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Antonio Villaraigosa mostró valentía política en tiempos difíciles. Él debería ser el próximo gobernador de California

Antonio Villaraigosa mostró valentía política en tiempos difíciles. Él debería ser el próximo gobernador de California
Antonio Villaraigosa, candidato demócrata a la gubernatura de California. (Aric Crabb / Associated Press) (Associated Press)

El próximo gobernador de California heredará una agobiante crisis de vivienda, carreteras en ruinas, una sequía en curso, una crisis de pensiones que se avecina, escuelas en decadencia, indigencia desenfrenada, estragos por grandes incendios forestales, aludes de lodo e inundaciones.

El estado tiene un superávit presupuestario por el momento, pero los economistas dicen que la economía de California está a punto de entrar en recesión.

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Incluso en el mejor de los casos, el trabajo de dirigir el estado más poblado de la nación requiere un conjunto particular de talentos que pocos poseen. Los gobernadores exitosos deben ser líderes visionarios, pero también hábiles con los políticos que pueden ser intimidatorios y persuasivos para dialogar con una Legislatura a menudo recalcitrante.

Necesitan las habilidades y el carisma para construir coaliciones, pero también la fortaleza de carácter para tomar decisiones que pueden ser impopulares entre aliados por largo tiempo o con los intereses de los poderosos.

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Los mejores gobernadores son conocedores, compasivos, resilientes e ingeniosos.

Ninguno de los 27 candidatos en la concurrida carrera por la gubernatura de este 2018 ha demostrado todas esas cualidades. Pero Antonio Villaraigosa, ex alcalde de Los Ángeles y ex portavoz de la Asamblea estatal, es quien más se acerca. Sus habilidades y experiencia en el gobierno de una ciudad que enfrentaba tiempos difíciles lo convierten en nuestra mejor opción en las elecciones primarias de junio.

Villaraigosa cumplió dos períodos como alcalde de 2005 a 2013. A veces tropezó, especialmente al principio cuando aprobó aumentos excesivamente generoso de salarios de entre 14% y 25% en un lapso de cinco años para 22,000 empleados municipales, una decisión a la que ahora se refiere correctamente como "un error". Hizo temerarias promesas: 1,000 nuevos policías, tomar el control de las escuelas  y 1 millón de árboles nuevos, por nombrar los más destacados; ninguna de esas promesas fue cumplida.

Pero cuando golpeó la peor recesión económica de los tiempos modernos, Villaraigosa dio un paso al frente.

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En 2009, mientras Los Ángeles lidiaba con un déficit presupuestario que se esperaba que alcanzara los mil millones de dólares para 2013 (gracias en parte a los imprudentes aumentos de sueldo), presionó a través de recortes profundos e impopulares, pero necesarios, a programas y servicios municipales.

Dos años más tarde, redujo drásticamente los sueldos, despidió a empleados y redujo los beneficios de las pensiones. Esto convirtió al antiguo organizador sindical en el enemigo de la fuerza más poderosa en el City Hall: los sindicatos de empleados públicos.

Le damos crédito por esto no porque seamos hostiles a los sindicatos o nos complazca ver recortados los servicios o los salarios, sino porque en la ciudad como en el estado, los presupuestos deben equilibrarse, los líderes tienen que aprender a decir no y la responsabilidad fiscal no se pueden dejar de lado.

Al final de su mandato, Villaraigosa había aumentado la fuerza del LAPD a casi 10,000 agentes; el crimen descendió a mínimos históricos y persuadió a los votantes a adoptar la Medida R, un impuesto a las ventas audaz y transformador, para financiar proyectos de transporte a largo plazo como la ruta del metro al mar, en 2008, nada menos, cuando la economía nacional estaba en ruinas.

Su apuesta por el control de la alcaldía del Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles -que esperaba lo ayudaría a cambiar las escuelas de bajo rendimiento de la ciudad- no tuvo éxito, pero no abandonó la pelea; la Alianza para las Escuelas de L.A. que él creó, asumió alrededor de 18 escuelas de bajo rendimiento y ha realizado un trabajo digno de encomio.

