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California

El Día de los Muertos recobra vida con la tradición de los altares; Boyle Heights no se queda atrás

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Theresa Whittaker crea un altar con el que le rinde tributo a su hermano y su tia.
(Selene Rivera)

Rendirle culto a los muertos no es acción de terror, sino un acto de celebración para muchos mexicano y centroamericanos. Y qué mejor que hacerlo una vez al año con altares decorados de calaveritas de dulce, vibrantes flores de cempaxúchitl y adornos impresionantes de papel mache.

En Boyle Heights y el Este de Los Ángeles, en donde la mayoría de sus habitantes son latinos y mexicanos, la tradición de los altares cobra vida en muchos hogares y cementerios, a tal grado que muchas familias salen en busca de todo lo que un altar debe llevar, otros toman clases de decoración e inclusive algunos aprovechan para enseñar arte o cultura.

El Día de Muertos coincide con las celebraciones católicas de Día de los Fieles Difuntos y Todos los Santos entre el 31 de octubre y el 2 de noviembre, una excusa perfecta para crear estos coloridos altares, que van desde lo más modesto hasta lo más majestuosos, desde los más antiguos, hasta los más modernos.

Theresa Whittaker Romero hace un altar en su hogar y otro en el Calvary Cemetery, en donde se encuentras los restos de su tía de y su hermano, quienes fallecieron hace tres años.

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“Me casé con un americano que en el principio no entendía por qué yo tenía que hacerle una ofrenda a los familiares muertos, pero finalmente entendió que es mi manera de recordarles, y decirles que están en mi corazón”, dice Whittaker, mientras hace una cruz de cempaxúchitl, mejor conocida como la flor de muerto.

“Mi tía fue como una madre para mí y me enseñó a compartir lo que tengo con los más pobres. Por otro lado, mi hermano fue la vida de las fiestas”, agrega.

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Varios menores de edad visitan Self Help Graphics para aprender a decorar sus altares.
(Getty)

No muy lejos del panteón, Nayeli toma clases de arte y pintura junto con sus hijos en el Self Help Graphics (SHG), una organización de arte sin fines de lucro que anualmente ofrece talleres y un festín en celebración a Día de los Muertos.

“Quiero que mis hijos aprendan sobre la cultura mientras se divierten haciendo dibujo, papel picado o flores para los altares”, dice la madre de familia

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Marbella Muro, directora de programas artísticos y educación de SHG, enfatiza que las familias llegan principlamente del vecindario, pero también hay aquellos que visitan desde el condado de Orange e Inland Empire.

“Aquí enseñamos gratuitamente a los participantes desde [como] hacer una flor, hasta pintar una calaca o hacerla... Es una tradición de décadas que no podemos dejar morir”, añade.

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Nayeli, su hija de 13, Maya y su hijo de 10 Jaden dibujan calacas.
(Selene Rivera)

El culto a la muerte

El culto a la muerte en México no es algo nuevo, pues ya se practicaba desde la época precolombina, los pueblos indígenas han sabido mezclar la tradición con la fe que trajeron los europeos, dice Giovanni Pérez, director asociado y coordinador de formación para catequista de la Arquidiócesis de Los Ángeles.

“Esta tradición en especial, no es para temer”, sostiene. “De hecho el altar es un espacio sagrado físico, donde se venera la vida de alguien especial y se le dice que está vivo en el corazón de quien lo recuerda”, dice.

“Pero cuidado, no se trata de convocar a los muertos para que regresen a la vida; en palabras del Teólogo Virgilio Elizondo la gente muere tres veces, la muerte clínica, cuando lo entierran y cuando la última persona que tiene memoria de este también muere”, agrega.

Los orígenes de la celebración del Día de Muertos en suelo mexicano son anteriores a la llegada de los españoles. Hay registro de celebraciones en las etnias mexica, maya, purépecha y totonaca.

Florencia Teran, profesora de segundo grado de la Escuela Nuestra Señora de Guadalupe, en el Este de Los Ángeles, lleva más de 20 años enseñándoles a sus alumnos sobre la cultura del Día de los Muertos.

A sus 29 años de edad, Iliana Martínez probó por primera vez el téjate, una bebida ancestral proveniente de Oaxaca, México, que está hecha a base de maíz y cacao.
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“Mis padres me heredaron la tradición y el conocimiento, y desde entonces yo lo hice con mi hija y lo hago también con los niños de la comunidad. Muchos padres me dicen que temen que los niños tengan miedo, pero la meta es que ese día estén contentos retomando esta tradición”, sostiene.

“El Día de Los Muertos ya no es una rareza, se está popularizando pero recordemos no comercializar el día sino verlo de forma tradicional”, dijo.

Se cree que las almas de los niños regresan de visita el día primero de noviembre, y que las almas de los adultos regresan el día 2. En el caso de que no se pueda visitar la tumba, ya sea porque ya no existe la tumba del difunto o porque la familia está muy lejos para ir a visitarla, también se elaboran detallados altares en las casas.

Las diez cosas esenciales para crear un altar u ofrenda

Las veladoras iluminan el camino de nuestros fallecidos en su viaje a visitarnos.

La flor de cempasúchil tiene un olor muy fuerte y colores muy vivos. Se desbarata fácilmente y se forma una guía para que los difuntos sigan el camino. También recuerdan que siempre hay una nueva vida.

El agua es vital, ya que las almas llegan con sed tras su caminata.

Se puede poner cualquier cosa que al difunto le gustaba en vida como su comida favorita u objetos, y no puede faltar la calabaza en dulce.

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Las calaveras son la realización de lo inevitable, pero por ello nunca falta la foto, que es como queremos recordar a la persona.

El pan de muerto es una representación de la eucaristía, y fue agregado por los evangelizadores españoles. Frente a ella se coloca un espejo, para que el difunto solo pueda ver el reflejo de sus deudos y estos vean a su vez únicamente al difunto.

Aunque pueden ser menos, tienen que ser en pares, y preferiblemente de color morado, con coronas y flores de cera. Los cirios, sobre todo si son morados, son señal de duelo. Los cuatro cirios en cruz representan los cuatro puntos cardinales, de manera que el ánima pueda orientarse hasta encontrar su camino y su casa aparte de agua y sal.

Cruz: Utilizada en la mayoría de los altares, es un símbolo introducido por los evangelizadores españoles, con el fin de incorporar el catecismo a una tradición tan arraigada entre los indígenas, en pocas palabras es la fe de la resurrección.

Papel picado para adornar, una artesanía mexicana que se elabora con papel de China recortado con figuras de esqueletos y calaveritas.


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