la boca por la fuerza en numerosas ocasiones, desde los 12 hasta los 15 años, detalló Campos.

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David Turpin fue  acusado de un cargo de acto lascivo con un menor.

El detective del sheriff del condado de Riverside Thomas Salisbury también testificó que el joven Turpin, de 22 años, le contó que su padre lo había atado con una cuerda, para disciplinarlo. Cuando el joven logró zafarse de ella con sus dientes, su madre comenzó a usar una pequeña cadena para ponerle grilletes. Como logró escapar nuevamente, comenzaron a usar cadenas más gruesas, relató Salisbury. "En general, fue retenido con cadenas y cuerdas sin parar, durante seis años y medio", afirmó el detective.

En última instancia, fueron las cadenas las que llevaron al joven de 17 años a escapar. Sus hermanas de 11 y 14 años habían sido encadenadas a sus camas durante semanas como castigo por robar dulces, narraron a los investigadores.

En diciembre de 2017, la joven usó el teléfono celular desactivado para tomar fotografías de sus hermanas encadenadas. Los fiscales mostraron esas imágenes en el tribunal. En ellas se veía a dos chicas muy jóvenes, que parecían demacradas. Había gruesas cadenas enrolladas alrededor de sus muñecas. Una estaba sentada en la cama y la otra en el piso. Ambas tenían moretones en sus brazos.

La joven escapó por una ventana y tomó el teléfono celular, que había sido desactivado pero que aún estaba configurado para hacer llamadas de emergencia. Así fue como pudo llamar al 911, incluso cuando sus manos temblaban de miedo, le dijo a las autoridades.

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí.

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