Villaraigosa también tiene experiencia sustantiva en el gobierno estatal. Como presidente de la Asamblea de California a fines de la década de 1990, sus habilidades para construir coaliciones se destacaron, y fueron evidentes en diferentes legislaciones, como el acuerdo para regular los camiones diésel contaminantes y la aprobación de un proyecto de ley que limita las compras de armas cortas a una por mes.

Villaraigosa es un personaje complicado con un gran ego y una piel delgada. Tenemos nuestros reparos sobre él. No ha sido tranquilizador que en sus años posteriores a la alcaldía se haya desempeñado como consultor de Herbalife, una compañía de comercialización multinivel de suplementos nutricionales que ha sido objeto de investigación por supuestamente explotar su fuerza de trabajo principalmente latina.

Villaraigosa también trabajó para Cádiz, una compañía de agua propiedad de un buen amigo suyo que ha estado planeando absorber este líquido de los mantos acuiferos subterráneos del desierto de Mojave para venderla a ciudades que carecen de ella. Todos tienen derecho a ganarse la vida, pero cuestionamos algunos de los juicios de la carrera de Villaraigosa.

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Aún así, él es la mejor opción. El coraje político que demostró como alcalde llevando la disciplina fiscal a una ciudad en crisis le servirá bien en Sacramento si es elegido.

El único otro candidato en la contienda que se acerca es el vicegobernador Gavin Newsom, quien es coherente y conoce profundamente la política del estado. Ha demostrado liderazgo en varios asuntos importantes, incluido el control de armas, la legalización de la marihuana y, lo más famoso, el matrimonio homosexual. El mundo quedó sorprendido en 2004 cuando Newsom, el entonces alcalde de San Francisco, ordenó a los empleados de la ciudad que comenzaran a emitir licencias de matrimonio para parejas del mismo sexo.

Los críticos, sin embargo, describen a Newsom como un torbellino de ambición, carente de valores fundamentales y logros significativos, con poca capacidad demostrada para construir alianzas y coaliciones. No ha sido claro en temas clave, como el tren de alta velocidad y la inmigración, y ofreció explicaciones insatisfactorias por su cambio de posición. San Francisco es una ciudad pequeña con una política abrumadoramente progresista; incluso sus pasos más audaces no requirieron grandes riesgos políticos, ni sus éxitos fueron tan difíciles de lograr como lo habrían sido en una ciudad más grande y heterogénea como Los Ángeles.

Aunque Villaraigosa y Newsom han compartido experiencias como alcaldes (ambos, por ejemplo, sufrieron embarazosos escándalos sexuales durante sus años en el Ayuntamiento), es Villaraigosa el político más experimentado y al que más se ha puesto a prueba.
Algunas palabras sobre los otros candidatos prominentes en la elección: el rico empresario republicano John Cox no tiene experiencia en el gobierno salvo que ha fracasado en otras tentativas para el cargo en Illinois y las iniciativas de votación no exitosas en California.

El asambleísta Travis Allen (R-Huntington Beach), se presenta como un mini Trump, complaciendo a la derecha con posiciones irresponsables contrarias a las de la mayoría de los californianos.

Los otros dos demócratas conocidos en la contienda, el tesorero estatal John Chiang y la ex superintendente estatal de Instrucción Pública, Delaine Eastin, simplemente no tienen la experiencia ni las agallas para desempeñarse como jefe ejecutivo de este gobierno.

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Chiang, para quien inicialmente teníamos grandes esperanzas, ha sido sorprendentemente reacio a tomar posturas fuertes o posiciones impopulares. Ninguna de las otras 21 personas en la boleta, está preparada para ser gobernador.

Villaraigosa sería el primer gobernador latino de California desde Romualdo Pacheco, un californiano que sirvió brevemente en 1875. Seguramente eso sería algo para celebrar en un estado donde los latinos son el grupo étnico más grande. Sin embargo, esa no es la razón para votar por él. La razón para votar por él es que, tras haber servido con éxito como líder legislativo en Sacramento y como alcalde en tiempos difíciles en Los Ángeles, está más preparado para el trabajo que sus rivales. Instamos a los votantes a elegir a Antonio Villaraigosa en la primaria del 5 de junio.

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí.

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